Solo el 10 % de la población nacional dispone de condiciones para adquirir mercadería lujosa, según datos de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos (DGEEC). Artículos de joyería, relojería, obras artísticas, automóviles del segmento premium y otras delicatessen componen la selecta nómina. EN analiza las caras del sector fabricante de joyas y relojes local.
Producción nacional. La empresaria Rebeca Libster, propietaria de la tradicional joyería y relojería Mauricio Libster, con más de 90 años de trayectoria, refiere rasgos referentes al eje temático que nos convoca: “Hoy es poca la afluencia de clientes, considerando la situación socioeconómica del país. De los 7.000.000 de habitantes, probablemente, solo 150.000 gozan del poder adquisitivo para comprar joyas. Algunos empresarios, futbolistas en auge y otros integran la breve lista”.
La falta de materia prima, especialmente de oro, traba la fabricación. “La única empresa que lo importa es Numismática Independencia SRL, que trabaja con monedas, algunas de colección en oro, y de las cuales podemos acceder a este metal para confección”, cuenta.
Los artesanos exhiben sus finos frutos en talleres dispuestos por Libster en el local de Villamorra.
Otra firma del rubro es Joyería Luxor. Su propietaria, Fiorella Galli, explica: “Empezamos con Joyería Sosa. Más tarde, mi abuela abrió la suya con el actual nombre. Confeccionamos las piezas en nuestro atelier. Diseñamos la línea de filigrana Joyas Fió”.
Importados. Estas firmas también importan del exterior. Luxor trae los relojes Longines y de sellos italianos.
SAX, con sede en Ciudad del Este, es de las que lidera la importación de artículos de lujo. Su representante, Édgar González, da detalles: “Iniciamos hace tiempo importando lentes y accesorios de primer nivel, con incrustaciones de oro y piedras preciosas; lo que prosperó con el tiempo, como la diversidad. Algunas marcas que tenemos son Roberto Cavalli, Baccarat, Cartier, Chanel, Dolce & Gabbana, Bulgari, Ferrari, Fendi, Galiano, Zodiac, Cacharel, otras”.
Oscilación de precios. El costo de las composiciones de joyería y relojería varía significativamente conforme la marca y pieza. “Los clientes pueden comprar, por ejemplo, una pulsera de Amore & Baci por USD 50, pendientes por USD 14. Otras, como Baccarat, presentan cadenas con cristales desde USD 150. Los relojes cuestan entre USD 150 y USD 5000”, añade González.
Por su parte, Fiorella Galli cuenta que en la actualidad, el concepto de lujo cambió bastante: “Antes adquirían una joya según su significado artístico. Fuimos pioneros en traer relojes suizos Longines. Quienes los adquieren saben del prestigio y que se trata de una pieza generacionalmente franqueable. Hoy, la gente compra artículos pensando que son de lujo solo porque están de moda”, recalca.
En Joyas Fió hay obras en filigrana desde G. 150.000 a G. 10.000.000; las más costosas suelen ser únicas y exclusivas.
“Las mujeres adquieren más joyas, pero los hombres compran las de mayor valor. Las que ellos más demandan son anillos y relojes, mientras que ellas buscan brazaletes, pendientes, collares y relojes”, revela Fiorella.
En cuanto a lujo, cada uno cuenta con la potestad de definir sus gustos y, sobre todo, su poder adquisitivo.
Muchos de estos tesoros revisten inmensurable valía artística, constituyendo un legado tangible, que bien respaldaría otros emprendimientos, dado el alto valor con el que cotizan.
Chafalonía
Esta opción para crear joyas consiste en la fundición de alhajas de oro o plata, normalmente de baja calidad, para obtener una de mayor valor. Destinadas a la aleación, se recaban principalmente en remates de casas de empeño. Ocurre lo mismo con las piedras preciosas, que se extraen de joyas viejas para engarzarlas en nuevas. La técnica es frecuente en talleres locales, por la carestía de materia prima.
carlos.canete@abc.com.py
