Tras recorrer la Alameda de oriente a occidente, la principal arteria vial de la capital chilena, un grupo de manifestantes protagonizó enfrentamientos con fuerzas policiales, las cuales disuadieron a la multitud haciendo uso del carro lanza agua.
En las cercanías de un establecimiento educacional del centro, los hechos violentos terminaron en la quema de un bus del transporte público capitalino, el tercero que es siniestrado esta semana en el contexto de las movilizaciones estudiantiles.
A la fecha, diversas organizaciones de alumnos de secundaria completan varias semanas de agitación, tomas y movilizaciones más pequeñas en las que se cruzan diversas demandas, entre ellas el impulso de protocolos contra el acoso sexual dentro de los establecimientos educativos.
Se trata de las primeras marchas estudiantiles de la administración del progresista Gabriel Boric, un exlíder estudiantil que asumió la Presidencia hace 50 días y cuya reivindicación insigne siempre ha sido mejorar el sistema educativo.
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En la historia reciente de Chile, las grandes movilizaciones han estado precedidas de protestas estudiantiles, como las potentes marchas por una mejor educación pública de 2011 o 2006 —conocida como la Revolución Pingüina—. O, incluso, la crisis social de 2019, que dejó una treintena de muertos y miles de heridos.
Esa ola de masivas protestas, que detonó el actual proceso constituyente, comenzó precisamente como una protesta de estudiantes de secundaria que llamaron a saltarse el torniquete del metro tras una subida en el precio del billete.
