El pasado 2 de abril, la Asamblea General de la ONU hizo historia al aprobar por amplia mayoría el primer Tratado sobre el Comercio de Armas. Amnistía Internacional fue uno de los gremios en el mundo que lucharon por concretar este anhelado sueño.
Sin embargo, ¿cuál es su alcance? ¿En qué ayudará un tratado internacional? ¿Cuál será el compromiso de los países? Estas y otras preguntas responde Fabián Forestieri, representante de Amnistía en Paraguay.
¿Cuántos años de lucha tuvieron que enfrentar para lograr un tratado sobre el comercio de armas?
Amnistía Internacional ha tenido un papel decisivo en los esfuerzos realizados por la sociedad civil y varios galardonados con el premio Nobel de la Paz desde principios de la década de 1990 para conseguir unas normas globales sólidas y jurídicamente vinculantes sobre las transferencias internacionales de armas que pongan freno a las transferencias de armas que fomentan las atrocidades y los abusos.
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El tratado ha sido aprobado tras más de seis años de deliberaciones de la ONU, en un proceso que comenzó en diciembre de 2006, cuando la Asamblea General de la ONU decidió pedir a todos los Estados miembros su opinión sobre la viabilidad, el alcance y los parámetros de un tratado para regular la transferencia internacional de armas convencionales.
Estamos muy orgullosos de tantos años y esfuerzos llevados por nuestro movimiento.
¿Cuál era el obstáculo principal y cuáles los secundarios?
Si se piensa en el poder político y los amplios intereses económicos que están en juego para los grandes productores y exportadores de armas, este tratado constituye un gran hito y homenaje tanto a la sociedad civil que defendió la idea de salvar vidas y reducir el sufrimiento humano como a los gobiernos que hicieron caso a ese llamamiento.
El principal obstáculo se resume en la enorme incidencia de uno de los negocios más importantes en el mundo y el gran poder político militar en juego.
En los próximos cuatro años, el comercio anual de armas convencionales, municiones, piezas y componentes superará los 100.000 millones de dólares estadounidenses.
Como en todas las negociaciones de esta índole, no se ha conseguido todo lo que se pretendía –por ejemplo, las municiones no están plenamente incluidas en todas las disposiciones del tratado– pero, dado que su reforma es posible y que contiene numerosas normas sólidas, este tratado ofrece una sólida base sobre la que construir un sistema internacional dirigido a controlar el flujo de armas a quienes van a cometer atrocidades con ellas.
¿Qué significa tener un tratado sobre el comercio de armas?
El Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA) es en este momento un proyecto de texto que aspira a crear criterios comunes y reglas comunes para regular mejor el flujo internacional de armas con objeto de reducir el sufrimiento humano.
El tratado obliga a todos los gobiernos a evaluar el riesgo de transferir armas, municiones o componentes a otros países donde puedan ser utilizados para cometer o facilitar graves violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos.
Los Estados han acordado que, si ese riesgo fundamental es real y no puede mitigarse, la transferencia no se lleve a cabo. El tratado adoptado afecta a las principales categorías de armas convencionales, incluidas las armas pequeñas y las armas ligeras, que producen cantidades ingentes de víctimas civiles y proliferan en países con conflictos de baja intensidad y en situaciones de violencia armada.
El derecho humanitario y el derecho de los derechos humanos se situaron en lo más alto de la lista de criterios. El tratado adoptado afecta a las principales categorías de armas convencionales, incluidas las armas pequeñas y las armas ligeras, que proliferan en países con conflictos de baja intensidad, violencia armada y cantidades ingentes de víctimas civiles.
La Dimabel dice que en el Paraguay existen 360.000 armas registradas. Amnistía Paraguay, ¿en cuánto estima la cantidad de armas ilegales?
Es así en Paraguay, según datos de la Dirección de Material Bélico (Dimabel), en manos de civiles se encuentran unas 360.000 armas registradas; sin embargo, no se cuenta con un estudio que revele la cantidad exacta de armas de fuego que existen en nuestro país.
Algunas estimaciones no oficiales incluso barajan cifras cercanas al millón.
¿La venta ilegal de armas está siempre vinculada a otros ilícitos? ¿Cuáles?
Las mujeres se ven afectadas sobremanera, en aspectos que a menudo son invisibles y de los que apenas se habla. También se puede observar un efecto desproporcionado en los niños y niñas y en las personas jóvenes. En algunos países se recluta a niños y niñas para las fuerzas armadas y para grupos armados y se les obliga a combatir.
El narcotráfico, la violencia intrafamiliar, la represión de fuerzas de seguridad en regímenes opresores, son solo algunas de las caras de este drama global.
El uso irresponsable de armas de fuego aumenta las posibilidades que las personas resulten heridas o muertas accidentalmente, de que el arma sea usada en asaltos, homicidios, suicidios, robadas por los asaltantes o utilizadas en contra de aquellas personas que las han comprado para su seguridad.
¿Cuántas armas ilegales habría en el mundo y qué país es el más afectado?
Si bien no existe un registro global de armas, lo cual este tratado podría facilitar, se calcula que, sólo en 2012, el comercio internacional de armas movió unos 100.000 millones de dólares estadounidenses, mientras que un par de años antes se comerció por valor de 80.000 millones de dólares, así que está creciendo con rapidez.
Y si se suman todos los servicios relacionados, incluidos los militares y los de construcción, por ejemplo, su valor es del orden de 120.000 millones de dólares.
Es un comercio de productos muy peligrosos, muy mortíferos, diseñados para matar y mutilar. Como no está sometido a un control muy estricto y cuidadoso, millones de personas mueren o sufren mutilaciones.
¿Se tiene una estimación sobre las muertes ocasionadas por armas ilegales?
Se calcula que aproximadamente medio millón de personas mueren cada año por la acción de armas de fuego. Se producen muertes en el campo de batalla, pero también a causa de la represión de los Estados y a manos de bandas delictivas.
Además, muchos millones de persona mueren en todo el mundo porque se les niega el acceso a atención de la salud, agua o alimentos cuando se ven atrapadas en conflictos alimentados por el flujo incontrolado de armas. En la República Democrática del Congo, por ejemplo, se calcula que más de cinco millones de personas han muerto indirectamente debido al conflicto armado desde 1998.
Y, desde luego, no se trata sólo de muertes. Por cada persona que muere en un conflicto armado, hay que contar las muchas que resultan heridas o sufren tortura, abusos o desaparición forzada, o son tomadas como rehenes debido al conflicto armado y la violencia armada.
El problema es de unas proporciones absolutamente ingentes y puede destrozar todas las áreas de la vida y los medios de sustento de la gente.
