El Pantanal que arde pero no muere

Pequeños brotes de pastizales y arbustos, hojas nuevas y aves revoloteando entre las cenizas y ramas ennegrecidas por el fuego, hacen contraste con el verde de un renacer prometedor. La calma se instala en el Pantanal paraguayo, después del incendio más grande de la última década. La Reserva Tres Gigantes parecía devastada, pero la vida se abrió camino y la naturaleza brinda esperanzas, pese a la acción fatal del ser humano.

La naturaleza vuelve a cobrar vida en el Pantanal, meses después de los incendios.
La naturaleza vuelve a cobrar vida en el Pantanal, meses después de los incendios.Ana Lezcano, ABC Color

Cenizas, ramas secas y miles de restos de caracoles quemados; senderos oscuros y fúnebres, con algunos árboles caídos, otros solo ennegrecidos, Este fue el primer panorama que encontramos aquella tarde de setiembre, semanas después de que las llamas hayan consumido más de 61.000 ha (el 61%) de la Reserva Pantanal, que alberga la Estación Tres Gigantes. Sin embargo, todo esto contrastaba con los nuevos brotes que increíblemente ya iban abriéndose paso entre las ramas quemadas.

Para llegar a la estación primero realizamos un viaje de al menos tres horas en avioneta y una hora en lancha. Llegando al territorio chaqueño, nadie podía despegar la vista de las ventanas, ya que el viaje aéreo mostraba paisajes desolados, hectáreas cubiertas de cenizas y ramas aún ardiendo, además de varias columnas de humo a lo lejos.

Paisaje que quedó tras los incendios en la reserva Tres Gigantes del Pantanal Paraguayo.
PUBLICIDAD

Siendo las 11:00, luego de dos paradas, aterrizamos en lo que funge de aeropuerto en Bahía Negra, donde muchas personas aguardaban para recibir sus encomiendas o partir en la avioneta en la que llegamos. Para las personas que nunca antes visitamos esta abandonada ciudad, el polvo resultaba exasperante (pero no tanto como lo fue durante el viaje de regreso: 821 kilómetros en colectivo).

La zona habitacional de Bahía Negra solo tiene tres cuadras, desde el aeropuerto hasta el puerto ubicado a orillas del río Paraguay, donde se encuentran las lanchas que llevan a la Estación Tres Gigantes y al Puerto Caballo. Las temperaturas eran aún bajas ese jueves, en el que incluso tuvimos que portar grandes camperas y, por supuesto, bolsones muy cargados de agua y comida para que nada falte durante esos días aislados en la Estación.

Puerto de Bahía Negra.
PUBLICIDAD

Tristeza, rabia y desesperanza sentimos durante los primeros minutos, sin saber en qué situación encontraríamos uno de los pulmones más importantes a nivel regional que, según veíamos desde lejos, se perdía de manera irremediable. Para sorpresa nuestra, los guardarreservas sin embargo se veían extrañamente más esperanzados, lamentando la tragedia pero con una frase en mente: “La naturaleza es sabia”, como destaca la jefa de manejo de área de la Reserva Pantanal, Carolina Álvarez.

El incesante canto de las aves y el rumor de los monos brincando entre los arbustos y palmeras les daban la razón. Al igual que estos ejemplares que pudimos ver en esos pocos días, sobrevivieron igualmente otros numerosos animales que solo pueden ser vistos con recorridos silenciosos, en puntos clave y con mucho sigilo.

Los karanda'y, desde el mirador del Ciervo de los Pantanos, ubicado en uno de los senderos de la Reserva Tres Gigantes.

A lo largo de los años, el Pantanal ha vivido numerosos incendios, generalmente de menor magnitud, lo cual ha permitido a los pobladores y guardarreservas tener la certeza de que este ecosistema está adaptado al fuego. Las quemazones usualmente se generan a raíz de fogatas hechas por cazadores, indígenas y pescadores, o con los tradicionales rozados.

