Para armarse la película de lo que es el cine en el Paraguay, las cifras son parte cruciales del guión. Una reciente encuesta de la Unesco sobre prácticas culturales en Latinoamérica refleja que el 78 % de nuestros compatriotas no van al cine. Localmente, se sabe que el 82 % de las películas proyectadas en salas comerciales son estadounidenses, con determinados géneros que funcionan muy bien, como el de terror, la acción y animación.
Mientras que en Argentina, con 42 millones de habitantes, hay 43 millones de espectadores al año, en el Paraguay, el mercado es bastante más acotado: de casi siete millones de habitantes, el público apenas supera el millón de personas.
Los estrenos en el país también son pocos en comparación con los de la región, debido al bajo número de pantallas disponibles: son solo 40 en todo el territorio. Esto mejorará con la habilitación de más salas de cines, como las tres previstas en La fuente Shopping, del Grupo Salemma, en San Lorenzo, y otras cuatro en Jesuitas Plaza Shopping, en Ciudad del Este. Para 2016, se espera, además, el arribo de la multinacional Cinemark a Paseo La Galería, con 10 salas, entre ellas XD y VIP. Con estas incorporaciones habrá 17 pantallas más.
Así, entre 2012 y 2014 debutaron 12 filmes nacionales en salas comerciales; un promedio de cuatro por año. En ese lapso, los cines convocaron a 3.320.000 espectadores, de los cuales 350.000 optaron por ver lo nacional. En el mismo periodo, de las 156 semanas de exhibición en cines, las películas paraguayas protagonizaron las carteleras durante 89 semanas, poniendo de manifiesto que, aunque la gente aún no elije masivamente ver cine nacional, hay espacio para seguir desarrollando la cinematografía local.
Los que se animaron
Hablar de cine en el Paraguay es, sin dudas, hablar de 7 Cajas y, para hablar de 7 Cajas, es ineludible contactar con una de sus directores: Tana Schémbori, quien lamenta la ausencia de un fondo específico, ley o instituto que sustente económicamente las películas. Sin embargo, el contexto adverso descrito no impidió que junto con Juan Carlos Maneglia emprendieran la producción de lo que hasta hoy es un fenómeno cinematográfico sin precedentes nacionales.
7 Cajas reunió a 270.835 espectadores en el cine comercial, estuvo 41 semanas en cartelera y es la película más taquillera de la historia del país, superando, incluso, a Titanic. Vicky Ramírez, productora ejecutiva de la cinta, recuerda que la misma costó USD 650.000, incluyendo la posproducción, el Premio Cine en Construcción, y algunos extras en distribución y viajes a festivales, entre otros.
La financiación fue propia, a través de recursos dispuestos principalmente por Maneglia-Schémbori y productores asociados al proyecto. Además, se obtuvo el concurso de fondos privados, como los provenientes de la venta de la categoría Presentador de la Película a una marca, fondos de fomento a la cultura y premios internacionales. “Es una película que generó altos niveles de recaudación en taquilla local y extranjera. Es un producto de alta rentabilidad para los inversionistas y ha sido un producto exitoso que aportó beneficios incalculados a quienes apostaron a él”, menciona Ramírez, en referencia a Synchro Imagen, Itaú, Entidad Binacional Yacyretá, Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (Fondec), Centro Cultural de España Juan de Salazar, Secretaría Nacional de Cultura, Centro Cultural de la República (CCR) El Cabildo y Bicentenario.
Una realización cinematográfica moviliza muchas industrias paralelas de las que se nutre y debe ser entendida como un sector de la economía naranja capaz de emplear a más personas, dejando buenos dividendos a los inversionistas.
Para Schémbori, haber contado con el apoyo de las empresas que confiaron en su proyecto fue una “gran quijotada” en aquel momento, dado que casi no había antecedentes locales en el rubro. Sobre su próximo trabajo, Los buscadores, Schémbori y Maneglia resolvieron no expedirse aún, porque el guión sigue en proceso. No obstante, se conoció que ya cuentan con un coproductor aliado, el joven empresario Cristian Chena. Esta vez, nuevamente, recurrirán a los fondos de fomento a la cultura existentes y a firmas particulares.
7 Cajas rompió el paradigma de que en el Paraguay no se hace cine de calidad y dejó de ser una película para convertirse en un fenómeno que trasciende fronteras. Exhibida en 34 países, tuvo también éxito en el extranjero, incluso en un mercado muy exigente como el argentino, en el que se estrenó recién dos años más tarde, en pocas salas y de segunda categoría, pese a lo cual se posicionó como la cuarta película latinoamericana más vista en el vecino país desde el 2000, con más de 65.000 espectadores, relata Juan Pablo Orellana, consultor de cine. Incluso, la cadena HBO adquirió el producto.
