El doctor Andrés Canese, bioquímico, asistente técnico del Programa de leishmaniasis, del Ministerio de Salud Pública, describe esta enfermedad y cuáles son sus tipos.
“La leishmaniasis se transmite por picaduras del flebótomo, carachá en guaraní, que tiene dos milímetros; el perro es el reservorio.
“La leishmaniasis es antigua, en la actualidad hay 150 casos cada año de la versión visceral, y 200 a 300 casos en la forma tegumentaria. La tegumentaria es la braziliensis en Paraguay y la visceral proviene de la Leishmania infantum”.
Según el experto, “la visceral es una enfermedad que siempre estuvo, ya el doctor Migone la descubrió en América en el año 1911. Los brasileños recién en 1932 encontraron leishmaniasis en Brasil. La enfermedad probablemente ha sido importada por los colonizadores a América porque la visceral no era de América”.
Esta enfermedad como su nombre indica “ataca a las vísceras, no produce lesiones en la piel de las personas, es oportunista. Es decir, los microorganismos no son patógenos no se desarrollan en personas que tienen inmunidad entera, que están bien nutridos. Sin embargo, los niños pequeños, personas con tratamientos con corticoesteroides o con sida, pueden adquirirla más fácilmente”.
Es llamativo pero “la leishmaniasis no tiene medidas de control estandarizadas, ya que no es controlable lastimosamente. Existen medidas que se recomiendan pero mundialmente los casos siempre aumentan, está en expansión”.
El bazo queda afectado
“La enfermedad afecta al bazo, un órgano que se encarga de la inmunidad, y de la construcción de células, se agranda como uno de los signos de la patología”, según el Dr. Canese.
No existe vacuna lastimosamente. “La leishmaniasis visceral una vez que aparecen los síntomas y toma el gobierno del sistema inmunitario, bajan los glóbulos blancos, los glóbulos rojos y las plaquetas”.
