¿Estamos en la Luna o en una calle de Asunción?

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Te comprás un auto nuevo, luego de haber ahorrado durante años, y en el primer paseo por la capital te encontrás con la pesadilla de todo conductor: los baches. En Canadá, las autoridades colocan pegatinas de imperfecciones en sus calles, para que los conductores reduzcan la velocidad al ver los adhesivos. Aquí en Asunción, el generoso municipio da la oportunidad de pasar por la experiencia de sentirse sobre los cráteres de la Luna en 4D.

Pareciera que muchas veces, Asu y las ciudades cercanas, realizan una competencia, de modo a saber cuál es la localidad que posee las calles con asfaltos más delgados, hasta el punto de asemejarse a un mbeju hecho de mala gana. O disputan títulos para saber quién tiene el camino con mayor cantidad de boquetes y el cráter lunar que más accidentes ha presenciado.

La causa principal de la formación de baches es la existencia de cañerías rotas de la Essap, que con lo estropeadas que se encuentran, en los últimos años dieron muchos problemas. Ya que estas, al romperse, lo que hacen es debilitar la parte inferior del asfalto y, en consecuencia, cada auto que pasa por la zona desgastada colabora con el diseño del nuevo cráter.

Las maniobras increíbles que se tienen que hacer para esquivar estos agujeros dejan a más de uno con ganas de participar del Dakar o el rally, debido a que la habilidad de maniobrar se va agudizando y perfeccionando en el día a día, claro, todo sea para no estropear el vehículo.

A pesar de que se realicen los trabajos de bacheo constantemente, resulta difícil paliar la situación. Y, como dice el intendente Samaniego: “En la medida en que revienten los caños de la Essap, seguirán habiendo hundimientos en los asfaltos”.

Otra situación desagradable y peligrosa se presenta cuando llueve, pues la capital se convierte en una pequeña Venecia de aguas caudalosas, por la falta de infraestructura para la evacuación de cauces pluviales.

Si bien no hay soluciones rápidas, por lo menos, Asunción brinda una aventura fuera de este planeta y convierte a los ciudadanos en verdaderos maestros de la conducción.

Ricardo González (19 años)