“Cajeros automáticos” de arroz gratuito para la crisis de COVID-19 en Vietnam

HO CHI MINH. Con sencillos dispensadores automáticos de arroz gratuito, el empresario Hoang Tuan Anh espera contribuir a aliviar las penurias de miles de vietnamitas que sufren la crisis económica provocada por la COVID-19.

Cientos de vietnamitas buscan una ración de arroz el pasado 12 de abril en Hanói.
Cientos de vietnamitas buscan una ración de arroz el pasado 12 de abril en Hanói.LUONG THAI LINH

“Mucha gente ha perdido su trabajo porque han cerrado negocios. Quería ayudar, pero no tengo gran capacidad financiera, así que elegí donar arroz para que todo el mundo pueda comer. Lo hago con estos “cajeros automáticos” que funcionan 24 horas al día para que nadie se exponga a infectarse cuando entrega el arroz”, declara a Efe el creador del proyecto y propietario de PHG Lock, una empresa de cerraduras inteligentes.

Aunque Vietnam es uno de los países que mejor están conteniendo la epidemia de COVID-19, con 267 casos y ningún muerto, las medidas de distanciamiento social impuestas por el Gobierno desde abril y la ralentización económica general han afectado a miles de negocios y han dejado sin ingresos a millones de personas.

Una de ellas es Hoa, una empleada del hogar de 45 años a quien han pedido que no vaya al trabajo durante un mes y medio para evitar riesgo de contagio y que acude por primera vez a uno de los surtidores instalados en Ho Chi Minh (antigua Saigón).

"Esto me ayuda mucho porque no tengo otra fuente de ingresos y tengo dos hijos que mantener", comenta tras recoger el kilo y medio de arroz que le corresponde.

DETECCIÓN DE TRAMPOSOS

La cola, de unas 50 personas, se mantiene ordenada en las posiciones más avanzadas gracias a las marcas del suelo que indican dónde colocarse para respetar la distancia de dos metros, pero se descontrola en la parte de atrás, con apelotonamientos que los empleados de PHG Lock y la Policía contienen a duras penas.

Cuando alcanzan la parte delantera de la fila, los organizadores les piden que se quiten los sombreros y bajen un poco la mascarilla (obligatoria en todo el país) para que el sistema de reconocimiento facial compruebe que si es la primera vez que van en el día.

"No queremos que la gente haga negocio o la use varias veces en un mismo día. Algunos se cambian de ropa y de sombrero para intentar llevarse el arroz varias veces", explica Jolie Nguyen, una de las trabajadoras que trata de evitar irregularidades.

En su mayoría acude gente que se ha visto especialmente afectada por las medidas de distanciamiento social, como Tuoi, un mototaxista que asegura haber reducido sus ingresos en un 70 por ciento y que no espera que la situación mejore en los próximos días.

Cuando llega su turno coge una bolsa de plástico y la coloca debajo de un pequeño tubo adherido a la pared por el que va cayendo el arroz hasta alcanzar el kilo y medio estipulado, con el que espera aguantar cinco o seis días.

AYUDAS GUBERNAMENTALES

La iniciativa de Hoang Tuan Anh se une a las decenas de gestos de solidaridad realizados por particulares vietnamitas y a los subsidios gubernamentales para los más afectados por la crisis.

Además de exenciones temporales de impuestos y facilidades de crédito, el Gobierno ha desplegado un paquete de ayudas de 62 billones de dong (2,43 millones de euros o 2,65 millones de dólares) del que se han beneficiado unos 20 millones de personas, pero muchas se quedan fuera o sobreviven con un salario ínfimo.

Es el caso de Nguyen Quang, un vigilante de seguridad de 55 años que acude en busca de arroz por segunda vez esta semana. "Es una gran idea para ayudar a los pobres, mi trabajo no ha cambiado por el coronavirus, pero solo gano 2,2 millones de dong (86 euros o 94 dólares) al mes", señala.

El impulsor del proyecto estima que en una semana ha repartido 45 toneladas de arroz y ha ayudado a unas 120.000 personas (30.000 familias) con la decena de dispensadores instalados en Ho Chi Minh, Hanói y otras ciudades del país.

“El número total de aparatos que lleguemos a instalar -indica el empresario- dependerá de las donaciones que recibamos. Planeamos fabricar hasta mil dispensadores pequeños que se puedan mover fácilmente en un coche para ir de un sitio a otro. Con 100 dispensadores podemos ayudar a un millón de personas con un coste muy bajo”.

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