La alerta ámbar -la segunda más grave en un sistema de cuatro- afecta a varios condados del centro, este y sur inglés, mientras que el norte del país se encuentra bajo una alerta amarilla, la tercera después de la roja y la ámbar.
Las advertencias, que estarán en vigor hasta las 9 hora local (8 GMT) del lunes, tienen como objetivo anticipar el posible impacto en la salud del calor, de modo que los servicios de emergencia y la población estén preparados, especialmente para atender a personas mayores o con enfermedades crónicas y bebés.
Al mismo tiempo, se ha impuesto por primera vez este año una prohibición del uso de mangueras en el condado norteño de Yorkshire y partes de North Lincolnshire y Derbyshire, lo que afecta a unos cinco millones de personas.
La medida, que impide regar jardines, lavar coches o llenar piscinas portátiles, responde a la escasez de reservas de agua, como consecuencia de haberse experimentado la primavera más cálida y seca desde que hay registros en la región.
Según la compañía Yorkshire Water, los embalses se encuentran al 50 % de su capacidad, cuando lo habitual para esta época del año es en torno al 80 %.
Se han decretado restricciones de agua también en los condados sureños de Kent y Sussex, donde se esperan algunas de las temperaturas más altas.
Esta es la tercera ola de calor que afecta al Reino Unido este 2025, en un contexto de creciente sequía y niveles de temperatura récord.
Así, el pasado 1 de julio se alcanzó la máxima más alta del año hasta ahora con 35,8 °C en Faversham, en el sureste de Inglaterra, y junio fue el mes más cálido jamás registrado en esta región desde que empezaron los cómputos en 1884, según la Met Office.