Álvarez recuerda que días antes de este siniestro, registrado desde el 10 de agosto, todo era verde y lleno de vida, pero con colchones de hojas secas que se amontonaban en todos los senderos. “También nosotros, cuando ocurrió el incendio, nos sentimos muy mal, por pensar que perdíamos la reserva, pero al ver esto (la regeneración), pensamos que tal vez era necesario, pero obviamente ni un fuego se da de manera natural, en esta época no”, acota Álvarez durante el primer recorrido realizado en el sendero Arirai.

Los humedales se salvaron del fuego y dan vida a los paisajes, desde el mirador del Ciervo de los Pantanos.

Entre cenizas y brotes

La reserva tiene tres senderos principales: Arirai, Tatú Carreta y Jurumi, en honor a tres de los mamíferos más importantes que habitan en esa zona: la nutria gigante, el armadillo gigante y el oso hormiguero, respectivamente.

La delegación de periodistas llega a la Estación ya pasado el mediodía de un frío jueves y, como la mayoría debía volver a la ciudad, rápidamente se inicia el primer recorrido por el sendero Arirai. Carolina Álvarez y Lourdes Matozo, guardarreservas del Pantanal, encabezan el tour.

“La última vez que vine todo esto era verde”, recuerda sorprendida una de las colegas al caminar por los pasillos negros y con un fuerte olor a madera quemada. El sendero Arirai está ubicado a la izquierda de la Estación y tiene 1.100 metros de largo. Alberga el Mirador del Ciervo de los Pantanos, cuya vista ofrece la posibilidad de comparar las áreas verdes que sobrevivieron con las zonas secas y quemadas.

En medio de las ramas incendiadas y oscuras, contrasta el verde de pequeños arbustos emergiendo junto a los pastizales y árboles. El mismo color inunda las copas de algunos karanda’y que fueron capaces de resistir al fuego y se entremezclan con las hojas ennegrecidas que aún no caen de las ramas.

Los pequeños brotes verdes anuncian la vida en el Pantanal.

Realizando los primeros monitoreos, los guardarreservas encuentran plantines de payaguá naranja, ñandypá y aromita, que empiezan a rebrotar intensamente. “Estamos aprendiendo mucho de los animales. Por ejemplo, las semillas del karanda’y se acumulan muchísimo y solo se quemaron las que están arriba, entonces los animales sacan las de abajo”, cuentan a la par Carolina y Lourdes.

Y no solo las plantas dieron vida al primer trayecto: también un pequeño mono Tití apareció brincando entre las ramas de un karanda’y observando atentamente a los extraños que recorrían su hogar.

“¡Ahí!”, apunta Carolina para que todos podamos apreciar a un hermoso ejemplar de jacamara, conocido como un “picaflor gigante”, que brincaba entre las pequeñas ramas de los arbustos. Todos maravillados, observamos y sigilosamente captamos ese instante en la siguiente fotografía.

El conocido como "picaflor gigante", posándose en las ramas del sendero Arirai.

Naturaleza adaptada al fuego

Con nuestros modestos conocimientos sobre la materia, la mayoría de los visitantes nos vimos sorprendidos al ver que las hojas rebrotaban verdes en los árboles y los suelos negros cobraban vida con pequeños arbustos que renacían.

La sabana palmar es la ecorregión que predomina en la Estación y está fundamentalmente compuesta por el caranday y pastizales naturales que ocasionalmente están inundados. “Los incendios lo que hacen es que, cuando ocurren, toda esa materia orgánica, el colchón de hojas que se estaba acumulando a lo largo de los años, cuando se consumen por las llamas, dan paso a la renovación, a que salgan nuevos brotes y se regenere el ecosistema. Como son especies de rápido crecimiento, ante la primera lluvia empiezan a resurgir”, explica Carolina, mientras parte una fruta de aromita totalmente quemada y muestra que las semillas dentro pueden servir para nuevas plantas o para alimentar animales.

