Se destaca por ser una mujer luchadora e innovadora; además, confiesa que desde pequeña fue muy malcriada y al casarse también. Fue una de las primeras decoradoras de interiores en la década del 60. Su comienzo en la profesión fue difícil, ya que la gente no acostumbraba decorar oficinas o locales comerciales. Catalina Crosa de Yegros cumplirá 91 años el 11 de mayo y continúa lúcida, llena de energía, capaz de compartir sus conocimientos, además de investigar nuevos rubros. Actualmente, se dedica a tratar diversas situaciones emocionales a través de una terapia con flores de Bach, originarias de Londres, Inglaterra, destino que visitó para estudiar dicho tratamiento alternativo basado en 38 preparados artesanales no farmacológicos, elaborados a partir de una maceración en agua de flores maduras de diversas especies vegetales silvestres. Catalina nos explica que está indicado especialmente para aliviar desequilibrios psicoemocionales y de carácter tales como impaciencia, angustia, miedo, incertidumbre, ira, celos, confusión, intolerancia, entre otros. Contrajo nupcias con Juan C. Yegros (+), descendiente del prócer Antonio Tomás Yegros. El matrimonio crió a cinco hijos:
Marta, María Eugenia, Juan José (+), María Cristina y Carlos Alberto (+). Quedó viuda muy joven y eso le exigió dedicarse intensamente al interiorismo, cuyos estudios los cursó en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Fundó la casa Mac Calls, la cual brindaba todos los servicios y materiales para la decoración. Realizó importantes producciones en residencias de nuestro país y el extranjero, como también en oficinas particulares e instituciones públicas y privadas. Acerca de sus trabajos más destacados, mencionó la colocación del primer telón del Teatro Municipal accionado eléctricamente, también realizó intervenciones dentro de las oficinas de la Ande en Asunción y Acaray, en el edificio nuevo del Banco Central del Paraguay y en la Entidad Binacional Yacyretá, entre otros.
Impartió charlas en el programa televisivo de la destacada actriz Edda de los Ríos; igualmente, en su casa enseñó a confeccionar cortinas, colocar alfombrados y empapelados a varias generaciones, sin cobrar por la instrucción impartida y, de esa manera, otorgó una profesión a numerosas personas. Recuerda que los materiales se debían importar del extranjero, como alfombras, telas, rieles y herrajes y que, inclusive, uno debía inventar e ingeniarse para fabricar lo que no existía en el Paraguay. “En estos tiempos todo es más fácil, pues se encuentra lo necesario como en cualquier ciudad importante del mundo. De igual modo, reconozco que mi empleo me bendijo, ya que tuve la oportunidad de crecer en el ámbito de la decoración”, acotó.
La edad no le impide imaginar y demostrar sus ganas de emprender; al contrario, se mantiene en busca de nuevas creaciones para su hogar o sus clientas, porque conoce su capacidad e instinto vocacional. Catalina abrió dos negocios, ubicados en su residencia: Mac Calls, que hace unos años es atendido por sus hijas, y Flores de Bach, a cargo de ella. Sus días no siempre son iguales, aunque habitualmente desayuna té inglés acompañado de galletitas de arroz, queso y mermeladas. Luego, se dirige a su oficina, donde recibe a sus clientes que van en busca de las esencias naturales. Se queda hasta el mediodía, almuerza, y desde las 16:00 va nuevamente a su local y cierra antes de las 19:00 para llegar a tiempo a la misa, en la iglesia San José.
Disfruta de la compañía de sus nietos, bisnietos, amigas, y otra de las actividades que le apasiona es viajar, conoció la mayoría de los países. “Me siento realizada, de salud me encuentro muy bien y espiritualmente ni qué decir”, finalizó.
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