Los que le siguen
Hay quienes afirman que hacer una película en el Paraguay es perder plata. De hecho, si se invierten USD 500.000 (en locaciones, alquiler de equipos, rodaje, sueldo de actores, extras y otros), sin contemplar gastos de programación, promoción y acciones de marketing, se necesitaría vender 165.000 tiques para recuperar el dinero con las entradas de cine en el país, considerando que, en promedio, cada boleto cuesta G. 28.000 (USD 6,08), explica Orellana.
Los registros de las películas que más vendieron en el Paraguay dan cuenta de que estas llegaron a un público de 75.000 personas como máximo. Solo 7 Cajas salió del promedio con sus casi 300.000 espectadores, razón por la que el experto en el negocio cree que no hay otra manera de ganar dinero haciendo películas más que con la subvención estatal y desarrollando el mercado internacional, pues con las ventas locales ni la inversión se recupera.
Además, el 50 % del total de las ventas en boletos se queda para los exhibidores (los dueños de salas de cine, como las del Villamorra, Hiperseis, Cines del Sol). La otra mitad se divide entre los productores y la distribuidora, según el acuerdo que estos hayan suscrito, pero oscila entre el 15 y 25 % para el distribuidor, dependiendo del nivel de riesgo comprometido y el costo de inversión en publicidad.
La baja cantidad de pantallas y espectadores en un mercado tan estrecho obstaculiza la recuperación de la inversión privada. “Es una gran desventaja para el cineasta paraguayo, porque si estrena y a la fecha sale una película americana del mismo target, ya se ve afectado”, ejemplifica Jorge Díaz de Bedoya, director de Luna de cigarras (estrenada en octubre de 2014). La clasificación “no apta para todo público” acortó en un 25 % la audiencia nacional de su ópera prima, la que aun así carga con un gran potencial de explotación en el extranjero.
En Latinoamérica, el mercado para el cine es interesantísimo, porque permanece subdesarrollado. Pero vender un filme nacional a un distribuidor europeo o americano es arriesgado, como sucedió en el caso de 7 Cajas, cuya procedencia latinoamericana le impidió recibir el trato que realmente merecía. A raíz de esta experiencia, Díaz de Bedoya y su equipo se encargaron de distribuir su filme en el mundo de manera independiente, para recalar en cines de primera línea. Los primeros destinos serán Bolivia y Uruguay.
En el Paraguay, Luna de cigarras fue vista en 15 pantallas, se mantuvo ocho semanas en cartelera, vendió casi 29.000 entradas y recaudó USD 180.000. No gozó del auspicio de grandes marcas brasileñas, porque estas condicionaron la modificación del guión. “Tuvieron fobia porque en nuestra película había un capo mafioso brasiguayo y temían lo que podían decir los brasiguayos; sin embargo, muchos de ellos fueron a verla y les encantó”, afirma el director.
La cinta, realizada mediante aportes a la industria como canjes, inversión privada y apoyo estatal, costó USD 750.000.
Por otro lado, para financiar un fragmento del largometraje sobre el guitarrista Agustín Pío Barrios, Mangoré, cuyo presupuesto supera el millón de dólares, Leo Rubin percibió un aporte del Senado de USD 200.000. Cuando la noticia cobró estado público, Rubin justificó el uso del dinero estatal argumentando que se enmarca en programas culturales como los que rigen en otros países latinoamericanos.
Este año, más 20 películas paraguayas buscarán estrenarse en cines comerciales, pero no serán más de cuatro o cinco las que alcancen tal objetivo, a consecuencia de la insuficiencia de pantallas.
Los financistas
Entre las empresas que apoyan financieramente a los largometrajes nacionales está el banco Itaú, que hasta la fecha respaldó a cinco filmes ya estrenados: 18 cigarrillos y ½, Libertad, Felipe Canasto, 7 Cajas y Lectura según Justino. Mismo trato dio a otros tres aún no vistos, cuenta Claudia Bobadilla, gerenta de marketing de la entidad.
Decidir a qué largometraje patrocinar es muy difícil, pero la capacidad de apoyo es también limitada, por lo que un equipo de la compañía analiza factores como el proyecto en sí, el contexto, los planes, las proyecciones, la temática, el staff, entre otros.
Para Bobadilla, el cine paraguayo creció mucho en el país y abre un abanico de oportunidades. Añade que desde la Fundación Itaú acompañan también proyectos relacionados con este rubro e informa que a partir de este año trabajarán con el Taller Integral de Actuación (TIA), de Schémbori y Maneglia, de incentivo y prospección de talentos para la industria cinematográfica, dirigido a comunidades de escasos recursos.
Respecto a las cifras de los montos proporcionados al cine local, la gerenta de marketing expone que es complicado cuantificar, ya que, además de la contribución al proyecto en sí, hay también una inversión destinada a comunicación, eventos y otras áreas.
