El éxito es más rotundo con ellas. “Las mujeres me dicen que hay pocos lugares para bailar dedicados a gente adulta, y como les encanta moverse al ritmo de la música, la clase les sirve de escape al estrés y a la rutina. Se dicen: ‘este es mi momento, es un tiempo que me regalo’.
Pero no hay que perder de vista las posibles lesiones. “A las nuevas alumnas que llegan a mi clase o cuando comienzo con un nuevo grupo les consulto si tienen algún problema de salud. A veces la gente es muy tímida y no cuenta. Por esa razón, antes de la clase, doy algunas recomendaciones. Siempre mantengo la mirada en las alumnas, para ver cómo siguen la clase, de manera que baje la intensidad si las noto muy cansadas, o reduzca la exigencia del movimiento si veo que en el rostro hay signos de esfuerzo desmedido; obviamente, sin parar la clase. Los instructores de zumba conocemos técnicas para atender esas situaciones; por eso es importante interactuar con los participantes”.
La secuencia ideal
El instructor arma la secuencia ideal de acuerdo a su experiencia, siguiendo una regla de oro: entrada en calor al principio y estiramiento al final. “Entre ambos momentos se eligen ritmos para que el corazón trabaje en forma de onda (lento, más rápido y moderado). Comenzar la entrada en calor y ritmo con una música no tan lenta, ni tan rápida, puede ser un tema latino o un merengue. Después sube la temperatura con una salsa muy alegre, y el corazón comienza a bombear más rápido y con mucha pasión. Sigue un reguetón o una quebradita, para que los músculos trabajen un poco más. Baja un poco el ritmo y la intensidad, con una bachata o flamenco”.
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