Hace algunos años, aprender una palabra nueva en guaraní podía significar preguntarle a alguien de la familia, buscarla en un diccionario o esperar a que apareciera en una clase. Hoy también puede ocurrir mientras se desliza el dedo por la pantalla de un teléfono.
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En TikTok, Instagram, YouTube y otras plataformas, el guaraní aparece en videos breves, transmisiones en vivo, audios, canciones, explicaciones y contenidos que buscan acercar el idioma a personas que quieren aprenderlo o simplemente entenderlo mejor. Detrás de ellos hay historias diferentes: quienes encontraron en las redes una herramienta para enseñar, quienes comenzaron respondiendo preguntas de sus compañeros y quienes llevan más de una década buscando la manera de hacer que el guaraní circule en internet.
No se trata necesariamente de convertir la lengua en una tendencia ni de atribuirle a las redes la tarea de “salvarla”. Se trata de observar algo más cotidiano: qué ocurre cuando una lengua también encuentra un lugar en las formas contemporáneas de comunicarnos.
Este martes 25 de agosto se celebra el Día del Idioma Guaraní. A propósito de la fecha, conversamos con tres personas que, desde lugares diferentes, están ayudando a construir esos nuevos espacios.

El guaraní, una lengua que encontró internet
Cuando Úgo Ruiz comenzó a trabajar con contenido en guaraní, las redes sociales todavía estaban lejos de convertirse en el enorme espacio de producción y consumo audiovisual que son hoy. Ndish, el proyecto que inició en 2012, nació como un blog dedicado a traducir canciones y memes al guaraní y posteriormente se extendió a otras plataformas y formatos.
Más de una década después, su lectura del escenario es diferente. “Después de tanto tiempo creando contenido en guaraní, creo que llegamos a un punto muy importante en redes, con cientos de usuarios publicando y difundiendo contenido en nuestro idioma”, observa.
Para Úgo, el guaraní comenzó a ocupar de manera orgánica espacios como los vivos de TikTok, los reels y los audios virales, ámbitos que considera que durante mucho tiempo no tuvieron una presencia equivalente en los medios masivos.
Su observación también apunta hacia la televisión, la radio y otros medios tradicionales, donde considera que todavía existe una deuda con la presencia cotidiana del idioma. A su entender, el guaraní continúa apareciendo muchas veces en horarios específicos o asociado a contenidos estereotipados, mientras que las redes permitieron que esa producción dejara de depender exclusivamente de los espacios concedidos por los medios tradicionales.

“La buena noticia es que a pesar de toda su infraestructura, ya no poseen el monopolio absoluto de la atención e intención de la audiencia”, plantea.
Para él, este movimiento también se relaciona con un renovado interés por las raíces paraguayas expresado en la música y las artes. Artistas que incorporaron el guaraní a sus obras fueron contribuyendo, según su lectura, a que la lengua adquiriera nuevos espacios de reconocimiento y llegara a convertirse en parte de la identidad expresada por referentes culturales contemporáneos.
También observa un fenómeno paralelo: la llegada de extranjeros que eligen Paraguay como lugar de residencia y que manifiestan interés por la cultura local. En ese contexto, considera que algunos paraguayos también volvieron a mirar con mayor orgullo sus propias raíces.

Aprender guaraní desde la pantalla
Uno de esos nuevos espacios se encuentra, precisamente, fuera de Paraguay. María Liz Benítez comenzó Dicas de Guaraní en Brasil a partir de algo mucho más sencillo que una estrategia de difusión: las preguntas que le hacían sus compañeros brasileños de universidad sobre cómo decir determinadas cosas en su lengua materna.
“Hablar del guaraní en las redes sociales fue una grata sorpresa”, cuenta. Lo que comenzó como una manera de responder esas dudas terminó reuniendo a más de 200.000 personas interesadas en la lengua y llevó a Benítez a participar de charlas y conferencias sobre guaraní.
El proyecto también se trasladó a la enseñanza formal. El año pasado dictó un curso online de guaraní básico para unas 200 personas, una experiencia en la que buscó utilizar materiales auténticos en guaraní paraguayo, como canciones, periódicos y hasta la historieta de Mafalda traducida al idioma.

La intención, explica, no era solamente enseñar vocabulario o estructuras, sino poner a los estudiantes en contacto con la lengua utilizada en distintos contextos y, al mismo tiempo, acercarlos a las particularidades de la cultura paraguaya.
En ese sentido, su experiencia en Brasil también le permitió encontrarse con otras realidades lingüísticas. En julio, Benítez dictó clases en la Licenciatura Intercultural Indígena Guaraní de la Universidade Federal de Santa Maria y tuvo la oportunidad de conversar con personas Mbya Guaraní. La experiencia, señala, le permitió observar también la influencia que el guaraní puede tener en esos espacios.
Su trabajo académico acompaña esta tarea de difusión. El año pasado publicó un artículo sobre la macroestructura del primer diccionario monolingüe en guaraní de la Academia de la Lengua Guaraní de Paraguay.
Pero detrás de todo ese trabajo hay una motivación que excede lo pedagógico. “Enseñar y difundir el guaraní paraguayo es una forma de estar en contacto con mi lengua materna, con los míos y no deja de ser un homenaje a mis antepasados de quienes heredé esa lengua”, expresa.
En su caso, las redes se convirtieron así en un puente. La lengua viaja desde Paraguay hacia Brasil y, desde allí, vuelve a encontrarse con personas interesadas en conocerla.

