Los mitos que aterrorizaron nuestra niñez

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¿Quién no recuerda los miedos experimentados al escuchar un “cháke Jasy Jatere” o “cháke Póra” en la infancia? Las advertencias de nuestros papás o abuelos para que dejáramos los juegos llegado un determinado tiempo son inolvidables, ya que, de no hacerlo, un personaje terrorífico nos castigaría. De esta forma, los mitos como el Luisón, Kurupi, Pombéro, entre muchos otros, eran parte de nuestra imaginación, impulsándonos a obedecer las órdenes de nuestros mayores.

Por Sandra Villalba (17 años)

El Jasy Jatere, aquel niño rubio de ojos azules que solo aparece en la siesta y no se deja ver por nadie porque, por supuesto, posee magia. Muchos recordarán las amenazas de los adultos, induciéndolos a dormir al mediodía, pues en caso contrario, este personaje los raptaría. Algunos comentan que le encanta andar entre niños y, cuanto más lejos se oye su silbido, es porque este se encuentra inmediatamente a nuestras espaldas.

El Karai Pyhare o Señor de la Noche, mejor conocido como Pombéro, es una de las figuras mitológicas más conocidas del país. A los niños, sobre todo en la campaña, no se les permite pronunciar su nombre por las noches, porque se cree que lo irrita y atrae hasta el lugar en donde se está hablando de él. Este duende mágico es malo con la persona que se burla de él; un simple roce con sus peludas manos puede volverla zonza o muda.

El Póra o un ánima en pena, dicen, es un alma que no se salvó y se encuentra vagando por la tierra, asustando a la gente. Puede aparecer en la forma de una mujer, un bulto, una sombra o un ruido inexplicable. ¿Cómo olvidar aquellas noches en las que esta figura no te dejaba dormir?

¿Y cómo no recordar al Karai Vosa o Señor de la Bolsa? Un hombre viejo, huesudo y con una bolsa de arpillera. Sin duda, este personaje era la única razón por la cual comías toda tu sopa o dormías la siesta.

Estos relatos fueron transmitidos oralmente de generación en generación, por lo cual existen distintas versiones de cada uno de ellos, las cuales se mezclan, adoptando las distintas particularidades de cada pueblo. Es así como las historias de todos estos mitos llegaron distorsionadas a nuestros oídos, pero que de todas formas nos aterrorizaron en la niñez.