“We Are the World”: 41 años de la noche en que el pop se unió contra el hambre

El 28 de enero de 1985, mientras Hollywood aún respiraba la resaca de los American Music Awards, un grupo irrepetible de estrellas ingresaba discretamente a los estudios A&M de Los Ángeles. Afuera, el cartel pegado por el productor Quincy Jones se hizo leyenda: “Please check your egos at the door” (“Por favor, dejen sus egos en la puerta”). Adentro, en una sola madrugada, nacería “We Are the World”, el himno benéfico que cambiaría para siempre la relación entre la música pop y las causas humanitarias.

Cuarenta y un años después, aquella grabación reúne tantos datos como mitos: un elenco que parecía armado por un algoritmo de popularidad, una recaudación millonaria, tensiones soterradas, anécdotas extravagantes y una certeza: nunca más se repitió algo parecido.

La chispa surgió de una voz distinta a todas las que luego se oirían en el disco. A fines de 1984, el cantante y activista Harry Belafonte buscaba una forma de recaudar fondos para combatir la hambruna en Etiopía, que ya había conmovido al Reino Unido con el proyecto Band Aid y la canción “Do They Know It’s Christmas?”.

Belafonte se acercó al mánager Ken Kragen con una idea sencilla y ambiciosa a la vez: un single benéfico con grandes artistas afroamericanos. Kragen amplió el plan, involucró a Lionel Richie y, a través de él, a Michael Jackson. El siguiente paso fue clave: convencer a Quincy Jones, el productor más influyente de la época, para conducir el proyecto.

Michael Jackson y Lionel Richie escribieron la canción prácticamente a contrarreloj, en la casa de Jackson en Encino, mientras las imágenes del hambre en África se repetían en televisión. “Queríamos algo que sonara sencillo, casi infantil, pero que cualquiera pudiera cantar”, recordaría después Richie. El resultado fue una balada coral de estructura clásica, construida para lucir muchas voces y para ser coreada por multitudes.

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En paralelo, se creó la organización USA for Africa (United Support of Artists for Africa), que canalizaría las regalías del single, del álbum y de la venta de merchandising hacia programas de ayuda alimentaria, sanitaria y de desarrollo en países africanos y también hacia bancos de alimentos en Estados Unidos.

La noche irrepetible: 28 de enero de 1985 en los A&M Studios

La fecha elegida para grabar no fue casual. Quincy Jones y Ken Kragen coordinaron que la sesión se realizara inmediatamente después de la ceremonia de los American Music Awards, cuando la mayoría de las grandes estrellas del pop y el rock ya estarían en Los Ángeles y “vestidas para la ocasión”.

Aquella noche se reunieron alrededor de 45 artistas bajo el sello colectivo USA for Africa. Veintiún de ellos tuvieron líneas solistas. Entre los intérpretes principales estuvieron Lionel Richie, Stevie Wonder, Paul Simon, Kenny Rogers, James Ingram, Tina Turner, Billy Joel, Michael Jackson, Diana Ross, Dionne Warwick, Willie Nelson, Al Jarreau, Bruce Springsteen, Kenny Loggins, Steve Perry, Daryl Hall, Huey Lewis, Cyndi Lauper, Kim Carnes, Bob Dylan y Ray Charles.

En los coros, la lista era igual de impactante: Bette Midler, Smokey Robinson, LaToya Jackson, Marlon Jackson, Jackie Jackson, Lindsey Buckingham, Sheila E., The Pointer Sisters, Jeffrey Osborne, y los integrantes de The Jacksons, entre otros. Incluso el entonces casi desconocido Dan Aykroyd, más famoso por “Los Cazafantasmas” que por cualquier mérito musical, apareció en el grupo, fruto de una confusión de agenda que la producción decidió aceptar con humor.

