Il Divo celebró en concierto el Bicentenario del Paraguay

Tan discutido como celebrado, este martes la agrupación de ópera pop Il Divo se presentó en el Estadio Defensores del Chaco, en el marco del cierre de los festejos del Bicentenario. Casi 34.

En 2003, el productor musical Simon Cowell decidió formar el cuarteto Il Divo para la discográfica Sony BMG, casi como un producto de la factoría Disney, cuando percibió el denotado éxito de Los Tres Tenores y de la serie estadounidense Los Soprano.

El resultado no pudo ser mejor: con versiones de canciones de consagrados como Paul Anka, Frank Sinatra, Toni Braxton y  Ennio Morricone, el repertorio los posicionó entre lo más vendido en distintos mercados alrededor del mundo.

Aunque difícil será encontrar puntos en común con la identidad e idiosincrasia cultural paraguaya, la susodicha multipremiada banda internacional fue la seleccionada para cerrar los festejos del Bicentenario de la independencia nacional.

Antes, a las 20:00, hubo lugar para la música paraguaya. La apertura estuvo a cargo de los integrantes del Coro de Ciegos del Paraguay, que entregó su arte en las canciones "Reservista purahéi" y "Marãpa reikuaase".

Luego le siguieron el grupo Vocal Dos, la virtuosa cantante Andrea Valobra –interpretó los clásicos "Galopera" y "Soy de la Chacarita"–. Por su parte, el tenor Jorge Mongelós hizo lo suyo con canciones como "Ñemity", "Cerro Corá" y "Tetãgua sapukái".

El músico Nicolás Caballero conquistó al auditorio con su arpa; y el grupo Sin Fronteras –que llegó hasta Asunción desde la ciudad de Ayolas– entregó su arte con "Chokokue kéra yvoty".

"Qué linda es mi bandera", interpretada por todos los artistas nacionales que participaron del festival, marcó el cierre del momento nacional de la noche, pasadas las 21:00.

Cuarenta minutos después, la espera colmaba la impaciencia de los presentes, hasta que la orquesta sinfónica de la Universidad del Norte irrumpió el escenario para dar inicio al show con la dulzura melódica y los finos arreglos de cuerda. 

En total, casi 34.000 personas llegaron hasta el Estadio Defensores del Chaco para el evento. Los tickets fueron canjeados por alimentos no perecederos, que fueron donados a distintas organizaciones.

Cuando los acordes develaban el inicio de "Somewhere", el tenor suizo Urs Bühler, el barítono español Carlos Marín, el francés Sébastien Izambard y el tenor estadounidense David Miller hicieron su presencia al grito de "¡Buenas noches, Paraguay!". Euforia, gritos y cuotas de romanticismo marcaban el inicio de la noche más importante de la ópera pop en Paraguay.

"Regresa a mí", el infaltable éxito compuesto por Diane Eve Warren y popularizado por Toni Braxton, fue celebrado por la extasiada platea femenina.

Luego de "La promesa", y saludo de por medio, el cantante español aprovechó para halagar la belleza paraguaya: "¡Cuántas mujeres guapas que veo esta noche! ¡Me quedo para siempre a vivir! ¿Qué decís?", estimuló a las seguidoras, que respondían eufóricas.

Fue el momento en que aseguró: "Un placer, Bicentenario. Como español, un placer, que me hacéis sentir como en casa".

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La emoción se acentuó con "She", el inolvidable clásico de Elvis Costello; momento que se ganó el silencio y la admiración del público. Para el final, los mayores aplausos y gritos femeninos.

Con efectos de estrella en la pantalla principal, la canción italiana "Passera" se adueñaba de la noche.

Con el público de pie y una admirable destreza vocal, el cuarteto interpretaba "Unchained melody (Senza catene)", aquel éxito recordado por integrar la banda sonora de la película "Ghost: El fantasma del amor".

"¡Rohayhu, Paraguay!", fue el grito inesperado del francés, que estremeció a los presentes.

Presentada por Miller como "muy especial para nosotros", y con dedicatoria a "todas las madres, aquí, de esta noche", iniciaba "Mama".

Referida como "una de las preferidas", "Without you" fue íntegramente coreada y aplaudida. "No sé vivir si no es contigo", reza el himno.

El cuarteto recibió desde la primera fila una bandera paraguaya, la que tomaron, mientras interpretaban la canción.

"¡Kuña porã!", exclamó Miller. "¡Tenemos muchísimas guapas!", insistía, aumentando la euforia de las fanáticas presentes.

Anunciado como "momento de ser muy romántico", el cuarteto prosiguió con "Everytime I Look At You", que dejó en evidencia el perfecto ensamble de voces.

En canciones como "Aleluya" y "Adagio", las notas subían al clímax, entre los versos en italiano y una magnífica orquesta que vibraban en conjunta armonía.

La agrupación invitó a "cambiar de ritmo", con una propuesta latina. "Me imagino que todas sabéis algo de salsa y merengue. Me gustaría veros a todas bailar, a ver cuál es la más sexy", desafió el cantante. Fue cuando inició "La vida sin amor".

"La fuerza mayor", cuyos versos rezan principios del más puro amor, irradiaba otro momento romántico de la noche.

Un instante de interacción con el público fue el clásico juego de "la ola", desde la derecha hacia la izquierda del público. Entonces era presentada –según ellos– la última canción de la noche: el indispensable clásico de Frank Sinatra, "My Way".

Con saludos de despedida, se anunciaba el final. Sin embargo, tras el llamado del público, el "bis" fue posible.

El regreso se dio al ritmo de "Con te partiró", ópera pop italiana escrita por Francesco Sartori y Lucio Quarantotto, y popularizada por Andrea Bocelli en el Festival de San Remo, en 1995.

Elegancia, preponderancia y magnificencia escénica representaron ese momento de puro y duro talento instrumental y vocal.

Con visible alegría en los rostros de los cantantes y una efusiva retribución de su público, los músicos agradecieron: "¡Muchísimas gracias, Paraguay! Fue un placer estar en el Bicentenario (…) en la primera vez de estar en vuestro país".

En acto de demagogia, o quizás sinceridad, los músicos aseguraron: "Este es el público más fantástico del mundo, ¡y el público más guapo también!".

"The Impossible Dream" fue el último pasaje de la noche, que culminó con fuegos artificiales que iluminaron con colores patrios.

Mientras se escuchaba un sentido "¡Gracias, Paraguay!", los fuegos artificiales seguían iluminando el cielo de una noche que pudo haber tenido tanta relación con el Bicentenario de la independencia nacional como lo puede tener la ópera con la polca o la guarania, pero que sirvió de pretexto para traer al país un rimbombante y ambicioso espectáculo internacional.

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