Melian vuelve a Paraguay: identidad, emoción y la necesidad de hacer música honesta

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La banda argentina Melian, uno de los nombres más representativos del post-hardcore y metalcore sudamericano, llegará a Paraguay para formar parte de Sad Valentín, un evento que se realizará el sábado 14 de febrero en Voudevil. Antes de su llegada, conversamos con Ale Picardi, cantante del grupo, sobre el regreso al país, la construcción de una identidad propia, el valor de las letras honestas y la necesidad de seguir haciendo arte sincero en tiempos de inmediatez.

Melian regresa a Paraguay en un momento significativo de su historia. No solo por el presente creativo que atraviesa la banda, sino por el lazo afectivo que se fue fortaleciendo con el público local a lo largo de los años. Para Ale Picardi, cada visita al país tiene un peso especial. “Siempre que vamos a Paraguay nos reciben muy cálidamente, con los brazos abiertos. Nos hacen sentir súper bienvenidos”, dice.

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Ese sentimiento de cercanía hoy es aún mayor. “Hace un tiempo tenemos un integrante paraguayo en la banda, el bajista Sergio Solalinde, así que estamos más en familia que antes incluso”, agrega. La frase no es casual: en Melian, lo humano y lo musical siempre caminaron de la mano, y esa lógica también se refleja en cómo entienden las giras y los encuentros con otras escenas.

El show en Sad Valentín no será solo una presentación más, sino también un espacio de intercambio con bandas nacionales. Para Picardi, ese cruce es fundamental: “Cada ciudad tiene su pequeño circuito, su tribu que va a los recitales. Eso pasa en Buenos Aires, pasa en el interior y pasa en Paraguay. La gente se mueve, se acerca a donde haya un recital de bandas pesadas, y eso está buenísimo”.

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Melian

Escena, pertenencia y lenguaje universal

A lo largo de su recorrido, Melian fue testigo de cómo la música pesada genera comunidades similares en distintos países. “Uno se aleja un poquito de su ciudad y se da cuenta de que hay otra gente escuchando la misma música que vos”, reflexiona Picardi. “En nuestro caso, para fortuna nuestra, disfrutan de nuestra música también, pero más allá de eso, hay algo que se repite: el lenguaje es el mismo”.

La experiencia en Paraguay dejó huella. Ale recuerda bandas con las que compartieron escenario y otras con las que, aunque no tocaron juntos, se cruzaron en charlas y espacios comunes. “Las bandas paraguayas con las que tocamos son muy buenas. Destruye Todo Imperio, Ñandei Zha… Flou, que sabemos que es la más grande, aunque no hayamos compartido escenario. Todo eso suma”.

Ese intercambio, dice, tiene un efecto contagio. “Ver cómo se potencia la escena, cómo se retroalimenta, es de las cosas más enriquecedoras. La música, en ese sentido, universaliza todo”.

Melian

Construir identidad sin parecerse a nadie

Formados en 2008, Melian fue una de las primeras bandas en Argentina en explorar de lleno el cruce entre post-hardcore, metalcore y emo. Ese contexto inicial fue clave. “Fuimos de los primeros, y eso siempre te va a poner en un lugar medio de pionero, más allá de que no inventamos la rueda”, explica Picardi.

Pero la identidad de Melian no se construyó solo por haber llegado temprano. Hubo otro factor, menos cómodo en su momento, que terminó siendo decisivo. “Nuestra música nunca sonó parecida a una banda específica. No éramos ‘los tal banda argentinos’”, recuerda. “Muchas veces renegamos de eso, porque para el que buscaba algo muy parecido a lo yanqui, no parecerte a nada te jugaba en contra”.

Con el paso del tiempo, esa diferencia se transformó en virtud. “Hoy, después de más de 15 años, creo que eso permitió forjar una identidad. Melian suena a Melián”, afirma. “Algo distinto hacemos: los riffs, las letras, la combinación de voces… todo junto. Ofrecimos algo novedoso cuando no había quién lo ofreciera”.

