Masacre de Curuguaty cortó “cabezas” en órganos de seguridad

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El criminal suceso registrado en la colonia Yvyra Pytã de Curuguaty, que desembocó en la muerte de al menos 16 personas y dejó cerca de 80 heridos graves, demostró no solo la incapacidad del Gobierno para resolver el delicado conflicto por la tierra que convulsiona al país, sino también su pasiva actitud ante el fortalecimiento del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). La tensa situación suscitada tras la masacre generó una ola de indignación popular, que culminó con la salida del ministro del Interior y del comandante de la Policía Nacional.

El incidente a tiros tuvo lugar la mañana del pasado viernes, cuando, en una lucha casi desigual, un grupo de supuestos francotiradores infiltrados entre los supuestos sintierras aglutinados en la “Liga Nacional de Carperos” (LNC) que hace más de un mes ocupaban la estancia “Campo Morombí”, del ex senador colorado Blas N. Riquelme, abrió fuego contra un contingente de efectivos policiales casi desarmados que venían a cumplir la orden de desalojo de la propiedad de dos mil hectáreas de superficie.

Según fuentes y tal como lo demanda el protocolo, los agentes del orden intentaron ingresar al campamento con la intención de dialogar con los ocupantes y convencerles de una salida pacífica de la propiedad invadida.

Apoyados por efectivos del Grupo Especial de Operaciones (GEO), los intermediarios entraron al lugar provistos solamente de cachiporras, escudos y balines de goma, como medida de prevención en caso de un eventual enfrentamiento.

Emboscada y tiroteo

Los agentes manifestaron que apenas ingresaron al campamento fueron emboscados por francotiradores infiltrados entre los invasores, quienes abrieron fuego contra ellos, matando en el acto a seis efectivos e hiriendo a otros tantos. Entre los abatidos se encontraban el jefe del GEO, subcomisario Erven Lovera Ortiz, y el subjefe de la citada repartición policial, oficial inspector Osvaldo Sánchez Díaz.

Los ocupantes, por su parte, argumentaron que la primera bala que generó el enfrentamiento fue disparada por los uniformados.

Acto seguido se inició una balacera entre ambas partes que se intensificó con el transcurrir de los minutos. Los disparos cesaron media hora después, presuntamente después que los “carperos” se percataran de la cantidad de muertos y heridos que había entre sus filas.

Advertencia previa

Una fuente policial había manifestado que el titular del GEO, subcomisario Erven Lovera Ortiz, había advertido que la orden de desalojo no debía efectuarse en ese momento, al tener conocimiento de la supuesta presencia de francotiradores infiltrados en el campamento.

Sin embargo, su advertencia no fue escuchada y, como consecuencia, se vio obligado a exponer su vida y la de los 100 agentes de distintas agrupaciones que le acompañaron en la colonia Yvyra Pytã.

Como resultado del tiroteo, no solo Lovera falleció en el ataque, sino también el subjefe del GEO, el oficial inspector Osvaldo Sánchez. Además, perdieron la vida los suboficiales inspectores Jorge Alfirio Rojas Ferreira y Wilson David Cantero González, los suboficiales 2° Derlis Ramón Benítez Sosa y Juan Gabriel Godoy Martínez.

Otros 13 agentes de la Policía Nacional también resultaron baleados en el tiroteo, entre ellos, el jefe de Orden y Seguridad de Canindeyú, comisario principal Miguel Anoni Paredes. También fueron heridos el oficial 1° Antonio Gaona y los suboficiales Alcibiades Benítez, Nelson Zaracho, Francisco Morínigo, Agustín Duarte, Evelio Riquelme, César Horacio Medina, Melanio Gómez, Julio Báez, Mariano Ojeda, Inocendio González Duarte y Nestor Ramón Rojas.

Entre las bajas de los “carperos” figuran Arnaldo Ruiz Díaz Meza, Luciano Ortega, Adolfo Castro, Delfín Duarte, Adelino Espínola, Francisco Ayala, Andrés Riveros García, el locutor radial Rubén Villalba y dos personas de sexo masculino que aún no eran identificados. Otros cuatro resultaron baleados y cinco quedaron detenidos.

¿La mano del EPP?

La precisión de los disparos que acabaron con la vida de los seis efectivos policiales durante el enfrentamiento, y el calibre de las balas utilizadas por sus atacantes hacen suponer a los investigadores que los miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) estuvieron detrás del luctuoso episodio. También se encontraron bombas tipo “cazabobos” dentro del campamento.

Los especialistas dieron a entender que los tiradores usaron armas automáticas con ráfagas de tres disparos.

También se encontraron vainillas de balas calibre 20, 22 y 28, supuestamente disparadas por los “carperos”, las cuales atravesaron los chalecos de numerosos agentes que se enfrentaron con ellos.