Conversaciones agradables

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Entablar una conversación es la práctica más natural y frecuente que realizamos todos los días, en diferentes circunstancias. A pesar de eso, no siempre resulta amena por los temas abordados o por la falta de interés que manifiestan los interlocutores. Sin embargo, existen normas de urbanidad que nos orientan a ser buenos conversadores.

2. Conversar no es dictar una conferencia. Si hablar con alguien que no puede hilar sus ideas por falta de vocabulario es incómodo, lo es aún más con alguien que pretende exponer todos los términos rebuscados que conoce. No hay que olvidar que la comunicación se produce solamente cuando tanto el que habla como el que escucha entienden de qué se trata.

3. Saber hablar y saber callar. Las intervenciones de cada interlocutor deben ser prudentes, en contenido y en tiempo; no es un monólogo, por lo tanto, hay que saber escuchar también. Por otra parte, la conversación exige interacción. Si una persona se mantiene callada, los demás pueden pensar que no le agrada el tema, que no conoce nada al respecto, que es aburrida o, peor, que no es amigable.

4. Los chismes están prohibidos. Hablar mal de otras personas es señal de maldad y falta de educación. Quienes tienen esta costumbre son un peligro como invitados, pues siembran discordia con facilidad.

5. Escoger un buen tema de conversación. El tema indicado es el que le interesa a ambos interlocutores. Pero existen asuntos que deberían evitarse, como dinero, enfermedades, política y religión, excepto cuando es de común interés.

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6. Mostrar interés con la mirada. Mirar a la persona a los ojos mientras se habla es la mejor prueba de atención y sinceridad que podemos brindar en una conversación.

Fuente: Manuel A. Carreño. Urbanidad y buenas maneras, Ed. América.