Las señalizaciones viales son normas de cumplimiento obligatorio que permiten indicar a los usuarios de la vía pública (conductores o no), la forma más correcta y segura de transitar por la misma. Sin embargo, este concepto se viene abajo en el momento en que los conductores o transeúntes hacen caso omiso de ellas, por la simple razón de «estar apurados».
Es usual ver en nuestras calles que muchos conductores pasen por alto las normativas; sean estas verticales (el semáforo) u horizontales. En este último caso, las señales que son colocadas en las calzadas con la finalidad de ordenar y dirigir la circulación, tanto de conductores como transeúntes, parecen estar de adorno debido a la imprudencia del ciudadano que, constantemente, se queja del denso tráfico vehicular que impera en todo momento, la excusa siempre es el apuro o urgencia.
En los últimos años parece que la urgencia es condición imprescindible para vivir. Estamos apurados, agobiados por la urgencia. La velocidad es una constante, todo tiene que ser ya, nos apuramos por llegar, lograr objetivos, tener respuestas, solucionar problemas, obtener resultados, deseamos todo en el menor tiempo posible.
Vivimos contra reloj. Conducimos, comemos, hablamos, pensamos rápido y no escuchamos, la mente no tiene sosiego, los pensamientos van y vienen, y nada puede ser lento porque queda fuera de foco e interfiere con el ritmo vertiginoso que el mundo nos exige y los avances acelerados de la humanidad.
En el tránsito existen señales que dicen: «Despacio» o «Conduzca con cuidado», que van muy unidas al famoso dicho: «Más vale perder un minuto en la vida, que la vida en un minuto». Reflexionar en esto puede ser muy saludable, y, además, puede salvar vidas.
Computadoras, automóviles, comunicaciones, aviones; todos deben tener rapidez para ser tenidos en cuenta, a riesgo de quedar obsoletos. Pero este ritmo tiene sus costos: llegamos al final del día adoloridos, estresados y malhumorados por no haber podido alcanzar los tiempos requeridos que, en última instancia, es pérdida, porque en realidad nos olvidamos de contemplar los mejores momentos de la vida, de disfrutar el camino, el recorrido, de escuchar, acompañar, meditar y contemplar.
Actividades
1. Observa a los conductores y transeúntes, y anota las infracciones en sus actividades.
2. Reflexiona sobre la frase: «Más vale perder un minuto en la vida, que la vida en un minuto».
