Una parábola y una bella anécdota

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El limosnero

Hubo una vez un limosnero que estaba tendido al lado de la calle. Vio a lo lejos venir al rey con su corona y su capa. "Le voy a pedir, de seguro me dará bastante", pensó el limosnero y cuando el rey pasó cerca le dijo:

Su majestad, ¿me podría por favor regalar una moneda? —Aunque en su interior pensaba que el rey le iba a dar mucho.

El rey le miró y le dijo:

¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy yo tu rey…?

El mendigo no sabía qué responder a la pregunta y dijo:

Pero su majestad... ¡yo no tengo nada!

El rey respondió:

Algo debes tener... busca.

Entre su asombro y enojo, el mendigo buscó entre sus cosas y supo que tenía una naranja, un bollo de pan y unos granos de arroz. Pensó que el pan y la naranja eran mucho para darle, así que en medio de su enojo tomó cinco granos de arroz y se los dio al rey. Complacido el rey dijo:

¡Ves que sí tenías!

Y le dio cinco monedas de oro, una por cada grano de arroz. El mendigo dijo entonces:

Su majestad... creo que acá tengo otras cosas…

Pero el rey no hizo caso y dijo:

 Solamente de lo que me has dado de corazón te puedo yo dar.


El joven y el anciano


Un señor de unos 70 años viajaba en tren y a su lado iba un joven universitario que estudiaba su libro de ciencias, mientras el anciano leía un libro de portada negra.

El joven percibió que se trataba de la Biblia, abierta en el Evangelio de Marcos.

Sin ceremonia, el muchacho interrumpió la lectura del otro y le preguntó:

Señor, ¿usted todavía cree en ese libro lleno de fábulas y cuentos?

Sí, pero no es un libro de cuentos, es la Palabra de Dios. ¿Estoy equivocado?

Pues claro que sí. Creo que el señor debería estudiar la Historia Universal. Desde hace más de 100 años la Revolución francesa mostró la miopía de la religión. Solamente personas sin cultura todavía creen que Dios hizo el mundo en seis días. El señor debería conocer un poco más lo que nuestros científicos dicen de todo eso.

Y..., ¿es eso lo que nuestros científicos dicen sobre la Biblia?

Bien, como tengo que bajar en la próxima estación no tengo tiempo de explicarle, pero déjeme su tarjeta con su dirección para mandarle material científico por correo.

El anciano entonces con mucha paciencia le dio una tarjeta al muchacho.

Éste, al leer el nombre allí impreso, salió cabizbajo, sintiéndose más pequeño que una hormiga. Porque la tarjeta decía:

"Profesor Doctor Louis Pasteur
Director General del Instituto de Investigaciones Científicas
Universidad Nacional de Francia
‘Un poco de Ciencia nos aparta de Dios.
Mucha, nos aproxima’.
Dr. Louis Pasteur"

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