Entre los excompañeros siempre hay uno que quiere armar una peña con todos a fin de que los kapés vuelvan a estar juntos, y sí o sí crea un grupo de WhatsApp para organizar el encuentro. Sin embargo, ndofaltái el que, sin decir nada, sale de la conversación porque no le interesa mucho el tema; también está el que dice: “Voy a ver” para no quedar como “el trancapa” y, por último, se encuentra el más farrista, que se manifiesta con un: “Está ya, ¿qué vamos a tomar?”.
Luego de confirmar la presencia de unos cuantos, es hora de decidir cuál será el lugar de la reunión, momento en el cual todos se hacen de los ñembotavy, ya que la condición es limpiar el desorden después de la parranda y eso nadie quiere hacerlo. Finalmente, el más buena onda es el que termina ofreciendo su casa con tal de volver a ver a sus amigos.
Cuando todo parece estar listo, los más bochos informan que no asistirán, pues rinden exámenes importantes esa semana. Seguidamente, aparece “el pupi” del grupo diciendo que tampoco podrá estar, porque supuestamente “tiene cosas que hacer”, aunque los muchachos ya saben que su novia es quien no lo deja salir; luego, una de las chicas dice que no va a ir, por lo que su comadre avisa que también faltará a la peña.
En la mayoría de los casos, todo esto queda en “opa rei”, pues, a pesar de que las ganas de compartir están, ahora, la falta de tiempo es la que juega en contra. Así también, todos los compañeros van por caminos distintos, se enfrentan a nuevos desafíos y son mayores las responsabilidades que recaen sobre ellos.
Finalmente, nos damos cuenta de que la expectativa de “terminar el colegio para poder descansar” es totalmente errónea, puesto que es momento de someterse al mundo laboral y universitario. Es hora de dejar atrás las bromas de clases y travesuras para poder recordarlas, entre todos, en un muy lejano y complicado “reencuentro”.
Por Valeria Candia (17 años)