Bolivia elige presidente mañana, a un año de la salida de Evo Morales

Las elecciones generales de mañana en Bolivia deberán dar lugar a un nuevo Gobierno salido de las urnas, que afronte retos como la crisis económica producto de la pandemia del covid-19 o la gobernabilidad, en difícil situación por la radical postura de los partidarios del expresidente Evo Morales.

En la foto de arriba Luis Arce, candidato de Evo Morales; debajo, Carlos Mesa.
En la foto de arriba Luis Arce, candidato de Evo Morales; debajo, Carlos Mesa.Archivo, ABC Color

LA PAZ (EFE, AFP). Cinco postulantes concurren a los comicios, a los que se presentó inicialmente la presidenta interina, Jeanine Áñez, aunque luego renunció a su candidatura ante el riesgo de dividir el voto contra el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales.

La decisión de quién gobernará Bolivia durante el próximo quinquenio está en manos de 7.332.925 bolivianos habilitados para votar.

Los favoritos según las encuestas son Luis Arce, exministro de Economía de Morales, el expresidente Carlos Mesa y el exlíder cívico Luis Fernando Camacho.

El partido de Morales busca retomar el poder que ostentó durante casi catorce años y que perdió en noviembre pasado.

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En esa oportunidad, Evo Morales renunció tras un par de semanas de tensión, tras confirmarse el fraude electoral con el que intentaba mantenerse en el poder, y tras perder el apoyo de la poderosa Centrar Obrera Boliviana (COB), que decidió no acompañarlo más cuando el fraude fue revelado.

Fragmentados en seis candidaturas, quienes se oponían a aquel gobierno quieren evitar que el MAS vuelva a gobernar por los excesos cometidos por Morales, incluida su amañada habilitación para buscar la reelección, pese a que la Constitución que él mismo promulgó permite solo dos periodos continuos.

Gobierno electo

Los comicios bolivianos están pendientes desde la anulación de los celebrados en octubre de 2019, en los que Evo Morales pretendió alzarse con un cuarto mandato consecutivo, cuando la comisión observadora de la OEA confirmó su fraude electoral.

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Irregularidades manifiestas, como el repentino cambio de la tendencia en el recuento de votos, que pasó de mostrar que habría una segunda vuelta, a dar el supuesto triunfo a Morales, en primera ronda, comenzaron a indicar los intentos por tergiversar la voluntad popular.

Tras esto, la COB retiró su apoyo a Morales, además de que las fuerzas de seguridad le indicaron que no apoyarían su intención de forzar su cuarto mandato.

La salida de Morales dejó un vacío de poder, pues con él también dimitieron quienes podían sucederle constitucionalmente, hasta que luego de dos días, la entonces senadora Áñez activó un mecanismo sucesorio y asumió la Presidencia interina con el aval del Tribunal Constitucional.

La perspectiva era celebrar los comicios el 3 de mayo, pero sobrevino la pandemia del covid-19 y la fecha se movió, primero al 6 de septiembre, y luego al 18 de octubre.

Crisis

Una de las principales misiones del futuro presidente será afrontar el golpe de la pandemia contra la economía boliviana, que registró una caída del 7,9 por ciento de enero a julio y se prevé que cierre el año con un descenso de 6,2 por ciento.

El déficit superó los 2.800 millones de dólares en el primer semestre, una cifra que estaba prevista para todo el año, y el desempleo subió al 11,8 por ciento.

Legislativas

En los comicios también está en juego la renovación del Parlamento nacional para los próximos cinco años, la clave para garantizar gobernabilidad al ganador.

Mesa probó de primera mano lo difícil que es gobernar sin apoyo en el Legislativo, cuando fue presidente de 2003 a su renuncia en 2005.

Posteriormente, Evo Morales tuvo la mayoría en ambas Cámaras, lo que le permitió aprobar las leyes que quiso.

Asimismo, ocupó con sus partidarios el Poder Judicial, que le apañaron su cuarta postulación, amañando la interpretación constitucional.

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