“Los últimos días del crimen”, un desperdicio de una buena idea

El director francés Olivier Megaton presenta un insípido thriller de acción que toma una premisa interesante y bastante relevante dado el estado actual del mundo, y la desperdicia como trasfondo para una anémica historia de venganza y crimen.

Édgar Ramírez en "Los últimos días del crimen".
Édgar Ramírez en "Los últimos días del crimen".Netflix

(Disponible en Netflix)

Mientras más cambian las cosas, más se mantienen iguales. Es casi una especie de perverso alivio ver que, en un mundo que ha cambiado radicalmente en los últimos tres meses, algunas cosas se mantienen constantes, como el hecho de que Olivier Megaton, el perpetrador de las dos últimas entregas de la saga Búsqueda implacable, sigue siendo aparentemente incapaz de hacer una buena película.

Los últimos días del crimen parte de una premisa bastante relevante, teniendo en cuenta los acontecimientos recientes en los Estados Unidos: el gobierno está a punto de poner en marcha una medida que planea acabar con el crimen en todo el país, por medio de una señal que será transmitida a todo el territorio estadounidense que interferirá con los cerebros de los ciudadanos y hará que les sea imposible cometer actos ilegales, como una especie de lavado de cerebro al estilo de La naranja mecánica por ondas de radio, aunque policías y agentes federales se mantendrán inmunes a esa señal.

Lastimosamente, el filme nunca se plantea utilizar esa fascinante premisa como más que un simple trasfondo para la historia de Bricke (Édgar Ramírez), un estereotípico tipo duro que es abordado por Kevin Cash (Michael Pitt), el hijo de un poderoso mafioso, y su novia Shelby (Anna Brewster), que le proponen llevar a cabo un robo de más de mil millones de dólares y escapar a Canadá antes de que la señal anti-crimen entre en efecto.

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Anna Brewster como Shelby Dupree.

Con diálogos genéricos y ocasionales narraciones totalmente innecesarias que parecen una mala parodia de cine “noir”, y una edición caótica que viene y va sin ton ni son hacia atrás y adelante en el tiempo, los primeros compases del filme son los más difíciles de sobrellevar, aunque el trío protagónico hace lo que puede por darle algo de vida al material con el que están trabajando, y Pitt es particularmente entretenido como el impredecible y caótico Kevin.

Luego de esos primeros y caóticos minutos en que Megaton establece el mundo y a los protagonistas, sin mucho éxito, la pelícua se establece en un ritmo lento y torpe mientras Bricke y compañía van preparando su golpe y el director intenta desesperadamente que el romance entre Bricke y Shelby, las motivaciones ocultas de esta última y la relación entre Kevin y su padre mafioso generen algo de interés.

Michael Pitt como Kevin Cash.
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De vez en cuando la película pasa a centrarse en Sawyer, un policía de calle interpretado por Sharlto Copley, que acaba siendo un terrible desperdicio de un actor que puede ser excelente o al menos memorable cuando se utiliza bien su energía caótica.

Aquí, sin embargo, está inesperadamente apagado, atrapado en un personaje que al principio parece estar allí para hacer algún tipo de comentario sobre la responsabilidad de los policías y el peligro de brindarles autoridad absoluta sin regulación, pero al final el personaje viene y va sin pena, gloria, o – peor aún – propósito aparente.

Todo está puntuado por la infame dirección de acción de Megaton, notoria hasta el punto de la “memeficación” por su uso desmesurado de las sacudidas de cámara y los cortes ultrarrápidos para brindarle a la acción una sensación de vértigo e intensidad. Y si bien hay cineastas que logran utilizar esa técnica con éxito – como Paul Greengrass en sus películas de Jason Bourne o Michael Bay en Bad Boys II o Escuadrón 6 –, en manos de Megaton, desde El Transportador 3 hasta ahora, siempre se sintió como una muleta para darle a sus películas una intensidad que nunca se gana con buenas coreografías o un buen uso del dinamismo de la cámara, o para disfrazar la falta de destreza marcial de sus actores.

Aunque, para ser justos, esta es probablemente la película en la que Megaton es menos agresivo con sus sacudidas innecesarias de cámara, aunque eso parece deberse menos a una evolución de su técnica y más al hecho de que hay relativamente pocas escenas de acción en las excesivas dos horas y veintitantos minutos que dura el filme.

Los últimos días del crimen tenía potencial, pero acaba siendo una absoluta pérdida de tiempo.

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LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL CRIMEN (The Last Days of American Crime)

Dirigida por Olivier Megaton

Escrita por Karl Gajdusek (basada en un cómic de Rick Remender y Greg Tocchini)

Producida por Jesse Berger, Jason Michael Berman, Barry Levine y Samantha Putter

Edición por Mickael Dumontier

Dirección de fotografía por Daniel Aranyó

Banda sonora compuesta por David Menke y The Limiñanas

Elenco: Édgar Ramírez, Anna Brewster, Michael Pitt, Sharto Copley, Tamer Burjaq, James Richard Marshall, Sean Cameron Michael, Mohammad Tigerar, Terence Maynard

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