—¡Me ahogaré! —sollozaba Presumida—. ¡Me ahogaré con tanta agua! En ese mismo momento hizo pie y vio el mundo subterráneo del hada del pozo. Al ver a Presumida, el hada del pozo se acercó a ella y le preguntó si deseaba alguna cosa.
—Nada —dijo Presumida fingiendo sus intenciones—. He venido solo a ver tu reino. ¡Es tan maravilloso! ¡Cómo me gustaría quedarme contigo!
—Si ese es tu deseo —repuso el hada—, puedes quedarte.
Presumida se quedó a vivir con el hada del pozo. Pero Presumida, por más que espiaba al hada nunca tuvo una ocasión de verse a solas en la casa del hada para robarle su tesoro.
Al cabo de un tiempo, Presumida dijo al hada que quería volverse otra vez a su casa, que la dejase ya partir, que quería ver a su madre, y que la recompensase con algo.
El hada fue y le dio otra bolsita semejante a la que había dado a Bella.
—¡Gracias, buen hada! —dijo cumplidamente Presumida.
Y como Presumida era muy avariciosa quiso sentir en sus manos el contacto frío del bello metal, y ¿qué creen que sacó? La mano teñida de negro.
—Esas son las manchas de tu corazón —dijo el hada del pozo—. Hasta que no te corrijas y seas buena, no se limpiarán tus manos.
Sobre el libro
Título: El príncipe malo
Editorial: Ediciones Susaeta SA.
