He visto varios buenos equipos en el mundo en mis 40 años. Si hago un rápido repaso puedo poner al Barcelona de Guardiola en primer lugar y pasar por el Milán de Arrigo Sacchi y Fabio Capello, el Sao Paulo de Telé Santana, el Real Madrid de los galácticos, el Ajax de Louis van Gaal y, sin dudas, el Olimpia de 1990.
Ya escribí años atrás un artículo sobre el Olimpia que fue campeón de América 1990. Contaba en ese entonces que el mismo comenzó a gestarse en el año 1988, cuando Osvaldo Domínguez Dibb volvió a traer para técnico del primer equipo a Luis Cubilla, el mismo que había llevado al Decano al logro máximo en el '79 en la Bombonera y después a ser campeón del mundo.
Dos años de trabajo que se coronaron de la mejor manera, y eso que no comenzó bien. En el '88 integró uno de los grupos de la Libertadores con Cerro Porteño y los bolivianos Bolívar y Oriente Petrolero. Ambos equipos paraguayos quedaron fuera en la primera fase. En 1989, Olimpia estuvo en el grupo de Sol de América, Colo Colo y Universidad Católica de Chile. Ese año se dio un resultado muy protestado por los chilenos: un 5-4 de Sol en la Olla.
Olimpia en octavos de final jugó con Boca Juniors, al que eliminó por penales en La Bombonera. Después dejó atrás a Sol de América para jugar semifinales ante el Inter de Porto Alegre. El primer partido fue favorable al equipo rojo por 1-0 en Asunción, pero en la vuelta, el franjeado ganó 3-2 y también se impuso por penales.
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La final fue ante el Atlético Nacional de Medellín, que era la base de la selección colombiana con Francisco Maturana como técnico. Aquí, en el Defensores, Olimpia ganó 2-0, perdió por el mismo marcador en Bogotá y cayó en una infartante definición por penales.
Olimpia fue bicampeón de Paraguay: en 1988 y 1989. Ingresaba a la Copa Libertadores con la idea de llegar lo más lejos posible y armó un gran equipo sostenido por un arquero como Éver Hugo Almeida, continuando con gente como Gabriel González, Luis Monzón, Adriano Samaniego y un delantero excepcional como Raúl Vicente Amarilla. El Decano comenzó ganando a Cerro Porteño 2-1 con goles de Adolfo Jara Heyn y Luis Monzón.
Después, recibió a Gremio, al que derrotó por 1-0 con un tanto de Jorge Guasch. El equipo sensación de Brasil era el Vasco da Gama con su joven figura Bismark. Olimpia, con goles de Gabriel González y Adriano Samaniego, le ganó por 2-1 en Asunción y aguardaba la revancha del clásico ante el Ciclón. Ese fue un partido con alternativas cambiantes, que terminó a favor de Cerro Porteño 3-2.
Adriano Samaniego y Robson Retamozo anotaron para el Decano, que fue a Brasil a asegurar la clasificación. En un día lluvioso de abril, empató en Porto Alegre 2-2 con Gremio con dos goles de Adriano Samaniego. Vale recordar que Raúl Amarilla no jugó esa fase porque había ido a jugar al exterior. Contra el Vasco fue derrota de 1-0.
Los equipos colombianos no tomaron parte de la edición 1990 de la Libertadores, por lo que Olimpia pasó directo a los cuartos de final. Raúl Vicente Amarilla estaba de vuelta con el mítico número 24 en la espalda.
Los cuartos de final pusieron frente a Olimpia a la Universidad Católica de Chile. En Asunción fue victoria 2-0 con goles de Amarilla y después vino un partido que hasta hoy es uno de los mejores que vi: el 4-4 en el estadio San Carlos de Apoquindo. Olimpia tuvo una gran actuación para dejar fuera de camino a los cruzados con goles de Adriano Samaniego, Luis Monzón (2) y Gabriel González.
Las semifinales eran la repetición de la final de 1989 ante Atlético Nacional, el primero en Santiago, porque en cuartos de final el árbitro Juan Cardellino recibió amenazas de muerte en Colombia. Fue victoria de Olimpia con dos golazos: el primero de Adriano Samaniego y el segundo de Raúl Vicente Amarilla. En el Defensores, Olimpia perdía 3-1 y poco antes del final empató Luis Monzón para llevar el partido a la definición por penales, donde fue mejor el equipo paraguayo.
El final ya lo sabemos: Olimpia ganó 2-0 en Asunción y fue a Guayaquil con una apreciable ventaja para lograr su segunda corona. Dicen que el árbitro estuvo a favor de Olimpia, pero lo que no cuenta el expresidente del Barcelona es que Luis Acosta no pudo marcar un penal. Cuando el partido estaba favorable a los ecuatorianos, el gran Raúl Amarilla anotó el gol del empate, el que le dio al Decano su segunda Copa Libertadores.
Ese equipo no se quedó ahí: ganó la Supercopa con exhibiciones futbolísticas increíbles como contra los uruguayos. A Peñarol le ganó en semifinales propinándole una goleada de 6-0 en el Defensores y en la final ante el Nacional de Montevideo estuvo inspirado en el Centenario para ganar 3-0 y después empatar 3-3 en Asunción para adjudicarse la Supercopa y, por ende, la Recopa Sudamericana sin llegar a jugarla.
Echar un manto de dudas sobre un equipo que en esa época tuvo tres finales de Libertadores, ganando una, que ganó la Supercopa siendo muy superior a sus adversarios, es de necios y de poco conocedores del fútbol. Ese equipo en el año 1990 llegó al máximo nivel de rendimiento y solo fue superado por el mejor Milán de la historia en la final Intercontinental.
Hay cosas que en el fútbol no tienen explicación, pero no se puede poner en duda a un equipo que tenía magia en los pies de Raúl Amarilla, Luis Monzón y Gabriel González, acompañados en la zona ofensiva por la potencia de Adriano Samaniego y en el arco por la seguridad de Éver Almeida. Ese equipo no necesitaba ayudaba para ganar todo lo que ganó. Lo hizo simplemente porque fue el mejor.