Cabe destacar que cada ecosistema, y especialmente los que conforman esta zona del territorio chaqueño, tiene su dinámica y proceso de recomposición ecosistémica natural. “Si no tenemos eventos negativos como otros incendios en el mismo sitio y en la misma dimensión y presión, tendríamos una mayor concentración de volumen de vegetación y con eso el regreso de la fauna asociada a ese ecosistema”, destaca al respecto Darío Mandelburguer, director general de Protección y Conservación de la Biodiversidad del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades).

Los paisajes verdes se entrelazan con los arbustos quemados.

El ciclo completo de este ecosistema suele ser en un año, por lo cual, según Mandelburguer, ese podría ser el tiempo que se tome la naturaleza para recuperarse por completo. Claro, siempre y cuando no volvamos a tener siniestros ocasionados por el hombre. Estas temporadas de lluvias ayudarán a la reaparición de los vegetales y, con ellos, las aves y mamíferos.

Por su parte, el presidente de Guyra Paraguay, José Luis Cartes, comenta que en el Pantanal no predominan los bosques sino los campos cubiertos de herbáceas y palmares. Este tipo de naturaleza presenta fenómenos naturales como la combustión espontánea y “la acumulación de materia orgánica se transforma en carbón altamente inflamable”.

Por ese motivo, afirma Cartes, la vegetación está adaptada a los incendios y esto quedó comprobado con el historial de incendios que ocurrieron con el correr de los años. En 2009, por ejemplo, se generó uno de igual magnitud que el actual. “Vimos que se observan ciclos de 10 años”. En esa ocasión, la vegetación se recuperó con el correr de los meses y años, aunque no hay registros exactos sobre ese proceso.

Los nuevos brotes sorprenden en medio del paisaje asolado.

Los más pequeños, los más afectados

“La flora tiene mucha capacidad, pero la fauna requiere lugares naturales donde refugiarse. Y lastimosamente hay mucha mortalidad, sobre todo de los más pequeños. Y cuando son muy grandes se refugian en lugares inadecuados. Además, el área queda con muy poca oferta de comida, lo que implica mucha visibilidad que es propicia para la cacería. (Todos los animales) se vuelven más vulnerables a la cacería”, evalúa el presidente de Guyra.

Se cree que es probable que muchos hayan muerto en sus madrigueras al intentar huir y encontrar sus cuerpos para cuantificar la pérdida será imposible. Sin embargo, poco a poco empiezan a avistarse varias especies en los tres senderos de la Reserva. Solo se encontraron dos sin vida: un murciélago con las alas quemadas y un mono tití, que se presume falleció a raíz de una asfixia por inhalar humo.

Las aves se acercan a la Estación, en busca del área verde que no fue afectada.

“Yo creo que así como la vegetación está preparada para sufrir estos cambios que son necesarios, también la fauna está preparada. Los animales son muy sabios y usan diferentes mecanismos para enfrentarse a estos eventos. Vimos muchos animales que no sabíamos que podían nadar, como el zorro salvaje, ciervos y venados, cruzar nadando el río, al igual que el yaguareté y un puma”, cuenta maravillada Álvarez mientras apunta a las aguas desde el Mirador del Pantanal.

Y tal y como lo sostiene la guardarreservas, muchos animales se dejan ver en cortos periodos de tiempo dentro de los senderos. El jurumi fue el menos afectado por las llamas y dentro pudimos apreciar la mayor cantidad de especies durante nuestra corta estadía en el lugar.

El silencio fue crucial para poder apreciar a varios animales: el primero fue un tatu hũ o armadillo negro (Dasypus novemcinctus), que recorría los arbustos secos en busca de comida. Durante varios minutos, posó ante la cámara mientras escarbaba, hasta que finalmente corrió para refugiarse en su madriguera que, por cierto, estaba totalmente rodeada de cenizas, lo cual indica que el fuego lo amenazó considerablemente.

El tatú se refugió en su madriguera, que probablemente lo resguardó de las llamas, a juzgar por las cenizas que la rodean.

