Mamá es aquella mujer que te cargó durante nueve meses en su vientre, esperando con ansias tu llegada e imaginando todos los mimos que te daría cuando estuvieras en sus brazos. Tu madre es quien te acompañó cuando aprendías a caminar y la que te dedicaba palabras tiernas si sentías algún malestar.
Eras tan apegado a ella que el primer día de escuela hiciste tremendo berrinche porque no querías que te dejara solo en medio de tantos nenes extraños. Sin embargo, con el paso del tiempo, te acostumbraste a estar con otra gente y llegó un momento en el que te dio vergüenza que tus compañeritos vieran que ibas de la mano con mami, pues no querías que te compararan con un bebé. Vos creciste, pero la preocupación que ella sentía por tu bienestar nunca disminuyó.
Hoy en día, detestás que tu mamá sea una espía profesional cuando le pedís permiso para salir, porque tenés que responder con quién, para qué, adónde, por qué y hasta qué hora vas a estar fuera de casa. Tampoco podés olvidarte de obedecer la orden: “Atendé el celular si te llamo”, pues si llegás a encontrar más de 10 llamadas perdidas de ella, vas a tener que escuchar un plagueo muy largo cuando regreses.
“Abrigate bien o te vas a engripar” y “no comas eso porque te va a doler el estómago” son otras de las órdenes que te suele dar tu mamá en su intento por protegerte de las enfermedades. Sabés que es mejor hacerle caso para no tener que escuchar después el famoso “te dije luego”, acompañado de un nuevo plagueo por parte de la señora de la casa.
Aunque te pelees la mayor parte del tiempo con tu mamá y te moleste que esté tan pendiente de vos, no podés dudar del inmenso amor que te tiene. Así que no lo pienses dos veces y dedicale mañana un “te quiero”, acompañado de besos y abrazos, a fin de demostrarle que ella también es muy importante en tu vida.
Por Viviana Cáceres (18 años)
