La euforia incontenida del muro de Roger Waters

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“Furia alegremente retorcida” es la descripción perfecta del sentimiento de los miles de almas que vieron al exbajista de Pink Floyd, Roger Waters. Al fin se cumplió el “sueño del pibe” (incluido el paraguayo), que fue presenciar el show más esperado del año en Buenos Aires: The Wall Live. Another brick in the wall, Sudamérica!

Por Yenny Báez (18 años)

Las luces se apagaron, la adrenalina se vio superada por el llanto, al igual que la alegría y el griterío de las nueve noches que River Plate disfrutó a Roger Waters, que llegó a puntos históricos.

Cuando a mediados del año pasado, toda Sudamérica palpitaba con la inevitable venida del que fuera piedra basal de Pink Floyd, hasta el más iluso pensaba que solo sería un concierto y que no habría espacio disponible para todos los melómanos. ¡Ja!, pues la sorpresa con la que se encontraron fue que no solo habría uno, ¡sino ocho recitales más!

Si Roger era reticente décadas atrás con respecto al “contacto con el público'”, en la actualidad se lo ve más abierto y franco con sus fans. Eso fue palpable en los nueve recitales, donde su sincero protagonismo dejó entrever rasgos carismáticos, mientras entonaba cada una de las canciones del mítico álbum The Wall (1979).

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In the Flesh, Young Lust, Mother (momento sublime y controvertido, el “Ni en pedo” estampado en la pared fue el centro de atención), Another Brick in the Wall, Hey You, el incomparable Confortably Numb, entre otros, estuvieron como tatuajes imborrables durante dos horas en la retina de cada espectador.

La puesta en escena insuperable, el sonido más impecable que antes y el Monumental de Núñez, hipnotizado por el largo paseo del viejo lobo que al grito de “Hey Teacher! leave the kids alone”, despertó los desgarrados corazones, los hizo movilizar tal cual fueran martillos y olvidar por unas horas que son humanos y volverán a casa al término del show.