Fue en 2009 cuando una película británica sin estrellas, ambientada en la India y con números musicales, sorprendió al mundo y se convirtió en la más premiada en la temporada de premios del primer trimestre del año, llegando a su momento cumbre en la gala de los Oscar, en Los Ángeles, con ocho estatuillas.
Entre ellas se incluyeron las de mejor película y la de mejor director para Boyle, que desde entonces potenció su popularidad, lo que ha facilitado que los organizadores de los Juegos confiaran en él para la apertura de los Juegos, como en 2008 hizo el chino Zhang Yimou en la ceremonia de Pekín.
Boyle, nacido hace 55 años en Manchester en una familia de emigrantes irlandeses, ha dulcificado su imagen en los últimos años, después de un inicio de carrera en producciones de televisión y un salto al cine retratando mundos marginales y relacionados con la droga.
En esa línea iba su primera película, “Shallow Grave” (1994), donde contaba ya con el actor escocés Ewan McGregor, entonces desconocido pero que, como el propio Boyle, saltó a la fama con “Trainspotting” (1996), la dura historia de un grupo de drogadictos entre Glasgow y Londres.
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“Es alguien con quien me entiendo a la perfección, con el que he vivido momentos importantes de nuestras vidas. Es una persona y un director valiente, que sabe lo que quiere y al que no le importa no ser convencional”, dijo sobre él McGregor. Esa película descubrió para el gran público a un cineasta arriesgado, con un lenguaje duro y valiente a la hora de contar historias complicadas.
Su salto al cine de Estados Unidos lo hizo con una película con presupuesto reducido, de nuevo con McGregor y con una Cameron Diaz que comenzaba a despuntar, una comedia titulada “A Life Less Ordinary” (1997), que no consiguió el éxito esperado.
Su segundo gran éxito de taquilla fue con un film que adaptaba una novela de culto, “La Playa” (2000), con Leonardo Di Caprio en las playas de Tailandia, y con ella se fue haciendo poco a poco un nombre y reforzando una carrera que ha transcurrido a ambos lados el Atlántico, entre Gran Bretaña y Estados Unidos.
Desde entonces ha ido madurando y dejando atrás la rebeldía y estilo rompedor de su juventud, alternando películas futuristas ("Exterminio” en 2002, “Sunshine” en 2007) con incluso un filme infantil ("Millions” en 2004), que ya marcó un sensible cambio de tono.
La versatilidad del director y productor inglés quedó demostrada con “Slumdog Millionaire”, donde mostró las diferentes caras de la India actual, de la pobreza extrema a los lujos desorbitados, y en “127 Días” (2011), por el que volvió a ser candidato al Oscar, narró la historia de supervivencia de un montañero atrapado.
“Es una persona con las ideas claras. Sabe lo que quiere, sabe cómo contarlo y cómo lo quiere”, declaró el protagonista de aquella película, el actor estadounidense James Franco.
Para la inauguración de Londres-2012, se han anunciado detalles como la representación de un prado de la campiña inglesa, aunque Boyle y su equipo prefieren guardarse para sí más detalles, jugando con el elemento sorpresa, incluso en los días previos a los Juegos.
En “Exterminio”, Boyle presenta un Londres apocalíptico, desierto por los efectos devastadores de una epidemia, una imagen muy distinta al aluvión de visitantes y al tono festivo que se espera para el pistoletazo de salida a la cita olímpica, este viernes, un día clave en la carrera del director.
