Taekwondo: ¿arma mortal o medio para autocontrolarse?

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“Autocontrol y defensa son las filosofías del taekwondo. Nosotros, los artemarcialistas, nunca buscamos pelear ni golpear a nadie. La agresión es la última opción”, cuenta Alejandro García (19), cinturón negro tercer dan, quien, además, participó en varias competencias nacionales e internacionales de su modalidad. Afirma que su técnica preferida es el canto de mano, utilizada, principalmente, para romper maderas y ladrillos.

El taekwondo dura para siempre, es un estilo de vida. Al igual que todo deporte, tiene reglas y requisitos que cumplir; cada cinturón posee su programa técnico: defensa, tules, ataques y teorías. “Así como en el colegio, todas las artes marciales respetan sus ejes temáticos, y el alumno debe cumplirlos para subir de nivel y cambiar el color del cinturón”, sostiene Alejandro.

Relata que la actividad que practica requiere de amor y paciencia. “El taekwondo, como todo deporte, exige disciplina, constancia y perseverancia”, puntualiza García. Afirma que todos los taekwondistas tienen sus principios y cada cinturón que la persona va conquistando conlleva responsabilidad.

“Practicamos valores como autocontrol e intentamos paliar las situaciones de conflicto. El contacto físico es la última opción para solucionar los problemas”, dice. Respecto a las películas de Bruce Lee, expresa que tienen muy poco de taekwondo, ya que la finalidad de este deporte no es atacar y golpear al adversario, sino defenderse.

Alejandro asevera que los títulos que obtuvo fueron muy importantes para él, ya que con ellos coronó su esfuerzo, empeño, talento y dedicación. “Tengo varios trofeos nacionales e internacionales que me gratifican como persona, pero lo que más valoro de cada torneo y pelea es la gente que conozco y las amistades que consolido”, manifiesta.

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Respecto a las técnicas, comenta que son varias y cada una de ellas se adquiere de acuerdo al color del cinturón. Cuenta cuál es su favorita: “Mi técnica predilecta es la del canto, utilizada, principalmente, para romper maderas y ladrillos con el revés de las manos”.

Por Javier Morales (19 años)