¿Qué supone que EE.UU. no considere Hong Kong autónomo de China?

En un nuevo episodio de la tensión entre Estados Unidos y China, el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, comunicó este miércoles al Congreso del país que ya no puede considerarse a Hong Kong autónomo de China, en una medida que puede tener serias implicaciones comerciales y aumentar más la disputa con el gigante asiático.

Policías antidisturbios en el distrito central de Hong Kong.
Policías antidisturbios en el distrito central de Hong Kong.ANTHONY WALLACE

El titular de Exteriores dio este paso en víspera de que la Asamblea Nacional Popular (ANP, Legislativo chino) previsiblemente apruebe este jueves una “ley de seguridad nacional”, circunvalando el Consejo Legislativo hongkonés, que recortaría las libertades en la ciudad semiautónoma.

Pompeó señaló en un comunicado que ha decidido adoptar esta medida, de “certificar” al Congreso que Hong Kong ya no es autónomo, “dados los hechos sobre el terreno”.

Esa certificación se produce en virtud de la ley estadounidense de Derechos Humanos y Democracia de Hong Kong, aprobada el año pasado por el Legislativo y firmada por el presidente Donald Trump, que establece que el Gobierno de Washington debe verificar cada año ante el Congreso el estado de la autonomía de ese territorio respecto a China, a riesgo de perder su estatus especial.

Pompeo justificó su decisión porque, a su juicio, en “Hong Kong no se continúa garantizando el tratamiento (de autónomo) bajo las leyes de EE.UU., de la misma manera que las leyes de EE.UU. se aplicaban a Hong Kong antes de julio de 1997”, cuando estaba bajo mandato británico.

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Y mencionó expresamente el proyecto de ley de seguridad, que se debate en la ANP.

Dicha propuesta prohíbe “cualquier acto de traición, secesión, sedición, subversión contra el Gobierno Popular Central, el robo de secretos de Estado, prohibición de organización de actividades en Hong Kong por parte de organizaciones políticas extranjeras y prohibición del establecimiento de lazos con organizaciones políticas extranjeras por parte de organizaciones políticas de Hong Kong”.

Pompeo advirtió de que ese proyecto es “la última en una serie de acciones que fundamentalmente socavan la autonomía y las libertades de Hong Kong, y las propias promesas de China al pueblo de Hong Kong bajo la Declaración conjunta Sino-Británica, una tratado internacional presentado por la ONU”.

Dicha declaración, de 1984, sirvió para acordar la retrocesión de Hong Kong de manos británicas a chinas en 1997 y estableció el mantenimiento durante 50 años a partir de esa fecha de una serie de libertades en este territorio inimaginables en la China continental, aunque portavoces del Gobierno de Pekín han dicho en numerosas ocasiones que ese documento ya se cumplió en su momento.

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En definitiva, lo que la declaración de Pompeo significa es que ya no es necesario tratar a Hong Kong como una entidad separada de China porque forma parte del gigante asiático, con lo que el estatus especial del que ha disfrutado la ciudad semiautónoma con EE.UU., lo que ha favorecido los lazos comerciales, podría desaparecer.

De acuerdo a cifras proporcionadas por el diario The Washington Post, el comercio entre EE.UU. y Hong Kong superó los 66.000 millones de dólares en 2028. Además, ese territorio ha estado exento de los aranceles impuestos por Washington a Pekín en su guerra comercial.

No obstante, queda por ver si dejar de considerar a Hong Kong como territorio autónomo supondrá el fin de su estatus comercial especial o si acarreará nuevas sanciones a Pekín, si aprueba la ley de seguridad.

Funcionarios estadounidenses conocedores de este asunto, citados por el periódico The New York Times, señalaron que la Casa Blanca evalúa imponer los mismos aranceles que ya impone a la importaciones de China a los bienes que provengan de Hong Kong, algo que podría ocurrir tan pronto como se apruebe la ley de seguridad.

La medida podría ser un gran golpe para la ciudad semiautónoma, que es un importante centro financiero y comercial no solo a nivel regional, sino también global; y podría suponer un castigo severo a China, que usa ese territorio para hacer negocios con otros países.

Sea como fuere, la evaluación del estado de la autonomía de Hong Kong por parte del Departamento de Estado es solo una recomendación sobre la dirección que deben adoptar las políticas de Washington y en ningún caso significa ninguna acción inmediata.

AL FINAL TRUMP PODRÍA DECIDIR UN CASTIGO MAYOR

Policías antidisturbios intentan dispersar bloqueos de manifestantes en el distrito Mong Kok de Hong Kong.
Policías antidisturbios intentan dispersar bloqueos de manifestantes en el distrito Mong Kok de Hong Kong.

Para acabar totalmente con “la relación especial” que EE.UU. mantiene con Hong Kong se necesitaría una orden ejecutiva de Trump, indicaron las fuentes consultadas por The New York Times, que subrayaron que lo más probable es que se elijan ámbitos específicos a la hora de romper la cooperación con Hong Kong, como puede ser el comercio.

Antes de la retrocesión de Hong Kong en 1997 del Reino Unido a China, EE.UU. aprobó una ley que estipulaba que el Gobierno estadounidense seguiría tratando ese territorio bajo las mismas condiciones aplicadas cuando era colonia británica.

Sin embargo, en noviembre pasado y al calor de las ola de protestas prodemocracia y la represión policial en la urbe, Trump suscribió una ley apoyada por el Partido Demócrata y el Republicano que establecía que el Departamento de Estado debía comunicar anualmente al Congreso si EE.UU. debía continuar su relación especial con Hong Kong.

Este es un nuevo capítulo en la complicada relación entre Washington y Pekín, donde la tensión ha aumentado en los últimos meses por la pandemia de coronavirus, de la que el Gobierno de Trump culpa a China por no haber sido transparente y haber contribuido a la propagación del virus en el resto del mundo.

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