Una de las grandes ausencias fue Prince, quien rechazó la invitación y envió, según se ha contado, la propuesta de contribuir con un solo de guitarra grabado por separado. Quincy Jones prefirió mantener el espíritu de “todos juntos en la sala” y, en una decisión que la historia validaría, dio a Huey Lewis la línea solista que muchos imaginaban para Prince.

Voces, egos y madrugadas: así fue la grabación

La sesión comenzó cerca de las 22:00 y se extendió hasta el amanecer. Quincy Jones decidió grabar primero la base instrumental y los coros, para luego pasar a las líneas solistas. El ingeniero chileno-canadiense Humberto Gatica estuvo a cargo de capturar cada detalle.

La convivencia de tantos egos fuertes en un espacio reducido fue un experimento social tanto como musical. El célebre cartel de “dejen sus egos en la puerta” buscaba desactivar posibles tensiones. Con algunos funcionó mejor que con otros.

Una de las anécdotas más citadas es la de Cyndi Lauper. Sus collares y pendientes, típicos de su estética colorida, chocaban contra los micrófonos y producían ruidos indeseados. El equipo técnico debió pedirle que se quitara parte de la joyería para poder grabar su parte sin interferencias. “Pensé que no les gustaba mi voz”, contaría años después, entre risas.

Otra historia, más cercana a la leyenda, involucra a Stevie Wonder, quien, según recuerdan testigos, propuso improvisar un verso en suajili para darle un matiz africano genuino. Alguien del equipo le habría señalado que en Etiopía no se habla suajili, y la idea quedó como un chiste interno de la sesión.

Quienes estuvieron allí coinciden en señalar a Bruce Springsteen como una de las figuras más concentradas. Venía de una larga gira con la E Street Band y prácticamente se bajó de un avión para ir directo al estudio. Su interpretación rasposa, grabada en plena madrugada, aportó uno de los momentos más emotivos del tema.

Ray Charles, veterano entre tantos astros del pop ochentero, fue otro de los polos de autoridad. Se cuenta que, tras una toma especialmente sentida del tramo final, dijo al control: “Si no van a usar esa, yo me voy a casa”, arrancando risas y relajando un clima cargado de tensión y cansancio.

Estreno, impacto y una recaudación millonaria

“We Are the World” se lanzó como single el 7 de marzo de 1985. En cuestión de días, se convirtió en un fenómeno global. El tema debutó en el primer puesto del Billboard Hot 100 en Estados Unidos y se ubicó en los rankings de prácticamente todos los grandes mercados del mundo.

Según datos de USA for Africa, el proyecto recaudó más de 63 millones de dólares en su primera etapa, procedentes de la venta del sencillo, del álbum “We Are the World”, productos asociados y donaciones directas. Con el tiempo, y sumando intereses y aportes posteriores, las estimaciones superan ampliamente esa cifra inicial.

Los fondos se destinaron a programas de emergencia alimentaria, campañas de vacunación, provisión de agua potable, compra de equipamiento médico y financiamiento de proyectos agrícolas en diversos países africanos afectados por la hambruna y la pobreza extrema. Una parte se redirigió también a organizaciones que luchaban contra el hambre en Estados Unidos.

Más allá de las cifras, el impacto simbólico fue profundo. “We Are the World” instaló una lógica que se replicaría en décadas posteriores: la música como plataforma masiva de concienciación y recaudación, desde Live Aid hasta los grandes conciertos solidarios de los años 2000.

¿Se tocó alguna vez en vivo “We Are the World”?

Una de las particularidades del proyecto es que el supergrupo USA for Africa, tal como apareció en el videoclip, nunca llegó a presentarse en vivo con su elenco completo. Lo más parecido a una actuación “en directo” fue la emisión del video durante el macroconcierto Live Aid, en julio de 1985, con parte del público cantando encima del audio original.

