“Mortal Kombat”

Escenas de acción en su mayoría mediocres, personajes sin personalidad y una sorprendente mezquindad en lo que se refiere a entretenimiento sangriento hacen de la nueva versión de “Mortal Kombat” un experimento fallido que desperdicia un buen elenco con mucho potencial.

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Warner Bros. Pictures

(Disponible en cines)

La nueva adaptación al cine de Mortal Kombat sufre de un problema terminal, el hecho de que sus realizadores no parecen estar seguros de qué tipo de película quieren que esta sea.

Hay objetivos claros a nivel industria: reiniciar Mortal Kombat en el cine luego de que toda la buena voluntad de la primera adaptación de 1995 fuera tirada por la borda, como el equipaje de Johnny Cage, por la indescriptiblemente mala Mortal Kombat: Aniquilación; preparar terreno para eventuales secuelas... Pero a nivel película, esta nueva versión se mueve sin norte, tratando de balancear cosas contradictorias como ironía y sinceridad, realismo con exageración y un intento de crear drama cautivador con personajes tremendamente aburridos; al mismo tiempo que parece más preocupada por allanar el camino a secuelas que entregar una experiencia satisfactoria por sí sola.

La premisa es la misma que en la película del ’95 y los juegos que la inspiraron: el destino de la Tierra se definirá en un torneo interdimensional de artes marciales, y los representantes de la Tierra liderados por el dios del trueno Raiden (Tadanobu Asano) han perdido los últimos nueve torneos ante las fuerzas del hechicero Shang Tsung (Chin Han), y si Shan Tsung vuelve a ganar, tendrá vía libre para conquistar el planeta.

En eso acaba involucrado Cole (Lewis Tan), un luchador de artes marciales mixtas en horas bajas que, junto con otros elegidos por el destino acaban entrenando bajo Raiden y sus discípulos para salvar el mundo.

Uno podría enumerar la lista de fallas de la película a nivel estructural y hasta conceptual, como el hecho de que la película parece tener demasiado poco contenido de historia para llenar sus casi dos horas de duración, lo que resulta en escenas interminables de tiempo muerto que el filme torpemente trata de llenar con mal drama y pseudo comedia (aunque el matón australiano Kano se luce por momentos); la forma en que la película se dispersa entre demasiados personajes y sus respectivas historias sin profundizar en ninguno lo suficiente; o lo confuso de las reglas del conflicto o la absolutamente incomprensible decisión de hacer una película sobre un torneo de guerreros mágicos... y no incluir el torneo.

Pero a final de cuentas nada de eso hubiera molestado demasiado si la película cumpliera en la acción y en tener personajes entretenidos. Godzilla vs Kong también es una maraña de personajes sin demasiada profundidad, pero cuando los monstruos están peleando la película es intachable.

Mortal Kombat, sin embargo, por lo general carece de inspiración o creatividad en sus escenas de pelea, con secuencias coreografiadas y editadas bien al estilo del Hollywood más mediocre, con tomas ultracortas y confusas para dar la sensación abstracta de intensidad y violencia sin demasiado esfuerzo o talento.

Y eso es particularmente inexplicable porque ese recurso de los cortes rápidos y los movimientos erráticos de cámara se suelen usar para hacer parecer más hábiles y creíbles en las peleas a actores sin mucho entrenamiento o talento marcial – las películas de Búsqueda implacable con Liam Neeson, por ejemplo – pero Mortal Kombat tiene a su disposición a auténticas estrellas del cine de acción y artes marciales como el gran Joe Taslim (como Sub-Zero), que puede hacer cosas como estas, y no les deja exhibir su talento sin diluirlo con mala dirección.

Por mucho que los efectos especiales fueran malos incluso para 1995 y los diálogos y actuaciones fueran muy pobres, la primera película de Mortal Kombat al menos tenía escenas de pelea de calidad, en las que cada golpe conectado daba la impresión de tener impacto y consecuencia; uno casi podía imaginar barras de vida como en los videojuegos, vaciándose con cada puñetazo y patada recibido.

Lo curioso es que el director debutante Simon McQuoid, no parece ser totalmente incapaz de filmar buena acción. Una breve secuencia al principio del filme en la que Scorpion (Hiroyuki Sanada) despacha a un grupo de ninjas enemigos está hecha con tomas amplias, claras y largas que hacen brillar la coreografía mortal aunque sea por unos breves segundos, y la pelea final vuelve a mostrar claridad y gracia en la violencia, junto con un uso bastante creativo de los poderes especiales de los peleadores.

Si tan solo el resto del filme hubiera tenido acción de esa calidad, sus problemas como la insípida historia, la inesperada falta de la violencia caricaturesca que caracteriza a los juegos y el hecho de que el protagonista Cole – un personaje original inventado para la película - es el ser humano más aburrido de este y todos los reinos hubieran importado mucho menos.

Quizá para la secuela Joe Taslim pueda convencer a los productores de que traigan a su director de la excelente La noche nos persigue, Timo Tjahjanto, a que se ponga a cargo y esta nueva encarnación de Mortal Kombat pueda cumplir con todo su potencial.

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MORTAL KOMBAT

Dirigida por Simon McQuoid

Escrita por Greg Russo y Dave Callaham (basada en un videojuego creado por Ed Boon y John Tobias)

Producida por Simon McQuoid, James Wan, Todd Garner y E. Bennett Walsh

Edición por Scott Gray y Dan Lebental

Dirección de fotografía por Germain McMicking

Banda sonora compuesta por Benjamin Wallfisch

Elenco: Lewis Tan, Jessica McNamee, Hiroyuki Sanada, Joe Taslim, Mechad Brooks, Josh Lawson, Tadanobu Asano, Chin Han, Ludi Lin, Max Huang, Sisi Stringer, Nathan Jones, Matilda Kimber, Laura Brent, Damon Herriman, Angus Sampson

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