Salamandra, esencial

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RESEÑA. Algún día llegaron desde Ypacaraí, y la postal registrada en su primer DVD acústico lo demuestra: llegaron para quedarse.

Era agosto de 2011, cuando la banda celebraba un nuevo aniversario, de una manera muy especial. Las imágenes fueron registradas en el Teatro Municipal de Asunción, y –más de un año después– salieron a la luz, editadas en “Salamandra Acústico”, un DVD –aunque técnicamente reprochable– tan artesanal como necesario.

Necesario, porque la banda de Javier Zacher (guitarra y voz), Willy Chávez (guitarra y coros), “Cachito” Galeano (bajo y coros) y José “Bato” Gaona (batería) es de las mejores sorpresas masificadas dentro de la escena del rock hecho en Paraguay.

Y ello podrá advertirlo desde el primer minuto, con los primeros acordes de “Todo en tu cabeza”. Ellos sentados, allí, pero con la misma esencia sísmica. Será entonces cuando suene –y resuene– el estribillo, que habla de esas “canciones de otros, pero todo en tu cabeza”. Esta vez, las canciones son de ellos… pero también de su público, y ellos lo saben. Porque también así queda demostrado en “Suéltame tierra”, otro hit cuyo estribillo –que no repite más que esas dos palabras– bastan para definir su estallido emocional.

El material cuenta con invitados especiales, como el maestro Remigio Pereira, quien tuvo a su cargo el trombón en la casi ‘tanguera’ “Malos Pasos”, donde Zacher canta: “No me servís de nada, si ya no estás acá”.

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Las raíces del rock latino regresan con “Amor fisura”, que también pudieron ser acompañadas por un Fernando Olvera y algún solo de Santana.

En el repertorio seguirá ese lamento hecho canción, llamado “Bala perdida”, así otro como inevitable “hit”, “Disomnilan”. “Nos vamos a robar esa nave espacial / nos tenemos que escapar / no nos podemos quedar”, reza la letra, que sirvió para que miles de adolescentes paraguayos se identifiquen con los nuevos ídolos del rock nacional.

“La frecuencia” –“otra que sabemos todos”–, se llena de la fuerza de los solos de Chávez y el candor de los arreglos de cuerda.

“Esperar” (un tema “viejísimo”, según define el vocalista), se muestra ante una versión perfectamente arreglada para violines. Los ritmos latinos volverán con la historia de persecución de “Papelillo blanco”, mientras José “Bato” Gaona se prepara para hacer lo suyo, como invitado especial en “Finnito”, otro éxito de la banda. “Voy a buscarte hoy por todas partes / todos desaparecemos/ pero volveremos a estar otra vez”, dice la letra, tan simple como válida.

Entre gritos, llega el momento de “El lugar”, aquel tema de Salamandra que –tiempo después– sonó hasta el cansancio en un spot realizado para una telefonía nacional, y que sirvió para reafirmar el lugar que alcanzó la banda proveniente de Ypacaraí.

Entre una versión intimista de “Té de cianuro”, la melódica “Estás” y la metafórica “Alkatraz”, el concierto se despide, con “Corazón karateka”. “¡Gracias!”, dirá el vocalista: perdido en un grito que el público responde con euforia… y más gritos.

Pese a errores de técnica –desde movimientos bruscos de cámaras, tomas desaprovechadas, hasta un sonido altamente mejorable–, “Salamandra Acústico” es el reflejo de un rock nacional ascendente, que no le teme a bucear entre las aguas de la composición, y a letras y melodías que definen su propia esencia. Porque, después de todo –y a las pruebas me remito– el rock guaraní encontró en Salamandra su mejor manera de sobrevivir.