En un comunicado, el secretario general de la Liga Árabe, Ahmed Abulgueit, tachó lo sucedido de “intento vergonzoso de asesinato” e instó a las autoridades iraquíes a “tratar de forma determinante” el asunto de las armas fuera del control del Estado, así como “los grupos ilegales”, en referencia a las milicias.
Asimismo, expresó su confianza en "la capacidad del aparato de seguridad iraquí para proteger las instituciones del Estado y repeler cualquier intento que tenga como objetivo desestabilizar el país".
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En esta misma línea, el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que agrupa a los principales países del golfo Pérsico, condenó el “intento de asesinato pecaminoso” y rechazó rotundamente “estas agresiones criminales”, que también representan una amenaza “para los países del CCG”, de acuerdo con otro comunicado.
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Por su parte, varios países de la península Arábiga, como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Catar, tacharon el intento de asesinato de Al Kazemi de "acto terrorista" y mostraron su apoyo a las autoridades de Irak, según comunicados de los ministerios de Exteriores de estos países.
El Ministerio de Exteriores de Kuwait, además, dijo que este ataque también tuvo como objetivo "la unidad y los logros alcanzados en todos los niveles de Irak", y mostró su apoyo a "todas las medidas" que tomen las autoridades iraquíes para "preservar su seguridad, estabilidad y soberanía".
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En otro comunicado, difundido por su página de Facebook, el presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi, urgió “a todas las partes y fuerzas políticas de Irak a mantener la calma y a rechazar la violencia” para “preservar la estabilidad del Estado”.
El ataque contra Al Kazemi se produce en un momento de tensión en Irak tras los choques violentos entre manifestantes y policías durante una manifestación el pasado viernes en Bagdad, frente a la propia Zona Verde, contra los resultados de las elecciones legislativas del pasado 10 de octubre.
Los enfrentamientos dejaron dos personas muertas y más de un centenar heridas, muchas de ellas policías, lo que provocó una airada condena de los líderes de las milicias proiraníes de Irak, que en los pasados comicios perdieron casi dos tercios de sus escaños y rechazan los resultados.
