El pequeño enfermero (adaptación) (1)

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El pequeño enfermero (adaptación) (1)
El pequeño enfermero (adaptación) (1)Archivo, ABC Color

Ahora empezaremos a leer esta tierna historia sobre el amor en la familia.

En una pequeña aldea del sur de Italia vivía una humilde familia de agricultores. El padre quiso probar fortuna en otro país y emigró a Francia. Allí permaneció un año entero, trabajando sin descanso, teniendo siempre presente a su familia, que había permanecido en Italia.

Consiguió ahorrar un poco de dinero y regresó contento. Pero al desembarcar en el puerto de Nápoles se sintió enfermo de repente y tuvieron que llevarle al hospital. Desde allí escribió una carta a la familia explicando su situación.

La madre, muy apenada, decidió enviar a su hijo mayor, llamado Cecilio, a Nápoles para que cuidara de su padre durante la enfermedad. El pequeño Cecilio se puso en camino y a las pocas horas llegó al hospital. Preguntó a un enfermero:

–Busco a mi padre enfermo. Es un emigrante que regresaba de Francia.

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—¡Ah! Ya recuerdo —dijo el enfermero—. Hace unos días llegó un hombre con esas señas. Sígueme, te llevaré a su cama.

–¿Está muy enfermo? —Siguió preguntando el muchacho.

El enfermero vaciló unos instantes, pero luego pensó que no debía ocultar la verdad al niño y le dijo:

—Pues… creo que sí. Sé fuerte, muchacho, y procura dar ánimos a tu padre.

Cecilio se armó de valor y le siguió. Atravesaron una gran sala llena de enfermos, algunos con aspecto lastimoso. Por fin el enfermero se detuvo ante una cama, señaló al enfermo y dijo:

—Ese hombre es tu padre. Quizá te cueste trabajo reconocerle, ya que su rostro se ha desfigurado.

Cecilio miró unos instantes a su padre. Realmente estaba muy cambiado: la cara hinchada, el pelo y la barba completamente blancos, los ojos hundidos, los labios morados… Respiraba con gran dificultad.

—Soy yo, Cecilio. —le dijo, acercándose hacia él y no pudiendo contener las lágrimas—. He venido a cuidarte. Dime algo, papá.

Pero el enfermo no reaccionaba, solo sus arrugados ojos se abrieron un instante y le miraron con ternura. Cecilio permaneció mucho tiempo allí sin apartarse un instante de la cama. Esperaba que llegase algún médico que pudiese dar alguna información sobre la enfermedad de su padre. De su mente no podía apartar un sinfín de recuerdos agradables de cuando toda la familia vivía unida en la aldea, feliz, a pesar de las estrecheces económicas.

De pronto sintió una mano sobre el hombro y se volvió. Era una monja de la caridad.

—¿Es tu padre? —Le preguntó.

—Sí— contestó Cecilio.

—Ánimo, muchacho.

Sobre el libro

Libro: Corazón de Amicis

Título: El pequeño enfermero

Editorial: europa-ediexports s. a.

Serie: Lecturas