“A nuestros hijos les toca vivir en un mundo muy competitivo, con bullying, un continuo y deliberado maltrato verbal y modal que recibe un niño o una niña por parte de otro u otros. Es necesario que se sientan queridos por las personas más cercanas a su entorno familiar. Por esto, la clave del éxito reside en mejorar e incrementar la comunicación entre padres e hijos”.
Los padres con frecuencia se hacen cuestionamientos, se culpan o se sienten confundidos. Pero la profesional orientó: “Lo mejor es ser auténticos y sinceros, con los hijos debemos ser honestos y espontáneos. Ser auténticos exige una coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos”.
Todo esto en la práctica consiste en “dedicar a cada hijo el tiempo que sea necesario, cuanto más cercana sea la relación con nuestros hijos más fuerte será la convicción de estos acerca de su valor personal”. También aconsejó: “Compartir nuestra vida con los hijos es fundamental, a los niños les encanta escuchar anécdotas ocurridas a sus progenitores. Les gusta que los padres les lleven a sus lugares de trabajo o a los sitios que frecuentan con las amistades”.
Indica que “estos aspectos favorecen a que los niños se sientan importantes en la vida de sus padres”. Marina explicó que es importante asignar responsabilidades a los niños porque contribuye a desarrollar en ellos un sentimiento de confianza y además si les pide su opinión les hace sentir valorados.
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“Procuremos transmitir mensajes coherentes: los niños son muy sensibles al lenguaje de los gestos, por esto, se debe tener en cuenta que la distancia física, la velocidad del habla y la expresión facial tengan relación con el mensaje. Un acto vale más que mil palabras”.
La profesional insistió en el “amor incondicional que consiste en la actitud de ayuda generosa a los demás, de servicio desinteresado, de donación para el bien de todos. Estas actitudes exigen frecuentemente el sacrificio de los propios intereses, anteponiendo a ellos el bien y la ayuda al prójimo”. Todo esto les muestra un mundo más humano y servicial.
Amor en la familia
Es verdad que las relaciones familiares pudieran ser en ocasiones difíciles, pues hay diferencias de edades, gustos y preferencias. “Sin embargo, la familia es donde podemos ser como realmente somos y a la gente con la que vivimos aprendemos a quererla, precisamente por eso, porque la conocemos bien”.
El cariño de los padres por sus hijos es uno de los más grandes, se da desinteresadamente, expresó Marina; aunque conocen todos los aspectos de la personalidad, virtudes y defectos, aun así aceptan y quieren a sus hijos.
“El amor en las familias es un ejemplo del sentimiento incondicional, por eso sería un buen detalle demostrar la gratitud por todo lo que se recibe en la familia, diciéndoles a los hijos cuánto los quieren y cuánto valoran que estén a su lado”.
(*) Realizó una maestría en Ciencias de la Familia en la Universidad Anáhuac, ubicada en la Ciudad de México - México.