Letras que crecen con la vida

Si la música de Melian siempre fue intensa, sus letras no se quedaron atrás. Desde los primeros discos, la banda apostó por una lírica emocional y autorreferencial. “Nunca forzamos una temática para que sonara cool o estuviera de moda”, aclara Picardi. “Siempre escribimos sobre lo que alguno de nosotros estaba viviendo”.

Esa honestidad también implica transformación. “Las cosas que te afligen a los 20 no son las mismas que a los 30”, dice. En ese sentido, Hijos del rigor, uno de los últimos singles de la banda, marca un giro. “Tiene una crítica más política. A los 20 años nos hubiese sido más difícil escribir algo así”, admite.

Hoy, con 36 años y siendo padre, la mirada se amplió. “Pienso en el país en el que vivo, en las dificultades que tenemos en Latinoamérica con nuestros políticos. Antes escribía sobre corazones rotos, que es igual de válido, pero uno habla de lo que lo interpela”.

Para Ale, esa coherencia es lo que vuelve genuina a la banda. “Escribir lo que nos pasa favoreció que Melian sea honesta y que la gente conecte. Porque es algo real, tangible”.

Arte sincero en tiempos de inmediatez

Crear desde la honestidad no es sencillo en una época dominada por algoritmos, redes sociales y consumo rápido. Picardi lo sabe bien. “Hoy el attention span es mínimo. Si en diez segundos no te gustó algo, pasás a otra cosa”, señala. “Antes el oyente te daba más tiempo”.

Las nuevas reglas del juego imponen fórmulas que muchas veces chocan con lo orgánico. “Te dicen: ‘lleguemos al estribillo rápido’, ‘nada de intros largas’. Todo eso se siente poco natural”, confiesa. “A nosotros nos cuesta, lo resistimos, pero entendemos que así funciona”.

Aun así, hay una línea que no están dispuestos a cruzar. “Uno no se tiene que vender. Tiene que ser fiel a lo que es”, afirma. “Yo no podría hacer música que no me interpela, porque no podría defenderla arriba del escenario”.

Melian

La banda como refugio y como familia

Con el paso de los años, Melian también aprendió a adaptarse a nuevas dinámicas. La pandemia, los cambios personales y las responsabilidades adultas obligaron a replantear la forma de trabajar. “Fue un reset total”, recuerda Ale. “Algunos decidieron ser padres, otros cambiaron prioridades”.

Por eso, el regreso con singles sueltos fue una decisión consciente. “No quisimos comprometernos de entrada con un disco. Sacar canciones nos permite dedicarle más atención y amor a cada tema”, explica. Incluso los desafíos logísticos —como tener al bajista viviendo en Asunción— forman parte de esta nueva etapa.

En ese contexto, el vínculo humano se vuelve central. “Tener una banda es como estar de novio con cuatro tipos”, dice entre risas. “Pero yo a mis compañeros los quiero un montón. Eso se transpira arriba del escenario”.

Melian

Seguir, devolver, trascender

Para Ale Picardi, la música siempre fue más que una carrera. “En mi adolescencia, en un recital, algo me hizo clic. Yo la estaba pasando muy bien y pensé: ‘Quiero devolverle a alguien lo que esta banda me está dando’”.

La música fue refugio, identidad y compañía. “Me sentía un raro. En los recitales encontré gente como yo”, recuerda. Hoy, esa experiencia se replica cuando alguien se le acerca después de un show. “Que alguien te diga ‘me estás hablando a mí’ me sigue dando piel de gallina”.

Ese sentimiento es el motor que lo empuja a seguir. “Mientras pueda subirme a un escenario, quiero seguir devolviendo eso”, afirma. Y ahora, con una hija recién nacida, el deseo se proyecta hacia adelante: “Ojalá algún día ella pueda experimentar eso. Que la música la sane”.

Melian

Sad Valentín

El regreso de Melian a Paraguay, en el marco de Sad Valentín, no será solo un show más: será otro capítulo en una historia construida desde la emoción, la identidad y la convicción de que el arte sincero sigue siendo necesario.

En la oportunidad se presentará también la banda argentina Scream of Glory, y las nacionales, Nhandei Zha, Destruye Todo Imperio, La Sal de la Tierra y Kava. Las entradas ya se encuentran disponibles a través de Tuti y cuestan G. 75.000 en su primera fase de venta.