Al son de la Chacarita

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Una joven oriunda del popular barrio capitalino encontró en la danza no solo una forma de vida, sino también un instrumento de ayuda para niños y jóvenes de su comunidad.

La danza y Ana Garcete unieron sus vidas hace 19 años, cuando la entonces niña de apenas cinco acompañó a sus primas a una academia como becada; pasado el tiempo, problemas económicos impidieron la continuidad de los estudios y así ocurrió el primer distanciamiento, cuenta la entrevistada, quien ahora es responsable de la primera academia de danza proveniente del mítico Ricardo Brugada.

Luego de tres años, retomó sus estudios e inició una carrera bailando en los programas televisivos y ganando concursos como coreógrafa, entonces el paso siguiente -según cuenta- era la apertura de una academia de danzas, primero en Sajonia y luego en el microcentro de Asunción, donde ya tuvo oportunidad de recibir a niños de la Chacarita.

La sede definitiva finalmente se asentó en el corazón del barrio Paraguarí y Comuneros, donde desde hace tres años funciona la Academia Integral de Danza Cimeysha, la primera formal y con varios estilos que van desde el clásico y folclórico hasta la danza moderna y ritmos latinos, como así también educación musical. 

Este logro fue fruto del sacrificio de enseñar en dos colegios y mucho del apoyo de los propios pobladores, quienes veían en la academia una oportunidad de que los niños aprovechen el tiempo libre después de la escuela. Gracias a esto, la academia cuenta con espejos y barras como las demás y una enseñanza de variados estilos.

El primer año llegaron 20 niños y al siguiente, otros 25. Sin embargo, muchos niños, a pesar del interés, no contaban con suficiente apoyo familiar. El sustento de la academia proviene de participación en eventos artísticos y en todo tipo de actividades promovidas por la comisión de padres, además de las cuotas, que son mas bien simbólicas, expresó.

La escuela tiene un reconocimiento tal que su elenco es frecuentemente convocado a participar de las actividades culturales promovidas por la Municipalidad de Asunción. "Bailamos en cumpleaños de gente importante y era una revolución cuando nos presentaban como la escuela del barrio Ricardo Brugada, pensaban que escuchaban mal o directamente no creían", comentó.

Gracias a esto pudieron -en 2014- alquilar el teatro del Centro Cultural Paraguayo Americano para la realización del primer festival de clausura, un momento en que se entremezclaron todo tipo de emociones, puesto a que muchos niños pisaban por primera vez un escenario en un teatro que, por cierto, estaba colmado de gente, con entradas vendidas por completo dos semanas antes. "Fue algo indescriptible: algunos reían, otros lloraban de la emoción, otros sentían miedo, adrenalina; en fin, fue un momento único", cuenta Ana.

La segunda edición el festival de clausura está prevista para el mes de octubre; mientras tanto, el elenco continúa con los ensayos sin importar el clima y mucho menos los estigmas.