Del arpa al rock psicodélico: las distintas formas de habitar el folclore paraguayo

Artistas de distintas generaciones y búsquedas que encuentran en la música paraguaya una raíz para desarrollar sus propios lenguajes.
Artistas de distintas generaciones y búsquedas que encuentran en la música paraguaya una raíz para desarrollar sus propios lenguajes.Gentileza

A propósito del Día del Folclore Paraguayo, que se celebra cada 22 de agosto, una mirada a diez artistas y proyectos que encuentran en la polca, la guarania y otras expresiones de la música paraguaya distintas formas de crear desde el presente.

Hablar del folclore paraguayo no necesariamente implica mirar hacia atrás. También puede significar escuchar qué hacen los músicos de hoy con una tradición que recibieron, aprendieron, transformaron o hicieron propia. La polca y la guarania pueden aparecer en una canción de autor, en una composición instrumental, en un arreglo de jazz, en una propuesta de soul o en una canción que se mueve entre el rock, el pop y la psicodelia.

Cada 22 de agosto se celebra el Día del Folclore Paraguayo, una fecha establecida oficialmente en 2021 para reconocer las tradiciones, saberes y expresiones culturales que forman parte de la identidad del país. En el terreno musical, la fecha también puede ser una oportunidad para observar qué sucede cuando esas expresiones continúan encontrando intérpretes y compositores dispuestos a llevarlas hacia otros contextos.

Esta selección de diez artistas y proyectos permite observar distintas maneras de relacionarse con la música paraguaya: desde quienes parten directamente de la polca y la guarania hasta quienes incorporan esas raíces dentro de lenguajes vinculados al jazz, el soul, el rock, el pop o la canción de autor.

La tradición como materia para experimentar en el folclore

En Purahéi Soul, Jennifer Hicks y Miguel Narváez construyeron una propuesta en la que la música paraguaya dialoga con el soul, el jazz, el blues y otras sonoridades. El dúo trabaja además con canciones en guaraní, español e inglés, haciendo que elementos de la música paraguaya convivan con influencias provenientes de otros lugares sin que una tradición tenga que desaparecer para dar lugar a otra.

La idea de mezcla aparece también, desde la música instrumental, en Pedro Martínez Trío. El guitarrista y compositor ha explorado polcas y guaranias desde una formación relacionada con el jazz y otras músicas. En su trabajo, la música paraguaya no funciona únicamente como repertorio que debe ser reproducido, sino como una de las materias desde las que desarrolla una voz propia.

En ese sentido, la pregunta no necesariamente es cuánto se parece una interpretación contemporánea a una versión tradicional, sino qué sucede cuando un músico incorpora esa música a su propio lenguaje. Una polca o guarania puede seguir teniendo su raíz reconocible aunque alrededor de ella cambien la instrumentación, la armonía, el ritmo o el espacio para la improvisación.

El arpa, el jazz y la posibilidad de intervenir una tradición

Juanjo Corbalán representa con claridad esa búsqueda. El arpa paraguaya está en el centro de su trabajo, pero su propuesta se abre hacia el jazz, la improvisación y otras músicas. Su álbum “Jazz no es polca” incluso plantea desde el título una tensión que atraviesa su obra: partir de una tradición para explorar qué puede suceder cuando se la lleva hacia otro lenguaje.

El recorrido de Tríoité tiene un punto de partida diferente. El grupo surgió de la experiencia de tocar folclore en las calles de Asunción y fue desarrollando una propuesta basada en el trabajo sobre el repertorio paraguayo. Sus arreglos incorporan tratamiento armónico, cambios de estructura e improvisación, recursos que permiten modificar las obras sin necesariamente desprenderse de su raíz.

En 2024, Tríoité presentó su primer álbum, integrado por versiones de obras de compositores paraguayos. El propio grupo explicaba entonces que ese registro correspondía a una etapa de su recorrido y que su sonido ya se encontraba en evolución. Esa observación resulta significativa: incluso para un proyecto construido alrededor del repertorio folclórico, la tradición puede ser un punto de partida y no necesariamente un lugar de llegada.

Joaju Cuarteto trabaja desde otra aproximación al cruce entre música paraguaya y jazz. Su repertorio incluye composiciones de autores paraguayos llevadas a una formación instrumental donde la improvisación y los arreglos adquieren un papel central. En “Avy’a jave”, por ejemplo, el grupo trabajó sobre composiciones de Jorge “Lobito” Martínez, mientras otros proyectos de la agrupación también han abordado repertorios de la música paraguaya desde una perspectiva jazzística.

Los tres proyectos muestran que la relación entre folclore y jazz no responde a una única fórmula. Puede estar en el instrumento, en la armonía, en el arreglo, en la improvisación o en la manera de interpretar una composición. Lo que cambia es la forma de acercarse a una misma raíz.

Crear canciones nuevas desde la música paraguaya

Hay otra manera de relacionarse con la tradición: no solamente reinterpretar obras existentes, sino crear nuevo repertorio a partir de ella.

