La Lic. Trinidad aconseja pensar que la Navidad es un festejo espiritual y en la mayoría de los casos la tristeza es debida a un vacío, por eso es importante la reconciliación con Dios y con todas las personas con quien se tuvo diferencias. También ayuda asistir a la iglesia, elevar unas oraciones sinceras (dando gracias y confesando), hay tanto para dar gracias; por la vida, la prosperidad, trabajo, familia, etc.
En cuanto a las relaciones interpersonales es bueno dar afecto a las personas que le rodean, sobre todo dar gracias a los que le acompañaron y apoyaron todo este año (ser agradecido es lo máximo).
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Preguntarse en qué puede colaborar con la familia o en el grupo (cocinando, arreglando, limpiando, etc.).
Pedir perdón y perdonar a alguien.
Entender que lo más importante es compartir, si es posible con la familia. Compartir la comida con el necesitado más próximo. Enviar una tarjetita navideña a alguien que hace mucho no se ve o llamarlo. Invitar a una persona que de verdad necesita de compañía.
En el plano emocional: sobre todo no centrarse en uno mismo, dejar de lado el egocentrismo. Saber que esta fecha no es para ponerse melancólico.
Pensar en ser generoso y compasivo con otros (sobre todo con los ancianos). Preparar un ambiente con colores que alegren la vista y escuchar buena música.
En lo físico: si bien la Navidad no es ni comida, ni bebida, es importante estar bien aseado y perfumado con sencillez, pero presentable. Estas actitudes cambian el humor de mal a positivo y traen sanidad espiritual y mental en las relaciones interpersonales.
No quedarse con los brazos cruzados, hacer cosas que no tienen que ser muy grandes, solo se necesita ser muy sincero y honesto. Viva con alegría y haga felices a los demás.