“La calle del terror Parte 1: 1994”

Una interesante adición al cine de terror juvenil que ostenta un entretenido elenco de jóvenes protagonistas, buena música y alguna que otra secuencia cuya brutalidad tomará por sorpresa incluso a los más ajados fans del terror cinematográfico.

Julia Rehwald, Fred Hechinger y Kiana Madeira en "La calle del terror Parte 1: 1994".
Julia Rehwald, Fred Hechinger y Kiana Madeira en "La calle del terror Parte 1: 1994".Netflix

(Disponible en Netflix)

El autor R.L. Stine es quizá más conocido por su serie de libros infantiles de terror Escalofríos y sus adaptaciones a televisión y cine, pero su otra serie de novelas Fear Street (o La calle del terror), centradas en historias con protagonistas de mayor edad, llega ahora al cine con una trilogía que se permite explorar cuestiones más adultas y, de paso, darle rienda suelta a la violencia.

La primera de estas tres películas que Netflix estrena de forma semanal durante julio es La calle del terror: 1994, que introduce al pueblo de Shadyside, el típico poblado suburbano estadounidense que ha albergado a un inusitado número de notorios asesinos a lo largo de su historia y, a sabiendas de solo algunos de sus habitantes, alberga un perturbador secreto que data de la época de las cacerías de brujas del siglo XVII.

Por una serie de circunstancias que resultan de una ruptura romántica, una virulenta rivalidad entre los estudiantes de Shadyside y la cercana y más pudiente localidad de Sunnyvale, y un acto de hostigamiento que acaba en un accidente de auto, un grupo de estudiantes de Shadyside acaba bajo la influencia de una maldición, y un trío de imparables asesinos sobrenaturales comienza a perseguirlos.

Filtrando el colorido de la década de 1990 a través de una penumbra perpetua, y poniéndole a su acción una cortina de intensidad orquestral de parte de Marco Beltrami, Anna Drubichy Marcus Trumpp que cada tanto cuela en su banda sonora clásicos de artistas como Nine Inch Nails, Iron Maiden, Garbage, Cypress Hill o Radiohead, la película captura el espíritu de los noventa más que una estética o pieza cultural explícita como lo haría, por ejemplo, la serie Stranger Things y su adoración fetichista por la cultura popular de los ’80.

En todo caso el estilo de terror del filme es un homenaje tanto a los clásicos slasher de los ’80 - con todo y una versión propia del Jason Vorhees original pre-máscara de hockey como uno de sus villanos – como a los filmes más meta-textuales e irónicos del género en los ’90 como Scream, pero con una bienvenida dosis de diversidad racial y sexual que uno no encontraría en las películas de la época.

Más allá de sus ingeniosos homenajes, argumentalmente la historia no es la gran cosa, siguiendo una estructura bastante normal para el género - los protagonistas descubren la amenaza sobrenatural, van buscando formas de detenerla investigando el pasado del pueblo, y finalmente plantan cara a los monstruos –, y quizá se pierde un poco de impacto hacia el final cuando la historia debe quedar obligatoriamente incompleta para dar pie a la secuela de esta semana.

Pero el cuarteto protagonista es tan carismático y entretenido que esos defectos acaban teniendo poco peso.

La relación romántica entre Deena (Kiana Madeira) y Sam (Olivia Welch) y la forma en que el fatalismo de la primera y la inseguridad de la segunda se interpone entre su felicidad, o la forma en que Josh (Benjamin Flores Jr.) va ganando confianza a medida que la historia avanza es todo drama adolescente de primera, y Kate (Julia Rehwald) y Simon (Fred Hechinger) redondean el elenco como un par de jóvenes casi cómicamente intrépidos pero enormemente divertidos.

Es algo realmente básico, pero el suspenso suele tener más... suspenso cuando a uno le importan los protagonistas. La amenaza de violencia es más palpable.

Y hablando de violencia, por lo general la película no es excepcionalmente brutal más allá de una cantidad de sangre un poco mayor a la que uno vería en algo como Scream o Sé lo que hicieron el verano pasado hace veintitantos años, pero cada tanto la película sube la intensidad de forma inesperada e impactante.

Hay una muerte en particular, hacia el final de la película, que es tan cruda y chocante – por varias razones – que podría sorprender incluso a quienes tengan experiencia con el cine de terror más visceral de los ’70 u ’80.

La calle del terror: 1994 no es un filme particularmente aterrador, pero sí es un gran homenaje al cine de horror que, para variar, tiene más que ofrecer aparte de simple nostalgia vacía.

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LA CALLE DEL TERROR PARTE 1: 1994 (Fear Street Part 1: 1994)

Dirigida por Leigh Janiak

Escrita por Leigh Janiak y Phil Graziadei (basada en libros de R.L. Stine)

Producida por Peter Chernin, David Ready y Jenno Topping

Edición por Rachel Goodlett Katz

Dirección de fotografía por Caleb Heymann

Banda sonora compuesta por Marco Beltrami, Marcus Trumpp y Anna Drubich

Elenco: Kiana Madeira, Olivia Welch, Benjamin Flores Jr., Julia Rehwald, Fred Hechinger, Ashley Zukerman, Darrell Britt-Gibson, Maya Hawke, David W. Thompson, Gillian Jacobs