En algunos de los escenarios de Live Aid, especialmente en el tramo final del concierto de Filadelfia, varios artistas participantes se unieron para cantar el tema sobre pista, a modo de cierre simbólico. Lo mismo ocurrió en 1986, durante el evento Hands Across America, cuando “We Are the World” sonó como himno oficioso de la campaña, interpretado por coros y algunos de sus cantantes originales.

Sin embargo, nunca se produjo una recreación íntegra con todos los solistas juntos en un escenario, algo que con el paso del tiempo y las pérdidas de figuras clave (Michael Jackson, Ray Charles, Willie Nelson en retiro, entre otros) se ha vuelto sencillamente imposible.

Del mito a la relectura: legado y reversiones

El peso histórico de “We Are the World” fue tal que cualquier intento de reversionarla siempre estuvo rodeado de polémica. En 2010, con motivo del terremoto de Haití, se lanzó “We Are the World 25 for Haiti”, una nueva grabación con artistas contemporáneos como Justin Bieber, Jennifer Hudson, Wyclef Jean y Celine Dion, entre otros, combinando voces nuevas con pistas de Michael Jackson.

La recepción fue tibia. La comparación con el original resultó inevitable, y muchos críticos señalaron que el contexto cultural y mediático había cambiado: en un mundo de redes sociales y campañas digitales, la idea de un único “himno benéfico global” ya no tenía el mismo peso ni la misma ingenuidad conmovedora de 1985.

No obstante, el legado de aquella noche en los A&M Studios permanece intacto. La combinación de convocatoria artística, impacto mediático y resultados concretos en términos de ayuda humanitaria sigue siendo un referente para cualquier iniciativa solidaria en la industria del entretenimiento.

Entre la épica y la anécdota: la humanidad detrás del himno

Con el paso de los años, lo que ocurrió en aquel estudio se ha ido cubriendo de una pátina de épica. Pero detrás del mito hay detalles muy humanos. Diana Ross, por ejemplo, habría pedido al terminar la sesión que sus colegas le firmaran una hoja con sus nombres, como si fuera una fan más que buscaba un recuerdo de la noche. Muchos, sorprendidos, terminaron pidiéndose autógrafos entre ellos.

También se ha contado que Al Jarreau, agotado y nervioso, se habría apoyado demasiado en las bebidas para calmar los ánimos, al punto de tener dificultades para grabar sus líneas. Más allá de cuánto haya en ello de exageración, varias fuentes coinciden en que la tensión y el cansancio eran palpables en las últimas horas.

Quincy Jones, por su parte, recordó en más de una entrevista el silencio absoluto que se hizo en el control cuando, ya en la recta final, todos escucharon por primera vez la mezcla provisional. Muchos artistas, acostumbrados a encabezar listas de éxitos por separado, se escuchaban a sí mismos como parte de un coro mayor. Ese desplazamiento del “yo” al “nosotros” fue, quizás, el logro más profundo de la noche.

41 años después: una pregunta abierta

A cuarenta y un años de aquella madrugada del 28 de enero de 1985, “We Are the World” suena inevitablemente a otra era: la de la industria discográfica todavía en su apogeo, la televisión como centro del mundo y la ilusión de que una canción podía cambiar conciencias a escala planetaria.

Sin embargo, en tiempos de crisis humanitarias recurrentes, refugiados, desigualdad y desinformación global, la pregunta sigue vigente: ¿sería posible hoy reunir, en una sola sala, a las mayores estrellas de la música para un proyecto similar, dejando los egos en la puerta y poniendo sus voces al servicio de una causa común?

La respuesta no está en los rankings ni en las plataformas, sino en la voluntad de una industria —y de un público— de volver a creer que una melodía y un estribillo, cantados al unísono, pueden todavía hacer una diferencia más allá del espectáculo. “We Are the World” no resolvió el hambre en el mundo, pero demostró que, por una noche, el universo del entretenimiento pudo mirar más allá de sí mismo.

Esa noche, 41 años después, sigue siendo irrepetible. Y, tal vez por eso, sigue siendo necesaria.