Una demanda que todavía busca herramientas
La experiencia de Marcelo De Los Santos, conocido en redes como Mbo’ehára Marce, muestra otra dimensión del fenómeno. Desde hace un año y medio desarrolla una modalidad de enseñanza del guaraní que encuentra en las redes y las herramientas digitales un público que no se limita a Paraguay.
Entre sus alumnos aparecen extranjeros con parejas o familiares paraguayos, personas interesadas en conocer una lengua indígena como parte de su formación cultural y también paraguayos que, pese a haber crecido en un país bilingüe, no están habituados a hablar guaraní.
“Hay una demanda y lo que he descubierto es que el guaraní está en una etapa incipiente dentro de esa oferta de enseñanza bajo esta metodología”, explica.
A diferencia de idiomas como el inglés, que cuentan con múltiples cursos, metodologías y herramientas desarrolladas, considera que el guaraní todavía está construyendo buena parte de ese ecosistema. Aplicaciones, audios y otros recursos digitales son, a su entender, parte de una infraestructura que todavía necesita desarrollarse.

Incluso herramientas de uso cotidiano presentan dificultades. Marce menciona, por ejemplo, que los traductores automáticos todavía encuentran problemas con determinadas palabras del guaraní, lo que puede generar información ambigua para quienes buscan aprender el idioma en internet.
En ese escenario, sus propios contenidos buscan ocupar una pequeña parte de ese espacio. A través de las redes, explica, muchas personas encuentran una manera creativa de incorporar vocabulario, aprender aspectos culturales y acercarse al idioma de una manera diferente. Algunos de sus seguidores incluso le cuentan que han aprendido a partir de sus materiales, entre ellos docentes que se acercaron para agradecerle por el contenido.
Pero para Marce el desafío no termina en aprender. Hay una barrera posterior: “Tenemos que romper otra barrera, que es la de hablar, normalizar el hablar guaraní”, plantea.

Del aprendizaje al uso cotidiano de la lengua guaraní
Esa idea conecta con una preocupación que también aparece en la mirada de Úgo. Para él, la expansión del guaraní en redes no significa que todos los desafíos relacionados con la lengua hayan sido resueltos.
Por el contrario, considera que todavía existe una distancia entre “el guaraní que se habla” y “el guaraní que se enseña”, particularmente en el ámbito educativo. A su entender, esa desconexión es una de las cuestiones que todavía deben ser discutidas.
Marce, por su parte, plantea que el siguiente paso debería ser construir un ecosistema en el que el guaraní pueda encontrarse de manera natural, no solamente en espacios educativos. Medios de comunicación, entretenimiento, música y otras expresiones culturales pueden cumplir, según su mirada, un papel importante en esa normalización.
“La gente tiene que ver también que siendo joven, niño, adulto, anciano, puede hablar de forma natural y espontánea el guaraní”, sostiene.

Úgo también plantea una pregunta más amplia: por qué, pese a que muchas personas piensan y sienten en guaraní, el español continúa siendo elegido mayoritariamente para comunicarse y expresarse formalmente. En su análisis, incluso plantea preocupaciones ante la presencia creciente del portugués en algunas zonas del país.
Más allá de las conclusiones particulares que puedan extraerse de esa observación, hay un punto que atraviesa las experiencias de estos creadores: enseñar una lengua y encontrarla en una pantalla puede ser un primer acercamiento, pero una lengua necesita también espacios donde pueda utilizarse con naturalidad.
Las redes no inventaron la necesidad de hablar guaraní, ni pueden por sí solas resolver las dificultades que atraviesa su uso. Pero sí ampliaron los lugares donde una persona puede encontrarse con la lengua: para aprender una palabra, escuchar una explicación, descubrir una canción, preguntar cómo se dice algo o acercarse a una cultura que quizá conocía de lejos.
En Brasil, Liz encontró en las preguntas de sus compañeros el punto de partida para compartir su lengua materna con miles de personas. Marce descubrió una demanda de aprendizaje que todavía busca herramientas y metodologías propias. Úgo, después de más de una década, observa cómo cientos de creadores hacen circular el guaraní en formatos que antes no existían.

Tal vez la dimensión de este fenómeno no esté en cuántas reproducciones acumula un video ni en cuántos seguidores tiene una cuenta, sino en algo más pequeño y más difícil de medir: que alguien se anime a pronunciar una palabra, que otro vuelva a utilizar una expresión que tenía olvidada, que un paraguayo lejos de su país encuentre una manera de acercarse a su lengua o que una persona que nunca la habló descubra que también puede aprenderla.
Porque una lengua no vive solamente en los diccionarios ni en las aulas. También vive cuando alguien la usa para contar, enseñar, cantar, preguntar, bromear o simplemente conversar. Ahora también puede hacerlo desde una pantalla.
