Diamante infame

Este artículo tiene 8 años de antigüedad
/pf/resources/images/abc-placeholder.png?d=2420

El diamante Koh-i-Noor o Montaña de Luz, parte de las joyas de la Corona británica, es uno de los más célebres de la historia, y no es de extrañar que varios países asiáticos y hasta los mismísimos talibanes le reclamen la piedra a la reina Isabel II.

En su reciente libro Koh-i-Noor, escrito junto con la periodista india Anita Anand, el historiador escocés William Dalrymple tumba muchas partes de la vida asumida de este emblemático diamante, al tiempo que revela otras hasta ahora desconocidas.

Pero ¿cómo hizo todos estos descubrimientos? “Por accidente”, confesó el historiador a Efe. Las revelaciones que han cambiado la historia conocida del “diamante más infame del mundo” se escondían en la biblioteca personal del entonces rector de la Universidad de Kabul y hoy presidente de Afganistán, Ashraf Ghani. Fue durante una visita a Afganistán, dirigida a recabar información para otra de sus obras, que el autor se dio un paseo por este paraíso literario y, entre libro y libro, desenterró el tesoro por casualidad.

“Creo que fue la mañana más exitosa de toda mi carrera. Volví a la hora de comer con una pila de fuentes persas; entre ellas, un montón de capítulos sobre el Koh-i-Noor que nadie conocía”, relató Dalrymple.

Histórica historia incierta

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

La historia asumida dice que la Montaña de Luz fue encontrada en una mina de la India y guardada en un templo del sur del país. Más adelante fue –se dice– robada por una dinastía y entregada cíclicamente a la siguiente hasta que el gobernante iraní Nader Shah se la quitó, en 1739, al emperador mogol Muhammad Shah con un disimulado intercambio de turbantes.

Sin embargo, ninguna de estas alegaciones “se pueden probar”, según Dalrymple.

¿Por qué? Él afirma que “la primera referencia sólida del diamante data de tan solo 1750”.

Una crónica persa de la invasión de la India por parte de Nader Shah es el primer texto conservado que menciona la famosa piedra y la sitúa, según el libro, entre las muchas gemas que adornaban el llamado Trono del Pavo Real. Puede que en aquella época muchos ignorasen incluso el codiciado diamante, ya que rubíes y espinelas eran por aquel entonces las piedras más preciadas entre las que se podían permitir.

Es más, Dalrymple asevera que el Koh-i-Noor no se hizo célebre hasta que los británicos lo exhibieron en la Gran Exposición de Londres, en 1851. Fue entonces cuando la joya comenzó a acaparar miradas y exclamaciones de admiración, como “máximo símbolo de colonialismo”, a juicio del historiador, “al más puro estilo romano”.

“Tras el interés atraído en la exhibición de Londres –dice el autor–, la gente comenzó a asumir que todos los diamantes de gran tamaño mencionados en textos de la época mogola eran ni más ni menos que el Koh-i-Noor”.

La India, además de Pakistán, Irán y Afganistán, defiende sus derechos sobre el Koh-i-Noor, presuntamente hallado en suelo indio y entregado a los británicos por un marajá indio que apenas había llegado a la pubertad en el momento de la entrega.

Fue, en concreto, el marajá Duleep Singh, cuando tenía 13 años, quien entregó a los británicos el preciado diamante de 105 quilates.

La última de muchas reclamaciones a Isabel II, en cuya corona descansa el diamante, fue interpuesta por la organización Frente de Justicia Social y Derechos Humanos.

Durante el juicio del pasado año, el Gobierno de Nueva Delhi protagonizó un polémico episodio al asegurar, ante la máxima instancia, que no reclamaría la joya, porque “no fue robada ni usurpada de manera forzosa”.

Defendió entonces, con base en la ley india de 1972 de Tesoros y Antigüedades, que Nueva Delhi solo reclamará objetos de su patrimonio que hayan sido extraídos de manera ilegal del país.

La polémica y las críticas no se hicieron esperar y, apenas un día después, el Ejecutivo se retractó y aseguró que no ha desistido en reclamar la preciada joya. Hará, de hecho, “todo lo posible” para recuperarla.

Uno de los mayores diamantes pulidos del mundo, la Montaña de Luz, no tiene pinta de regresar a la India, a pesar de las peticiones que se suceden desde hace décadas.

EFE Reportajes

Fotos: Agencia EFE