En el caso de la vista, mencionamos que su alto porcentaje de relevancia al volante y la rapidez con que el alcohol la afecta son dos motivos que deberían invitarnos a prestar un poco más de atención y observar los cuidados necesarios.
El deterioro de la visión es paralelo al nivel de la alcoholemia, y la causa del detrimento funcional radica en el efecto relajante de la bebida sobre los músculos responsables del control fino del ojo, de la regulación de apertura del iris y el enfoque logrado.
La relajación provocada por cualquier tasa de alcohol interfiere en el movimiento voluntario de los globos y de la forma de los lentes oculares, lo que a la vez reduce la habilidad para buscar rápidamente, enfocar y seguir objetos en movimiento.
A esto se suma que los ojos se mueven con menor frecuencia, fijándose por tiempos más prolongados en determinadas áreas, lo cual impide percatarse de lo que sucede en el resto de la escena que rodea al individuo.
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Asimismo, afecta de modo considerable la visión nocturna, con lo que se dificulta la tarea de búsqueda y de seguimiento con apenas una luz tenue y del reconocimiento de los objetos en el camino. Esto implica un serio problema, considerando que el chofer debe percibir un campo visual de 360º, es decir, ver adelante, a los dos costados y atrás.
Aparte de la vista, quien maneja un auto necesita mantener sostenidamente una actitud de vigilancia o alerta total, pues cualquier descuido podría producir un accidente.
También requiere dividir la atención entre los múltiples sucesos que se suscitan en el itinerario y enfocarla en cada situación concreta. Anticipar, evaluar y resolver el riesgo actual y potencial de cada acción. Al mismo tiempo, efectuar durante el viaje entero una serie de cálculos de tiempo y espacio y predecir las acciones del otro conductor para decidir las suyas.
Ese listado de cosas hace que tenga que soportar altos niveles de estrés y tensión emocional, por la combinación de sentidos que trabajan simultáneamente, además del terrible caos vehicular muy común en nuestro país.
De acuerdo a datos estadísticos extraídos del libro "Beber ante el peligro", en cada kilómetro recorrido se observan en promedio 125 situaciones diferentes y se toman 12 decisiones operativas; cada 10 kilómetros se cometen tres errores y cada 800 kilómetros están en riesgo de sufrir un accidente serio.
