La suegra: la gatita mimosa o la que saca las garras

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“Madre e hija caben en una camisa; suegra y nuera no caben en una tela”: una frase no tan conocida, pero que dice mucho; incluso da a entender que, en una relación, una posible barrera será la suegra. Pero existen muchos tipos de “mamis que cuidan a sus bebés”. Están las maravillosas y también las insoportables; las que no dejan respirar a sus hijos y las que sí. Esas mujeres que protegen a su “tesorito” pueden hacer de ese vínculo un paraíso o el mismo infierno.

Hay suegras maravillosas. Aquellas que aceptan a la esposa del hijo como a la descendencia que no tuvieron. Aman con amor verdadero, incondicional; sin embargo, también existen aquellas molestas y pesadas, cuyo comportamiento inspira a los creadores de chistes.

En nuestro país, la relación nuera-suegra es motivo hasta de chistes. Pero deja de ser chistosa cuando la pareja incluso llega a pensar en un divorcio ante la imposibilidad de lograr una relación armoniosa entre los tres: esposa, marido y suegra. Pero de toda esta confusión existe una persona capaz de arreglar este embrollo: el nieto.

El tema de las suegras ha llegado más allá de los chistes o de una reunión de amigos. Los hechos demuestran que las actitudes de estas mujeres pueden convertirse en motivo de discusiones y enfrentamientos en las parejas. Algunos llegan a la terapia desesperados por encontrar un camino menos sinuoso para transitar con sus madres políticas.

Nunca hay que caer en la trampa de creer que tu suegra te quiere “como a una hija o un hijo”. Ella no dejará pasar por alto ninguna debilidad y defectos porque estará observando detenidamente. Y en el mejor de los casos, que de verdad te quiera, hay que saber que se trata de un amor condicionado, porque todas las suegras tienen en su haber ese miedo de perder al “tesorito” que llevó por nueve meses en su vientre.

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Por Carlos Gómez de la Fuente (16 años)