El italiano Paolo Federico Alberzoni hizo nacer Manufactura de Pilar SA en 1930, con 40 telares. La pequeña planta operaba con 55 obreras y 15 empleados. Pero con los años creció, tanto en infraestructura como en personal, y, en 1982, la fábrica pasó a manos del Grupo Las Palmas, liderado hasta la actualidad por el empresario Guillermo Caballero Vargas.
Ubicada en la ciudad de Pilar, es considerada hoy el pulmón del departamento de Ñeembucú, donde unas 900 personas trabajan en turnos rotativos durante todo el año, cifra que asciende a 1100 en épocas de zafra, periodo que va desde mediados de febrero hasta fines de junio.
La principal producción es de hilos de algodón, que posteriormente son procesados para obtener el tejido. Hace más de una década confeccionan también para la línea hogar: sábanas, edredones, manteles, entre otros.
Pero Manufactura de Pilar no solo utiliza el algodón para hacer tejidos. Mariano Páez Colmán, gerente general de la planta fabril, cuenta que el rendimiento del algodón en rama, es decir, lo que resulta de procesar 1 kg de la materia prima, es 34 % fibra de algodón, cuyo destino es la fabricación de hilos; un 51 % semillas de algodón, para el uso de la aceitera de la empresa; 3 % linters; 1 % mota, para venta al público, y un 11 % de desperdicios.
Asimismo, del procesamiento de 1 kg de semillas de algodón, Pilar obtiene aceite crudo para fabricar aceite refinado comestible y borra para jabón de lavar, así como cascarilla y expellers vendidos como forraje. “Nada se desperdicia”, destaca Páez. La producción anual de aceite refinado y jabón es de 300 y 70 ton., respectivamente.
Debido a que el cultivo del algodón, materia imprescindible para esta industria, fue cayendo en la última década, la firma trabaja con 300 comités de agricultores en forma conjunta con el Ministerio de Agricultura y Ganadería. “Por ejemplo, para la siembra 2013/2014, por nuestra cuenta hemos propuesto a los comités que, si el rinde actual por hectárea es de 800 kg, planteamos invertir con recursos de la empresa USD 150 por hectárea para mejorar el suelo (fertilización). Si con este apoyo el productor mejora su rinde, se pueden dar los siguientes escenarios: si llega a 1300 kg/ha recuperamos la inversión, es decir, retenemos el importe de 300 kg, y todo el excedente que esté por encima de 1300 kg/ha es beneficio del productor”, detalla. En el caso de no lograr ninguna mejoría, los USD 150 perdidos son absorbidos por la firma.
Reorientación
En la última década, Pilar –como se la conoce– se renovó y se reorientó. Dejó de ser una empresa únicamente industrial e incorporó un importante enfoque comercial, desarrollando nuevos productos y abriendo camino a más canales de comercialización.
Su fábrica, de 55.000 m2 edificados, con equipos de tecnología avanzada, puede producir 20.000.000 m de tejidos anualmente, de los cuales, el 50 % va al mercado local y la otra mitad, a países de la región como Brasil, Chile y Argentina.
Se estima que, entre el personal de la planta, los comités de agricultores, proveedores locales, confeccionistas, contratistas, camioneros y transportistas que operan directamente con la fábrica, esta empresa genera trabajo para unas 2500 personas en forma directa e indirecta. “Cortamos el tejido que fabricamos y llevamos a los 30 talleres con los que trabajamos, que involucran a 400 personas aproximadamente”, indica el ejecutivo.
Pilar cuenta con contrato colectivo para sus trabajadores y también funcionan un par de sindicatos. Según Páez, los empleados ganan salarios que van desde G. 2.200.000 hasta G. 15.000.000 para niveles gerenciales, siendo así uno de los ingresos más altos de la zona.
Alcances
Manufactura de Pilar tiene, además de su fábrica en Ñeembucú, una oficina central en Asunción y 10 locales de venta directa al público. Distribuye también, a nivel nacional, a clientes mayoristas. Exporta a la región tejidos y productos terminados, como sábanas, manteles y prendas. Y, desde 2012, cuenta con presencia en Centroamérica mediante su primera franquicia
en Guatemala.
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