La mujer estrella (1)

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¿Te gustaría leer un cuento antiguo y bien de tierra adentro, como el de una aldea nivaclé?

Pash’e era muy tímido. Sabía que su tez muy era morena y sus brazos desmesuradamente largos para unas piernas tan cortas y pies tan grandes. No era alto tampoco, pero sí tenía mucha fuerza. Por eso, en esa noche lluviosa en la que solo brillaban en las chozas la luz de los fogones, él soñaba con cacería y batallas victoriosas, en las que su fuerza le daría el triunfo sobre sus presas.

Se sentía muy solo porque todos le rehuían. Su única amiga era la noche y las sombras, su refugio.

Mientras esperaba que terminara de llover componía su arco, con la esperanza de que la próxima vez tuviera más suerte en la cacería.

Y la necesitaba, porque su habilidad con el arco y las flechas dejaba mucho que desear, muchas veces volvía a su choza sin haber podido cazar nada.

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Cuando paró de llover, salió al descampado a admirar el cielo límpido, diáfano, brillante, después de descargarse de tanta agua.

Millares de estrellas destellaban en lo alto, pero él tenía una que era su preferida: Mischa’achei, las Géminis.

Se tendió en la hierba húmeda y suspiró mirando fijamente las dos estrellitas Géminis.

—¡Pucha! —dijo—. Si Mischa’achei fuese mujer, me casaría con ella.

Quedó dormido embelesado por sus dos estrellas predilectas que formaban una sola en el universo nivaclé.

Cuando amaneció, el día se anunciaba hermoso y alegre porque, además, era día de carreras y eso constituía una gran fiesta para la tribu.

Todos los mozos participarían y todas las mozas estarían allí para admirar al vencedor. A pesar de que sabía la desventaja de sus piernas cortas, Pash’e decidió participar.

El cacique dio las explicaciones pertinentes: irían por el camino de los algarrobos y volverían por el que bordeaba la laguna cercana.

Dio también otras instrucciones, pero Pash’e ya no escuchó nada, porque pudo darse cuenta de que un grupo de mocitas lo señalaban con el dedo y se reían, aparentemente, de él.

Tal vez por eso no oyó la explicación que daba el jefe con respecto a una bifurcación del camino, en esas tierras a las que habían llegado recientemente, y que, en lugar de conducir a las orillas de la laguna, se perdía en lo más intrincado del monte.

Partieron a la carrera todos los muchachos, cuando se dio la orden de largada. Naturalmente, como lo temía, Pash’e fue quedando atrás, hasta que perdió de vista a sus competidores que lo habían adelantado muchísimo.

Por eso, cuando llegó a la bifurcación de la picada que era el camino dejado por el paso de los animales del monte, y como no había escuchado la advertencia del cacique, se internó cada vez más en la espesura… hasta que se perdió.

Por lo menos de eso pudo darse cuenta y decidió volver a la aldea. Pero como estaba perdido, no acertaba con el camino que esperaba lo llevara de regreso.

Sobre el libro

Adaptación: Raúl Silva Alonso

Título: La mujer estrella

Editorial El Lector

Actividad

Completa con falso o verdadero.

(__) Pash’e era muy tímido y bajo, pero sí tenía mucha fuerza.

(__) Él siempre estaba rodeado de amigos, porque todos lo querían.

(__) Pash’e estaba enamorado de dos estrellas.

(__) A pesar de la desventaja de sus piernas cortas, Pash’e decidió participar de la carrera.

(__) Pash’e enseguida encontró el camino que lo llevara de regreso a casa.