Los gatos y los ratones
Se dice con mucha frecuencia que los gatos y los ratones no pueden verse, porque son enemigos de por vida. Será cierto, pero en la vida hay excepciones. Por ejemplo: la amistad entre el gato Mizifú y Ratoncito.
Sus respectivos papás se oponían a que anduviesen juntos miembros de dos razas irreconciliables, pero sus reprimendas caían en oídos sordos. Siempre andaban juega que te juega Mizifú y Ratoncito y la verdad es que lo pasaban muy bien.
A veces tenían que verse a escondidas, tal era el enfado de sus familias, pero nunca se desanimaban por las contrariedades que se les presentaban.
Un día, paseaba por la calle Mizifú y su papá. De improviso, se echaron sobre ellos unos niños traviesos y empezaron a maltratarlos. Padre e hijo maullaban tristemente, pero nadie acudía en su socorro.
Mizifú, en un descuido de los niños, logró escaparse y acudió en busca de su amigo Ratoncito para que le ayudase; este, en compañía de su papá don Ratón, corrió al encuentro de los niños y les puso en fuga, tal era el terror que los ratones les inspiraban. De esta manera, el papá de Mizifú pudo ser liberado.
Desde entonces fue grande la amistad que surgió entre los padres de Mizifú y Ratoncito. Ambas familias vivieron en armonía y nunca más volvieron a crearse conflictos entre nuestros protagonistas.
La amistad puede salvar el abismo entre dos razas enemigas; en realidad, es capaz de cualquier cosa.
(Extraído de 365 fábulas, Ed. Servilibro, pág. 27)
Leyenda árabe
Cuenta una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro.
El ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
"Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro".
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un cortaplumas y escribió en una piedra:
"Hoy mi mejor amigo me salvó la vida".
Intrigado el amigo preguntó:
¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?
Sonriendo, el otro amigo respondió:
Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo, pero cuando nos pase algo grandioso, debemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.