En una ceremonia religiosa en la que se podían ver muchas bandera corsas, los restos de Colonna, considerado un símbolo del independentismo corso, fueron acogidos este viernes en la pequeña iglesia Latina de Cargèse antes de su inhumación.
Colonna, de 61 años y padre de dos hijos, falleció el 21 de marzo en un hospital de Marsella (sur) al que había sido ingresado entre la vida y la muerte fruto de un estrangulamiento por parte de otro recluso en la prisión de Arlès (sur), al que la Fiscalía ha pedido investigar por asesinato "con motivaciones terroristas".
El activista corso cumplía allí una condena a cadena perpetua por el asesinato en 1998 del máximo representante del Estado francés en Córcega, el prefecto Claude Érignac.
Poco después de la muerte de Colonna, el Ejecutivo local, dirigido por nacionalistas moderados, puso las tres banderas oficiales (la corsa, la francesa y la europea) a media asta, un gesto que reprobó el presidente francés, Emmanuel Macron, al considerarlo una afrenta a la familia de Érignac y al Estado francés.
Desde que se conoció la brutal agresión el 2 de marzo, se desencadenó una oleada de protestas en Córcega por parte de los movimientos nacionalistas e independentistas, quienes achacaron al Estado francés no proteger a Colonna de ese ataque.
Los disturbios generaron destrozos materiales y decenas de heridos tanto entre los participantes como entre las fuerzas del orden.
Tras dos semanas de altercados, el ministro del Interior de Francia, Gérald Darmanin, se desplazó a la isla para amainar la tormenta.
Darmanin escuchó las demandas de las autoridades nacionalistas en favor de más autonomía o las relacionadas con el acercamiento de presos corsos condenados por terrorismo y se fijó un calendario para encontrar soluciones.
