Poemas máximas y en verso

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Disfrutamos de la lectura en voz alta con estas propuestas

Máximas
(de Martínez de la Rosa)

I
Sed indulgente con otros
y lo serán con vosotros.

II
Si el ocio te causa tedio,
el trabajo es buen remedio.

III
Quien te adula y lisonjea,
su bien y tu mal desea.

IV
Siempre que puedas haz el bien
y no repares a quién.

V
Sigue la sana razón,
más que a la vana opinión.

La campanita
(de Amado Nervo)

Alegre como una alondra madrugadora,
locuela como pluma que viene y va,
yo soy la campanita que da la hora:
¡Din-dan!... ¡Din-dan!...

Yo soy la que te digo: “Niño, descansa;
mi toque de oraciones te arrullará”.
Yo soy la que en las fi estas repica a vuelo:
¡Din-dan!... ¡Din-dan!...

Yo soy la que te digo: “Niño, despierta;

despierta, que los libros te aguardan ya;

el sol de la mañana dora tu puerta”.
¡Din-dan!... ¡Din-dan!...

Suspensa entre la tierra y el infi nito,
yo sueño toda dicha, todo pesar;
yo soy quien a las almas a orar invito.
¡Din-dan!... ¡Din-dan!...

Amor filial

(de Amado Nervo)

Yo adoro a mi madre querida,
yo adoro a mi padre también;
ninguno me quiere en la vida
como ellos me saben amar.

Si duermo, ellos velan mi sueño;
si lloro, están tristes los dos;
si río, su rostro es risueño;
mi risa es para ellos el sol.

Me enseñan los dos con inmensa

ternura a ser bueno y feliz.

Mi padre por mí lucha y piensa:

mi madre ora siempre por mí.

Yo adoro a mi madre querida,

yo adoro a mi padre también;

ninguno me quiere en la vida

como ellos me saben amar.

La oración del humilde
(de Ovidio Fernández Ríos)

¡Bendita seas, tierra! Verdadera
madre de amor, porque lo creas todo;
vine de ti al nacer y de igual modo
hacia ti volveré cuando me muera.

Bendito el sol que pone en ti la nota
de vida y de calor. Bendita el ave
y la fruta y la fl or y el ritmo suave
de la lluvia que es oro cada gota.

Bendito sea el sudor que de la frente
brota, del que te abre las entrañas
para arrojar en ellas la simiente.

Bendito el buey que lucha todo el año,
y bendito el pastor que en las montañas
santifi ca tu paz con su rebaño.

El vuelo de los fl amencos

(de Eloy Fariña Núñez)

En el confín de la ribera opuesta,
iluminada por el sol poniente,
tiembla una raya en progresión creciente
sobre la ondulación de la fl oresta.

La remota bandada avanza presta,
rumbo a los horizontes del oriente,
aleteando en el éter transparente
con el ritmo acordado de una orquesta.

Y al mismo tiempo que croantes loros
manchan de verde la región alada
llena de errantes pájaros canoros,

el grupo pasa en cadencioso vuelo
y se pierde cual cinta sonrosada
en la diafanidad azul del cielo.
La oración del humilde
(de Ovidio Fernández Ríos)
El vuelo de los fl amencos
(de Eloy Fariña Núñez)

Sugerencias

Investiga los signifi cados de
los términos nuevos.

Sonoriza bien las palabras
modulando convenientemente
las sílabas.

Graba tu lectura para saber
cómo te perciben los que te
escuchan.

Trata de utilizar en tu lenguaje
cotidiano las palabras y
expresiones empleadas en
estos textos.