Vea más fotos de este animal en la siguiente galería: El armadillo, buscando alimento

Unos pasos más, todavía faltaba mucho para el mediodía, y el primer avistamiento del día brindaba esperanzas. Ruidos fuertes en las ramas y lo que parecía ser el llamado de un primate. En lo alto de un karanda’y, observaba intimidantemente un karaja macho (Alouatta caraya). En segundos, pasó de un árbol a otro hasta encontrarse con su pareja y, juntos, observaban a los intrusos desde una palmera muy alta.

Luego de varias capturas y miradas intimidantes (véase en la siguiente foto), decidimos dejar tranquila a la pareja seguir con su rutina mientras con sigilo nos retiramos de entre los arbustos para retomar el sendero.

Alouatta caraya macho en el Pantanal Paraguayo.

Vea más fotos de este animal en la siguiente galería: Una pareja de karaja en el Pantanal

“Al costado del mirador, esperen y sí o sí verán algo”, había recomendado Carolina antes de aventurarnos a caminar por allí. Tenía razón: apenas unos minutos después, mucho movimiento entre las hojas alertaba el acercamiento de algún animal y entre la adrenalina de saber qué era y la ansiedad por poder captarlo, un paso atrás y ¡zas! Era una inocente pareja de grandes iguanas.

Esas y todas las hermosas aves que posaban y cantaban en los alrededores acompañaron los últimos minutos de la visita a la Estación, en los cuales resonaba una última duda:

El fuego, ¿es beneficioso?

Según Mandelburguer, el ecosistema más amplio del Pantanal es el de la sabana palmar, luego los humedales que bordean los ríos y, finalmente, el cerrado. Es precisamente este último ecosistema mencionado el que mayormente se beneficia de los incendios en cierta manera. El cerrado está formado por arbustos con muchas espinas, especies achaparradas, no arbóreas ni de posturas altas.

“Necesita a veces la acción del fuego para poder activar su proceso biológico, entonces es necesario para que se pueda propiciar el desarrollo de la especie. Entonces, el fuego en sí es bueno para su especie”, explica el especialista. Sin embargo, las quemazones de gran magnitud se vuelven incontrolables

Cartes también se refiere al respecto: “La función del fuego en este tipo de ecosistema es mantener su condición de sabana y evitar que se llene de arbustos, porque estos no aguantan el fuego y predominan las herbáceas, pues mantienen su vida bajo la tierra”.

Una iguana recorriendo los senderos.

En los años 1999, 2001 y 2009 se registraron eventos de similar magnitud al de este año. Por ejemplo, en 2009 se reportaron 46.825 ha quemadas en toda el área del Pantanal, números similares a las 61.000 registradas en los meses de este 2019.

Esos eventos, si bien probablemente habrán ocasionado numerosas pérdidas a nivel silvestre, no acabaron con la biodiversidad en el Pantanal, pues cada año la naturaleza se renueva y tanto animales como plantas sobreviven y resurgen tras las llamas.

Lo cierto y concreto es que durante todo el viaje de regreso a Asunción, las casi 25 horas abrumadoras por el polvo del camino chaqueño, resalta nuevamente la afirmación: la naturaleza es sabia. Durante décadas, ha logrado recuperarse de varios incendios y sin intervención humana.

Es sumamente necesario analizar los factores que inciden en la propagación masiva y cómo las autoridades pueden adoptar políticas para controlar más rápidamente el fuego y evitar su crecimiento desmedido. Los expertos, en este sentido, recomiendan la quema controlada, pero este asunto será abordado a profundidad en una siguiente entrega: ¿Qué pasó en el Pantanal?

Esta publicación participa de la tercera edición del Premio Pablo Medina de Periodismo Ambiental que organizan el Foro de Periodistas Paraguayos (FOPEP) y el Instituto de Derecho y Economía Ambiental (IDEA) en el marco del proyecto Pantanal-Chaco (PaCha), con el apoyo de The International Union for Conservation of Nature (IUCN). Las fotos fueron captadas entre el 12 y 15 de agosto.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD