Viaje al centro de la Tierra
Julio Verne
Cinco días después, en horas que correspondían a la noche, al lanzar una sonda y recogerla luego, Hans nos la mostró:
¡Había sido mordida por algún poderoso animal!
Efectivamente, horas después salió a la superficie un gigantesco reptil parecido a un cocodrilo que, cuando avanzaba hacia nosotros ―con pésimas intenciones, no me cabe la menor duda― fue atacado por una enorme y monstruosa serpiente que, enrollándose al cuerpo del otro monstruo, nos salvó milagrosamente, al trabar con él un combate que resultó mortal para ambos.
Afortunadamente para nosotros, un oportuno ventarrón nos alejó de la infernal escena. Al día siguiente, presentimos un nuevo peligro al escuchar lo que parecía el fragor de una catarata. Ya nos veía yo despeñándonos en una caída sin fin, o terminando ahogados en un negro abismo.
Pero no. El ruido procedía de un enorme geiser que brotaba en medio de un islote. Dos días después fuimos arrastrados por una fuerte tormenta de viento caliente. También era caliente el agua de las olas que amenazaban con echarnos al mar, lejos de la balsa.
De pronto vimos una enorme bola de fuego que parecía avanzar por «el cielo» hacia nosotros. El aire estaba saturado de gas, y algunas de nuestras herramientas y utensilios metálicos, se desprendieron de los bultos en que estaban sujetos y salieron volando a una velocidad increíble hacia la bola de fuego.
― Es una mole ígnea imantada. ¡Cuidado con la pólvora! ¡Vamos a volar…! ―fue lo último que oí antes de caer en una profunda inconsciencia.
Supe después que las olas nos habían arrojado contra una costa que destrozó la balsa.
― Calculo que estamos ahora a trescientas leguas del lugar de donde nos embarcamos ―reflexionó el tío Otto.
Continuamos caminando durante horas hasta llegar a un bosque. Tras una espantosa explosión, vimos el cielo azul antes de sumergirnos en el agua de un mar entibiado por la lava del volcán.
Nadamos hasta la costa donde había un pueblito. La gente que se reunió a recibir a los náufragos (eso fue lo que dijimos que éramos para que no nos tomaran por locos), nos informó que esa era la población de Strómboli y que aquel en erupción, el volcán del mismo nombre. ¡Estábamos en Italia!
A nuestro regreso a Hamburgo fuimos recibidos como héroes. La fama de nuestra aventura se extendió por todo el mundo y el tío Otto recibió los honores de infinidad de instituciones científicas.
De eso hace ya cinco años. Yo estoy felizmente casado con Graüben, escribiendo esta historia para poder leérsela al hijo que muy pronto nos alegrará con su llegada.
Y hoy la comparto con ustedes.
Sobre el libro
Título: Viaje al centro de la Tierra
Autor: Julio Verne
Adaptación: Raúl Silva Alonso
