Las máquinas de humo escupieron neblina a las 21:45, las luces se tornaron azules y apareció en escena una de las mejores bandas de nü metal de los últimos 15 años. Pocos tímpanos estaban listos para el show potente que iba a sacudir el Jockey por 110 minutos. Fue brutal.
"Hot Dog" empezó a calentar la fría noche asuncena. Fred Durst empezaba su interacción con el público ansioso de recordar aquellos temas que marcaron época a finales de los '90 y comienzos del nuevo siglo. Le seguían "Show Me What You Got" y poco después el suelo comenzó a moverse con "My Generation".
Un escenario sencillo y un buen sonido acompañaron al quinteto de Jacksonville, en la Florida estadounidense. La bandera paraguaya cubría uno de los laterales del baterista John Otto. El 'stage' del grupo, en el Gold Cobra Tour, siempre tiene la bandera de los países que visitan.
Pero se sentía una especie de romance de Fred Durst con la sorprendente audiencia. "Esto es tres veces más de lo que vinieron a verle a Deftones", se escuchó en los alocados pasillos divisorios de los sectores para el público.
El pit tronaba y tras los primeros 15 minutos el suelo parecía partirse con el pogo intenso y el descontrol total. Todo parecía estar a una escala 6 de Richter. La barras de metal que dividían a generales parecían de goma, la masa empujaba y el público pedía más. No lo sabían, pero terminarían satisfechos.
Y fue un concierto de rock: "los de atrás", siempre "bochincheros" a falta de mejor expresión intentaron derribar las barras de contención que separaban a las generales de los sectores VIP. Uno de ellos, corajudo en el intento, recibió el incómodo roce de una picana por parte de uno de los guardias de seguridad.
Como la situación era un tanto crítica, los responsables del grupo hicieron que pararan el concierto por unos instantes para pedir que no rompieran las barras. Aquello era un desmadre, pero Durst avalaba la rebelión con tenues indirectas en contra de la "autoridad".
Luego del encore de mayor duración, Durst, ya con una camiseta de la selección paraguaya con su apellido y el número 10 en el reverso, deleitó con "Behind Blue Eyes", cover de The Who.
El público realmente era un crisol de edades, desde chicos de unos 12 años, los ex compañeros de colegio con edades de 25 a 30 y hasta los más avezados metaleros, quienes fueron a ver "qué onda". A la hora del "request" apareció un tema para expertos y conocidos. Limp Bizkit fue hasta 1986 y ejecutó el track 4 del disco Master of Puppets de Metallica, "Welcome Home (Sanitarium). Los amantes del buen metal, agradecidos.
Fuera del repertorio de Limp también aparecieron el "Smell Like Teen Spirit" de Nirvana (Durst comentó: "esto no es un concierto de Nirvana. Que descanse en paz el gran Kurt Cobain"), el "Seven Nation Army" de The White Stripes y el "Jump Around" de House Of Pain, donde alguna vez militó "DJ Lethal", el simpático y talentoso letón que da los ritmos a Limp Bizkit.
Fred Durst llegó a decirle al público paraguayo que era el más cálido de América del Sur.
"Es de verdad. Muchas gracias. Les prometemos que vamos a volver pronto. Lo sentimos por ustedes que nos invitaron a su casa y ya no vamos a salir de ella (
) Hacen saltar a mi corazón, hacen llorar a mi corazón. Es por ustedes que existimos", expresó en un cálido tono el frontman del grupo estadounidense, que no pudo dejar de ser él y empezó a derramar cerveza al público, que como en un concierto de rock normal, recibía la agresión con algarabía.
El concierto terminó con "Rollin", del CD "Chocolate Starfish And The Hot Dog Flavored Water". Fue una noche sin desperdicios.
El hecho lamentable se registró a la salida del evento, cuando cascos azules amedrentaron a los asistentes con unos seis o siete (innecesarios) disparos al aire. Se entiende la necesidad de poner a raya a los vándalos, pero no así poner en riesgo su integridad física.
La llegada de Limp Bizkit (segundo grupo de nü metal que visitó Paraguay en 2011 luego de Deftones) hace que el mercado de conciertos se expanda. Mientras tanto, esperamos por esos rumores que sitúan a grandes artistas y grupos en esta capital ávida de buena música.
DETRAS DE BASTIDORES
- La organización se encargó de mantener a raya a quienes quisieron pasarse de listos y los más agresivos pasaron por la picana eléctrica y terminaron tragando polvo en la pista de carreras en el Jockey.
- A pesar del frío, el viento intenso y la tenue llovizna, el público cumplió y dejó bien parado al país frente a los mánagers del grupo, quienes, al igual que Fred Durst, terminaron boquiabiertos por la intensidad y la pasión de la perrada. Bien ahí por la gente.
- Los fotógrafos la pasaron mal en el show: algunos fueron invitados a abandonar el predio y otros empujados a empellones por los guardias, una medida exagerada para quienes van a trabajar y no a molestar.
- En todo momento se vio a los organizadores mojando la camiseta, tratando de que las cosas se mantengan en una relativa seguridad y comodidad para quienes pagaron para ver el show. Un punto muy positivo.
- Cuando la gente abandonaba el predio al final del concierto, hubo una buena cantidad de personas con entrada en mano ingresando para ver el show, algo jocoso pero real. Un dato para tomar en cuenta: estos grupos arrancan a tiempo y, en este caso, antes de lo previsto. Una lección para los regidos por la "hora paraguaya".
BOTON DE MUESTRA
Así sonó "Welcome Home (Sanitarium)".