Desde Itaipú, la superintendenta de Comunicación Social, Marilín Narvaja, comenta que es difícil determinar con qué película cooperar. Por eso, junto con la directora del CCR El Cabildo, Margarita Morselli, se lanzó la iniciativa de impulsar la creación de un Centro Nacional de Apoyo a la Industria Cinematográfica, responsable de canalizar las solicitudes y asistir a la binacional en su proceso de definir a qué proyectos patrocinar.
En tanto que Venicio Sánchez, director ejecutivo del Fondec, comparte que la institución a su cargo promueve el audiovisual facilitando hasta G. 100 millones por proyecto. Cada uno enfrenta a un jurado de especialistas, quienes lo estudian, califican y adjudican, dando prioridad a los emprendimientos provenientes del interior del país. Para Latas vacías, del director Herib Godoy, realizada completamente en Coronel Oviedo, se destinaron G. 60 millones, pero en 2014, el Fondec colaboró con un total de 19 audiovisuales, por valor de G. 880 millones. La única contrapartida requerida es ser beneficiado con un par de funciones gratuitas en el cine o con el 10 % de los devedés para distribuir.
Venta de propiedad intelectual
Luna de cigarras permitió a la gente ajena al largometraje acompañar la evolución del mismo en diferentes mercados. Enrique Hellmers, de la firma Ánima SA, detalla que mediante los certificados de fraccionamiento de la propiedad intelectual, la empresa logró dividir la propiedad de la película en varios dueños. “Ánima los vende acompañados de su respectiva factura de venta y luego va administrando por mandato la explotación de la película, rindiendo cuentas mensuales, balance y utilidades a cada propietario”, especifica. Para el efecto, lanzó 10.000 certificados, de USD 75 cada uno, que pueden ser adquiridos por cualquier persona o empresa, previa evaluación de Ánima. Antes del 10.° día del mes, cada propietario recibe por parte de la empresa la rendición del balance y las utilidades de la explotación de la película en proporción a la cantidad de certificados que cada firma o persona posea.
Esta es la primera experiencia en el país con este sistema, por lo que de momento la empresa solo toma audiovisuales terminados y que, a su criterio, estén dotados de la calidad y el potencial suficientes como para ser introducidos al circuito comercial de cine, pero no descarta la posibilidad de involucrarse en el negocio desde sus inicios, conociendo y evaluando la calidad del guión, el director y el staff de producción. En este sentido, es probable que la próxima película de Jorge Díaz de Bedoya sea manejada bajo este esquema.
El objetivo de los realizadores de Luna de cigarras es registrar ventas por un millón de dólares en un año, lo que significaría recuperar la inversión más un plus del 20 %. Justamente, una de las técnicas para acceder a más rincones del país es desarrollando cine en el interior y también al aire libre en barrios de Asunción, a G. 15.000 la entrada. En este caso, el 100 % de las ganancias de la venta de los tiques es para los dueños de las películas y los candys (bebibles y comestibles) son para el lugar de exhibición. “Vale la pena invertir. Vamos a seguir apostando a la producción y distribución alternativa”, afirma con vehemencia Díaz de Bedoya, al tiempo de anunciar la adquisición de equipos para cine móvil a finales de febrero, con una inversión inicial de USD 100.000.
Tiques
La programación de los estrenos en el Paraguay es bastante compleja, porque el mercado es acotado en cantidad de salas y capacidad de las mismas. “Una película que hace un buen número puede vender 10.000 tiques en una semana, pero si en la segunda semana se estrena una película de terror americana que vende bien, esta pasa a ser la prioridad de la sala de cine, cuyo interés es netamente comercial, no artístico, y saca de las salas a las que venden menos”, indica el consultor de cine Juan Pablo Orellana. A esto, Julio Angulo, de Cinemax, firma que explota el cine del Villamorra Shopping, agrega que una película que anda muy bien queda en cartelera hasta seis semanas.
La distribución
Filmagic es una distribuidora de cine paraguaya. Trabajó con Luna de cigarras y se encuentra con otros proyectos nacionales como Mangoré. Está también en negociaciones con otras cintas paraguayas cuyos estrenos para este año se irán definiendo. El gerente general, Rolando Marecos, sostiene que los filmes del país ya son más comerciales y no solo para festivales, como los que se presentaban hace unos años. “A partir de 7 Cajas fueron enfocándose a todo el público, que es el mismo que ve las de Hollywood y no es el mismo que ve Cannes”, aclara.
Este año, más de 20 películas paraguayas buscarán estrenarse en cines comerciales, pero no serán más de cuatro o cinco las que alcancen tal objetivo, a consecuencia de la insuficiencia de pantallas.
silvana.bogarin@abc.com.py