Tierra Adentro construyó buena parte de su identidad alrededor de la polca, la guarania y el idioma guaraní, dentro de una propuesta que también dialoga con otros sonidos latinoamericanos. Sus álbumes “Aguije” y “Ayvu”, este último cantado íntegramente en guaraní, fueron nominados a los Latin Grammy en la categoría de Mejor Álbum Folclórico.

Su recorrido plantea una cuestión interesante: una canción nueva puede formar parte de una tradición musical sin pertenecer al pasado. La composición contemporánea no necesariamente rompe con el folclore por el hecho de haber sido creada en el presente.

Una búsqueda similar, aunque con su propia identidad, aparece en Néstor Ló y Los Caminantes. El grupo apostó desde sus comienzos por canciones propias dentro del circuito folclórico, en un contexto donde buena parte del repertorio de festivales estaba formado por obras ya instaladas en la memoria colectiva. Llevar canciones nuevas a esos escenarios fue también una forma de ampliar el repertorio que circula bajo la denominación de folclore paraguayo.

En su último disco “Ndaipóri Frontera”, la agrupación profundizó esa búsqueda con composiciones propias y colaboraciones que conectan la música paraguaya con otras expresiones latinoamericanas. El folclore aparece así no solamente como un repertorio que se hereda, sino como un espacio donde todavía se pueden escribir canciones nuevas.

Una tradición también puede convertirse en lenguaje personal

La presencia de Ismael Ledesma introduce otra dimensión en esta conversación. Su inclusión permite recordar que la búsqueda de una voz propia desde la música paraguaya no es un algo reciente. El arpista lleva décadas construyendo una trayectoria internacional a partir de una raíz que forma parte de su formación y de su obra.

En conciertos y trabajos recientes, Ledesma ha vuelto a acercarse al repertorio folclórico y a combinarlo con composiciones propias. La música paraguaya puede así constituir el punto de partida desde el cual un artista construye una obra que luego circula por otros países, escenarios y contextos.

Una búsqueda diferente, pero conectada con esa idea de hacer propia una raíz, aparece en el Dúo Che Valle, integrado por Martín Ortega y Orlando Martínez. Los guitarristas parten de la tradición de la guitarra paraguaya y de géneros como la polca y la guarania para desarrollar composiciones, arreglos y una propuesta propia. Su trabajo incorpora sus experiencias, influencias y formas particulares de entender el instrumento.

En los álbumes de Che Valle, la guitarra funciona como un territorio desde el cual mirar nuevamente la música paraguaya. Hay obras de autores fundamentales del repertorio nacional, pero también composiciones propias y arreglos que permiten que esas referencias convivan con otras sonoridades. La tradición aparece como un punto de partida desde el cual seguir buscando, más que como un conjunto cerrado de formas que deban permanecer intactas.

En ambos casos, aunque separados por generaciones y recorridos muy diferentes, aparece una misma posibilidad: recibir una tradición, incorporarla a una historia personal y devolverla transformada por la propia experiencia. No necesariamente para dejar atrás lo anterior, sino para demostrar que una raíz también puede crecer en distintas direcciones.

Cuando la polca y la guarania llegan a otros paisajes sonoros

El recorrido se vuelve todavía más amplio cuando aparecen proyectos como Passiflorx, que ha desarrollado una propuesta vinculada al rock, con elementos de psicodelia y distintas influencias de la música regional. Dentro de esa búsqueda también aparece la música paraguaya. La banda ha trabajado, por ejemplo, con una guarania llevada hacia una estética dream pop, un cruce que permite escuchar un género profundamente asociado a la identidad musical paraguaya desde una textura sonora diferente.

El interés de este caso está justamente en que no hace falta que una banda se presente como folclórica para que el folclore forme parte de su música. Una guarania puede entrar en un universo de guitarras, atmósferas y producción contemporánea sin dejar necesariamente de dialogar con aquello que la identifica como guarania.

Así, el recorrido de estos diez proyectos va desde el arpa y los arreglos instrumentales hasta el rock psicodélico, pasando por el jazz, el soul, la canción de autor y las nuevas composiciones de polcas y guaranias.

Del arpa al rock psicodélico

Mirados en conjunto, estos artistas no plantean una única respuesta sobre qué significa hacer música paraguaya hoy. Algunos trabajan sobre repertorios existentes, otros escriben canciones nuevas. Algunos parten del arpa, otros de la guitarra o la voz. Algunos incorporan la improvisación del jazz, otros trabajan con el soul, el pop, el dream pop o la psicodelia.

Así puede observarse que la polca y la guarania continúan siendo inspiración para crear, reinterpretar y experimentar. Siguen apareciendo en composiciones nuevas, en arreglos diferentes, en otros instrumentos y en escenarios que no necesariamente corresponden al circuito tradicional.

Quizás una tradición musical no permanezca viva únicamente cuando se conserva tal como fue recibida. También puede hacerlo cuando todavía existen músicos capaces de escucharla desde su propio tiempo y encontrar una manera de hacerla suya.

Del arpa al rock psicodélico, las distintas formas de habitar el folclore paraguayo no ofrecen una definición definitiva de lo que debe ser esta música. Ofrecen, en cambio, algo más abierto: la evidencia de que todavía hay quienes encuentran en ella una raíz desde la cual seguir creando.