Se nos eriza la piel y un viento frío parece correr nuestra nuca, tiembla la mandíbula, las manos y las piernas. Un sudor frío empapa las palmas de las manos y la boca se seca. Las pupilas se dilatan y la respiración se vuelve corta y rápida. ¡Es una película terrorífica que protagonizan los subyugados a las garras de los miedos!
La licenciada Eugenia de Loof, psicóloga, afirma que la adrenalina corre dentro nuestro por el río de la sangre para alertarnos que debemos protegernos o defendernos ante algo que amenaza nuestra supervivencia, en mayor o en menor medida. Cuando el miedo hace sonar las alarmas vitales, todos funcionamos del mismo modo. Eugenia cita a la licenciada Virginia Gawel, quien dice: “La respuesta instintiva del miedo es parte del equipo que nos fue dado para perdurar en este mundo”. Los miedos nos paralizan, según la profesional, porque disparan en nosotros una alarma ancestral en la amígdala cerebral, que es la zona que compartimos con el resto de los animales. Ante una señal de peligro, real o imaginaria, nuestro cuerpo reaccionará frenándonos o haciéndonos huir de la situación. Recuerda que los humanos respondemos con miedo ante aquellas situaciones en las cuales percibimos que nuestras capacidades son inferiores a lo necesario para enfrentar el peligro. Entonces, “si el peligro es más poderoso que nuestras capacidades, huir o quedarse quieto son respuestas inteligentes”.
El miedo al abandono o la pérdida, el miedo a la muerte, el miedo al ridículo, el miedo al error, el miedo a estar solo son famosos acosadores de la vida. Y peor aún si el miedo se inició en la niñez y luego es alimentado con pensamientos que persisten en la edad adulta. La psicóloga destaca que en el libro La sabiduría de la inseguridad, el filósofo Alan Watts dice: “Lo que nos hace esclavos del miedo es el intento de librarnos de él en lugar de limitarnos, simplemente, a vivir la situación en la que estamos. Vivir presos del miedo provoca un fenómeno paradójico y es que a mayores precauciones, mayores temores. ¿Por qué? Porque para resguardarnos de todo lo que podría ser peligroso, terminamos por aislarnos en la fortaleza que construimos para protegernos”. Otros temen perder las cosas materiales. “El factor económico nos permite adquirir muchos bienes y al tener más, tememos más perderlos. En este sentido, Sergio Sinay afirma que el miedo de hoy paraliza, empequeñece, nos hace abrazarnos a pertenencias materiales y a morir por ellas”. Otro factor que se suma es el climático. Aunque en Paraguay no hay terremotos ni tsunamis, tememos a los raudales y a los rayos que tantas vidas se han cobrado. Son miedos comprensibles, pero la especialista dice al respecto que “al buscar aferrarnos a la supuesta seguridad que queremos comprar, olvidamos la fragilidad de nuestra condición humana y la incertidumbre e impermanencia que caracteriza a nuestra naturaleza. Los terremotos, tsunamis, los rayos nos recuerdan que nada en lo que tanto invertimos puede asegurarse realmente. La realidad humana, existencialmente hablando, es vulnerable”, asevera. Para luchar contra los miedos y enfrentar las dificultades debemos “comprender y explorar todo su contenido. El miedo no puede vencerse mediante ninguna forma de defensa o resistencia. Es importante escuchar qué mensaje nos puede estar dando el miedo y discernir si se trata de una advertencia saludable o si es un miedo disfuncional. Esto último tiene que ver con una respuesta exagerada ante un estímulo que en verdad podríamos afrontar con menor costo emocional, por ejemplo: miedo a las personas, a enfrentarse a nuevos desafíos. Podríamos emplear algunas de las sugerencias de Susan Jeffers de su libro Hazlo aunque sientas miedo.
Enfrentar al pánico
Estas pautas sugeridas por la licenciada Eugenia pueden ayudar a los miedosos en su mundo de pánico. Actuar es clave, ya que a veces esperamos que el miedo desaparezca por arte de magia, cuando en realidad la efectiva manera de avanzar es actuando, porque la toma de acción nos ayuda a reeducar la manera de pensar. Actuar para poder superarlo. “Se deben utilizar palabras y frases positivas para alentar, por ejemplo: 'lo lograré', en lugar de: '¡no podré hacerlo!'. También se deben suprimir las frases negativas, como críticas o juicios. Los pequeños pasos ayudan a salir de nuestra zona de confort, utilizando todas las situaciones como fuente inagotable de experiencias que nos enriquecen, en lugar de tratar de evitarlas. Tomar riesgos nos dará más confianza para ser responsables de nuestra vida y no víctimas del mundo exterior”.
Texto mirtha@abc.com.py
